diumenge, 10 de juliol de 2016

EL CAMINO DEL HÉROE: LOS DOCE TRABAJOS DE HERACLES/2

Viene de la entrada anterior


Las aves del Lago Estinfalo.(Trabajo nº 8  en Sagitario)





Como sexto trabajo, Euristeo le dijo a Heracles que expulsara ciertas aves caníbales con plumas de bronce del lago Estínfalo, lago de Arcadia, rodeado de espesa selva, en las que se refugiaban, huyendo de los lobos, innumerables aves. Estos animales parecían grullas, pero tenían picos capaces de hacer pedazos una coraza de hierro. Heracles no podía nadar en los pantanos, porque el agua estaba turbia, y tampoco podía cruzarlos caminando, porque el barro no aguantaría su peso. Cuando disparó a los pájaros, las flechas rebotaron en sus plumas. La diosa Atenea se le apareció entonces y le dio un unos címbalos de bronce que a su vez había ella recibido de Hefesto. —¡Agítalos! —le ordenó. Heracles lo hizo y las aves levantaron el vuelo, aterrorizadas. Disparó, mató a docenas de ellas, ya que en la parte inferior de sus cuerpos no tenían plumas de bronce, y las obligó a huir en dirección al mar Negro. Ninguna volvió jamás.


Significado





En Sagitario, es el arquero sobre el caballo blanco (mitad humano y mitad divino), representado también como el centauro (mitad humano y mitad animal) con el arco y las flechas. Es un signo doble y siempre que hay un signo doble existe algún problema. Géminis es lo opuesto de Sagitario; Géminis es la dualidad, y Sagitario es la unidad, la personalidad unificada y consciente del espíritu, decidida a entrar en el signo de Capricornio, donde se hace la gran transición del cuarto al quinto reino o reino espiritual. A Sagitario se le denomina “el efecto de Escorpio” porque, en cuanto nos liberamos de la ilusión y nos concienciamos de que somos un espíritu, entramos en Sagitario y vislumbramos la meta que, hasta entonces, la nube de formas de pensamiento que se interponía entre ella y nosotros nos impedía ver. Y ello porque hablamos del amor espiritual, de la devoción, del espíritu, de lo que hay que hacer, de cómo hay que vivir, nos aprendemos de memoria las Enseñanza, etc. y, sin darnos cuenta, vamos formando a nuestro alrededor tal nube de pensamientos relativos a nuestras aspiraciones, que no vemos nada más. Pero lo procedente y necesario es dejar de pensar en lo que hemos de hacer y… ¡¡¡hacerlo!!!





Sagitario es la preparación para Capricornio. Y se le llama también el signo del silencio porque, antiguamente, los neófitos debían guardar silencio hasta que dominasen completamente la palabra y el pensamiento, única manera de entrar en el quinto reino, el espiritual, o sea, de escalar la montaña de Capricornio. Ésa es, pues, la lección de Sagitario: control de la palabra mediante el control del pensamiento. Y, cuando se ha dejado de murmurar o de hablar negativamente, hay que aprender también a no hablar de las cosas espirituales cuando no proceda, a “no echar las perlas a los cerdos”. Es decir, a no empeñarse en convertir a quien no está preparado ni interesado en el tema. El control del pensamiento y del lenguaje nos llevará automáticamente a la inofensividad que, a su vez, nos conducirá a la liberación, a no tener que renacer más veces. Porque, lo que nos hace tener que renacer no es ninguna fuerza maligna, sino nuestros propios actos o, mejor dicho, el tener que equilibrar las consecuencias de nuestros actos. Si dejamos de crear relaciones erróneas con la gente, con lo que decimos o pensamos acerca de ella, hacemos imposible la actuación del karma.






Se dice que hay dos puertas cósmicas, Cáncer, la puerta de la encarnación, y Capricornio, la puerta del reino espiritual. Pero, antes de Capricornio hay una puerta más pequeña al pie de la colina y por la que hemos de pasar para escalar la montaña, que es la puerta de Sagitario. Pasando a través de esa pequeña puerta demostramos nuestra aptitud para usar con justicia las flechas del pensamiento. Y ésa es la gran prueba.
También se denomina a Sagitario la etapa de la crisálida. ¿Por qué? Porque, lo mismo que la oruga, cuya única actividad consiste en comer y, tras un período de silencio, quietud y misterio en la crisálida, donde todo desaparece y se mezcla y se recombina, sale convertida en una hermosa mariposa que surca los cielos libre y alegre, el aspirante, sale de Sagitario convertido en algo nuevo, espiritual y libre. Porque, en la vida del aspirante de hoy en día, que en Escorpio se desprendió de todo lo relativo a la materia, no hay nada por lo que valga la pena vivir ni suficientemente interesante para seguir luchando Y ése es el signo del aspirante honesto. 







El verdadero sagitariano es una persona muy potente porque ése es el período que precede inmediatamente al nacimiento del dios interno. Sagitario es el espíritu de la verdad. Pero también del sectarismo. Es frecuente eso de “he tenido una revelación”, “Dios me ha escogido” y, por tanto, impongo a los demás mi visión de la verdad. Pero esa verdad es sólo un trozo de la Verdad. Y hemos de ser capaces de reconocer que hay otras ideas y otras opiniones y otras porciones de la verdad y, mientras no seamos capaces de compartir la verdad de los demás, nos será imposible poseerla. Por eso Sagitario es el primero de los cuatro grandes signos universales. Porque en él vemos la verdad en su conjunto y aprendemos a disparar debidamente las flechas de nuestro arco mental.
Se dice que en Escorpio conocemos el pecado, mientras que en Sagitario conocemos lo que es justo. Se dice también que los tres dones del zodíaco son: el don del ser, que se nos da en Aries y nos permite ser conscientes de la existencia; el don de la oportunidad, que conquistamos en Leo y nos permite dedicar nuestra vida a abrir la puerta de la verdad a otros; y el don del poder, que adquirimos en Sagitario y que nace de la comprensión de los demás, del amor universal y del recto juicio.





Recordemos que, entre todos los pájaros de Estinfalos sobresalían tres, enormes, y de fuerza devastadora. Si comprendemos que el pantano simboliza la mente dirigida por el cuerpo de deseos, pronto identificaremos a esos tres pájaros enormes devoradores de hombres. Porque los aspirantes, dado que nuestras principales actividades son los pensamientos y las palabras, poseemos un gran poder de influencia y podemos causar verdaderos estragos mediante esos tres grandes pájaros que son: la murmuración, la conversación egoísta y la pretensión de “convertir” a los que no lo desean.



La Hydra de Lerna. (Trabajo nº9 en Escorpión)








La segunda tarea de Hércules - bastante conocida también- consiste en dar muerte a la Hidra en Lerna. Para lo cuál Hércules monta en un carro conducido por su fiel sobrino Iolao, y llega a las inmediaciones de Lerna, y precisamente junto a la fuente Amimone, donde se encontraba el escondrijo de la Hidra. Hércules obliga a salir a la Hidra de su escondite arrojándole flechas encendidas, y con la maza le corta las cabezas, pero sin lograr ventaja alguna, pues brotaban dos por cada una que cortaba. Luego, la situación se complica para Hércules, pues la Hidra se enrosca además en una de sus cabezas, y por otra parte surge un cangrejo –en otras versiones un escorpión que lo muerde en el tobillo y muere aplastado de un pisotón de Hércules- gigantesco, enviado por Hera, que lo ataca también, forzando a Hércules a llamar a Iolao. Luego de dar muerte al cangrejo, Iolao enciende parte del bosque inmediato, y con los tizones quema los cuellos de la Hidra impidiendo así que proliferen las cabezas. 
Hércules entonces le corta por fin la cabeza inmortal, la entierra colocando encima una pesada roca, abre en canal el cuerpo de la Hidra y sumerge sus flechas en la bilis de ésta, haciéndolas empaparse e impregnarse bien del veneno del monstruo.
En el futuro, las flechas envenenadas de Hércules causarán gran daño, pues gracias al veneno de la Hidra, producirán heridas mortales a los mortales e incurables para los inmortales, siendo causa del paso de dios a mortal del Centauro Quirón y de la muerte de la mayoría de los Centauros, y en especial de la del Centauro Neso, que traerá como consecuencia, algún tiempo después, la muerte del propio Hércules por el veneno de una de sus propias flechas; posteriormente, estas flechas serán utilizadas en el sitio de Troya, imprescindible para la conquista de la ciudad, y en particular la muerte de Paris por una de ellas, disparada por Filoctetes. Sin embargo, Euristeo, no cuenta esta tarea de Hércules alegando que fue ayudado por Iolao.


Significado






Está magníficamente descrita aquí la vida del discípulo, que ha de sumergirse hasta las rodillas en la humanidad y ha de levantar hacia la luz y el aire del espíritu al monstruo de los males acumulados, como errores y fracasos durante su largo pasado. Las flechas luminosas que lanzó Hércules a la cueva de la Hidra para llamar su atención significan la aspiración espiritual, que despierta al monstruo dormido y hace que, todo buscador, apenas inicia el Sendero, sea víctima de tentaciones desconocidas y de problemas y desgracias inesperados.
Porque, en este signo hay que compensar todos los pares de opuestos, ya que puede ser un signo avanzado del discípulo integrado y consciente, o signo retrasado del hombre no evolucionado, como se supone casi siempre. Todo dependerá de en qué sentido esté el hombre transitando por el zodíaco.
La Hidra de cada uno de nosotros vive en las cavernas de la mente. Crece en el fango y la oscuridad de los rincones mentales sin luz... 






Simboliza la fuerza serpentina, que actúa en el cuerpo del hombre (Kundalini), bajo el dominio de Escorpio y que, si se la controla, lo conduce hasta la Iniciación, pero si no, lo lleva a los grados más ínfimos de la animalidad.
Por eso este signo tiene dos notas clave: la regeneración y la degeneración.
Esta Hidra terrible, alojada en los repliegues del subconsciente, suele dormitar allí por largo tiempo pero, de repente, puede explotar en un furor terrible, inesperado y desconocido. Nadie imagina que está alimentando en su subconsciente un monstruo tal, pero allí está. Y surge, una vez y otra, trastocándolo todo y produciendo mucho daño. Por eso es conveniente lanzarle, como Hércules, esas flechas de luz, para poder descubrirla y, una vez conocida su existencia, combatirla frente a frente a la luz del espíritu. Combatir algo así que está en nuestro interior es muy difícil incluso para un hijo de Dios. Porque, eliminada una cabeza, le crecen dos tan malignas o más. Y, eliminado un pensamiento o un deseo negativos, siempre nacen otros que los reemplazan.





El aspirante ha de hacer tres cosas para vencer:
- Percatarse de su existencia, lo cual requiere humildad, para saber reconocer las propias imperfecciones de un modo objetivo.
- Localizarla, que requiere discernimiento y búsqueda de una técnica apropiada.
- Sacarla a la luz y destruirla, lo cual requiere valor.
Nos está diciendo claramente que, descubiertos nuestros bajos deseos e impulsos egoístas que supuran en nuestra naturaleza subconsciente, hemos de elevarlos de nivel y estudiarlos a la luz de la sabiduría, es decir, con la ayuda de la intuición, con la tutoría del Yo Superior. Es el sistema para resolver la mayor parte de nuestros problemas: estudiarlos desde un nivel más alto donde, vistos desde otra perspectiva, dejan de ser problemas y se vislumbra su solución, que parecía imposible.
El psicoanálisis y las ciencias modernas del alma han aprendido a sacar a la superficie ese monstruo, que todos nos asombramos de tener dentro, que es capaz de las mayores monstruosidades y que ha ido creciendo, reprimido, a lo largo de incontables vidas, pero que, en momentos determinados, como las guerras o las luchas sociales o políticas o familiares, sale a flote produciendo estragos. La ciencia, pues, lo saca a la superficie, pero es incapaz de aportar soluciones para dominarlo o reconducir sus energías.
La cabeza cercenada y enterrada bajo una roca significa que toda la energía generada por el problema queda, una vez resuelto éste, perfectamente utilizable para fines positivos, a disposición de la roca de la voluntad. Vale, pues, la pena, descubrir esa joya en nuestro yo inferior, pues es una fuente de poder.



Cada una de las nueve cabezas de la Hidra representa uno de los problemas que suelen acosar a quien pretende el dominio de sí mismo. Estos nueve problemas, o cabezas o facetas de las tendencias negativas ocultas, que han producido indecibles estragos entre los hijos de los hombres desde el principio de los tiempos, y que el Hércules que hay dentro de cada uno de nosotros ha de redirigir y transmutar en sus equivalentes positivas, son las siguientes:
A).- Tres apetitos que son:
a).- El sexo Los problemas que surgen del abuso de la energía creadora, conocida como sexo, atraen nuestra atención por todas partes. Pero, si nos dominan, llegamos hasta la animalidad. Y, si los dominamos y alquimizamos la energía sexual, podemos convertirnos en superhombres. La ciencia sabe que la energía de la materia contenida en los alimentos la convierte nuestro organismo en movimiento, y sabe convertir el calor en movimiento y éste en electricidad. Pero aún no ha llegado a transmutar la energía de las emociones y los deseos ni la energía sexual o la del pensamiento o la de la palabra, en algo positivo, cosa que el ocultismo sabe hacer y nos lo enseña en este maravilloso trabajo de nuestro héroe Hércules. b).- La comodidad El amor a la comodidad, al lujo y a las posesiones exteriores, prevalece todavía con fuerza en la raza humana. El hombre de hoy, prisionero de la comodidad, se sume en la apatía, olvidando las luchas y pruebas que templan la afilada hoja del esfuerzo espiritual. La voluntad de buscar, la tendencia impulsora de resolver el misterio de la vida, es ajena a la inclinación narcisista de hacer del confort un motivo central de la vida.
c).- El dinero La búsqueda del dinero como un fin en lugar de un medio, reduce la vida de incontables hombres y mujeres. La acumulación de dinero es una pasión dominante que yace en todas las actividades de los pueblos. Se hace caso omiso de los valores éticos y morales, en el loco esfuerzo por reunir el poder que confiere el oro. El impulso de acumular riqueza es insaciable. No importa cuánta tenga una persona, ávidamente aún desea más. El individuo que sufre de esta aflicción, desea muy a menudo recibir todo y no dar nada. Se mira a sí mismo como protagonista único de la vida del planeta y no reconoce tener la responsabilidad de compartir con otros los beneficios que ha recibido.





Pero, como el que da todo lo que tiene, se encuentra a sí mismo más rico de lo que era antes, ese impulso de adquirir bienes materiales puede ser transmutado en el deseo de acumular conocimiento y de adquirir las joyas del espíritu. La tarea de destruir estas tres primeras cabezas (sexo, comodidad y dinero) continúa desafiando los poderes de la humanidad, miles de años después de que Hércules realizara su extraordinaria proeza.
B).- Tres pasiones, a saber:
a).- El miedo Los fantasmas del miedo atormentan a los hijos de los hombres. Son simples formas mentales ilusorias que los confunden y los amedrentan, actuando como grilletes en sus pies y como una piedra de molino alrededor de su cuello. Existen varias clases de miedo: al ridículo, al fracaso, a lo desconocido, a la vejez, al peligro y a la muerte. Pero todos esos miedos pueden ser vencidos elevando la conciencia a un punto más alto de integración. Cuando la vida de una persona se centra en un propósito superior al miedo (como el servicio altruista o la salvación de un hijo) o cuando actúa conscientemente en el momento presente, el miedo desaparece.
b).- El odio El odio tiene sus raíces en la negación. Es lo opuesto al deseo de unión y, por tanto, al amor. Por eso, cuando se supera, se transforma en amor.
c).- El ansia de poder El poder, cuando no está relacionado con el amor, es una fuerza corruptora. Muchas tragedias en las relaciones humanas, resultan del incontrolado deseo de dominar la verdad de los otros, de dictar y regular sus conductas. El que substituye los principios éticos por consideraciones de poder, engendra perpetua lucha. Los altos ideales que han servido como faros, a través de los siglos, la hermandad, la cooperación, el idealismo, dejan de brillar apenas mientras el poder es el factor determinante en la sociedad. Cuando el ansia de poder se transmuta debidamente, se convierte en el ansia de realizar y, luego, en ansia de sacrificarse por los demás. Y entonces el poder sirve al amor y el amor glorifica al poder.







C).- Tres vicios de la mente no iluminada, a saber:
a).- El orgullo Los muros construidos por el orgullo encarcelan al hombre más que los barrotes de una prisión. Sujeto por las cadenas de pensamientos ególatras, mira con condescendecia a los demás. Y, de ese modo, debilita continuamente el vínculo que unifica a todos los hombres en indisoluble hermandad y se aleja progresivamente del círculo de las simpatías humanas.
b).- El separatismo La mente analítica divide y subdivide, apreciando la parte por encima del todo. Coloca mayor énfasis sobre la diversidad que sobre la indiscutible unidad. Tal pensamiento fragmentado se opone al impulso natural hacia la síntesis. La actitud separatista se fija más en las diferencias entre los hombres que en sus similitudes, y así:
- Concibe la religión como una serie de unidades antagónicas en vez de como simples expresiones del impulso espiritual único.
- Considera la oposición de las clases sociales como más importante que la sencilla humanidad que hace hermanos a los hombres.
- Ve la tierra como una serie de naciones diferentes en vez de cómo un mundo único.
Las consecuencias lógicas son: el patriotismo, el nacionalismo, el fanatismo, el integrismo, el racismo y una serie casi interminable de “ismos”, causa de una gran parte de las calamidades por las que la humanidad ha pasado y sigue pasando.
c).- La crueldad La crueldad es un testimonio de la existencia de tendencias perversas que corroen la mente. Es la satisfacción que experimentan los hombres en herir a los otros. La vida moderna ofrece muchos ejemplos de brutalidad y desenfrenada crueldad. En dos pruebas, como hemos visto, Hércules "mató" cuando debería haber amado. Pero en Escorpio realizó esa transformación, extirpando de su propia naturaleza una tendencia que lo habría perjudicado en toda empresa futura.






Y eso lo logró cuando:
- Dio entrada a la luz dentro del oscuro retiro de su subconsciente.
- Luchó con las fuerzas monstruosas que se revolcaban en el fango subliminal. Y
- Venció a los enemigos de su propia casa.
Hércules estaba, pues, listo para aventurarse en el próximo trabajo. A diferencia de Hércules, nosotros no hemos triunfado sobre la Hidra. La mayoría de nosotros está ocupada con los métodos fútiles empleados primero por él en esta prueba. Individualmente, estamos tan interesados en nuestra propia evolución que olvidamos cualquier panorama más amplio, cuando deberíamos perder de vista la personalidad y empezar a funcionar como espíritus.
Hay una ley natural que establece que todo tiene su ritmo y su momento y su cantidad. Y esa ley es la que, a veces, nos impide dar un salto hacia arriba. Aparentemente, es un problema. Pero lo sería mayor si pudiésemos, de un salto, instantáneamente, situarnos más altos de lo que nuestro estatus actual pudiera soportar. Hemos de ir avanzando paso a paso, y creciendo al ritmo apropiado. Si pudiéramos limpiar en un momento todo nuestro subconsciente y percibir, de una vez, toda la luz y la energía y la omnisciencia y omnipotencia de nuestro propio Yo Superior, ello resultaría devastador para nuestros vehículos.
¿Hemos, entonces, de permanecer inactivos? No. Hemos de luchar con nuestra propia Hidra interior mediante los trabajos regulares y sistemáticos contenidos en la retrospección y la concentración y la meditación y la oración diarias. Y así, casi sin darnos cuenta, venceremos a la Hidra.
La prueba real de Escorpio sólo llega cuando uno funciona como una unidad, cuando sus espíritus y sus vehículos estás armonizados y coordinados. Entonces, uno entra en Escorpio y es objeto de mil agresiones y trastornos; los deseos, que uno creía dominados, se desbocan; el equilibrio que uno creía definitivo, se pierde; y la mente, que uno creía que controlaba la personalidad, parece que no funciona.





El aspirante ha de hacer tres cosas en Escorpio: Primera: demostrarse a sí mismo, que la materia ya no lo domina. Segunda: demostrarse a sí mismo que la materia es sólo un canal a través del que él se pone en contacto con la manifestación divina. Tercera: comprender que la Personalidad (vehículos físico, etérico, de deseos y mental) son necesarios para evolucionar y para manifestar el propio espíritu en la tierra y para entrar en contacto con los demás espíritus manifestados del mismo modo aquí. Y que, por tanto, ha de cuidar y proteger esos vehículos y mantenerlos en el mejor estado posible de funcionamiento. La gran ilusión es la utilización de la personalidad para fines egoístas.
Se dice de Escorpio que es el signo de la magia. Existe una magia blanca, que es la expresión del espíritu por medio de la forma, y una magia negra, que es el uso de la forma para ganar lo que queremos para la forma. La magia blanca es el uso del espíritu con propósitos de elevación humana, utilizando la personalidad. La magia negra es puro egoísmo. ¿Y por qué es Escorpio el signo de la magia? Porque en Virgo descubrimos, dentro de nosotros mismos a un espíritu divino  que hemos ido nutriendo a lo largo de los tiempos; en Libra, oscilamos entre los pares de opuestos, la forma y el espíritu, hasta que logramos el equilibrio; y en Escorpio se nos prueba para ver cuál de los dos triunfará, la forma o la divinidad, el Yo Superior o el yo inferior, lo real o lo irreal, lo verdadero o la ilusión. Ésta es la historia real de la prueba de la Hidra en Escorpio.



Capturar al Can Cerbero. (Trabajo nº 10 en Capricornio)








Un poco menos conocida que la lucha contra el león, ésta es otra de las grandez hazañas del Héroe. El último y peor de los trabajos fue capturar al can Cerbero, el perro de tres cabezas, una cola de dragón y múltiples cabezas de serpiente en el lomo y arrastrarlo a la superficie desde el Tártaro (el infierno). Al recibir esta orden, Heracles fue a Eleusis donde es purificado de la matanza de los Centauros por Eumolpo, y admitido después a los misterios. Allí se celebraban los misterios de Deméter. Limpio de todo pecado, Heracles, marcha luego al extremo meridional del Peloponeso y por una abertura del Tenaro desciende al Infierno. Al verle huyen las almas de los muertos a excepción de las de Meleagro y Medusa. A ésta le acomete Hércules con la espada, como si estuviera viva, hasta que Hermes le hace saber que es una mera imagen o sombra. Por su parte Meleagro celebra con él una conversación en la que le exhorta a casarse, a su regreso al mundo de los vivos, con su hermana Deyanira, cosa que en efecto hará Hércules por lo cual morirá después.
Tras esto, bajó con valentía hasta el Tártaro, pero Carente no quiso transportar a un mortal hasta la otra orilla de la laguna Estigia. —Destruiré tu barca —le amenazó Heracles— y te cubriré de flechas como un erizo está cubierto de púas. Caronte tembló de terror y lo llevó al otro lado. Más tarde, Hades castigó a Caronte por su cobardía. 






Heracles vio a Teseo y Pirítoo pegados al banco de Hades, mientras las furias los azotaban. Hércules libera a Teseo, pero al intentar hacer lo mismo con Pirítoo se produce un temblor de tierra y Hércules renuncia a su propósito, por lo que Pirítoo permanece para siempre en el Hades, mientras que Teseo volverá al mundo de arriba con Hércules. Queriendo este proporcionar sangre a las almas del infierno, mata una de las vacas de Hades; el pastor que las guardaba, llamado Menetes, desafía a luchar a Hércules, quien le rompe las costillas, pero le perdona la vida a petición de Perséfone. Perséfone salió corriendo del palacio y cogió a Heracles de las manos: —¿Puedo ayudarte, querido Heracles? —preguntó. —Majestad, te ruego que me prestes a tu perro guardián durante unos días. Podrá volver a casa enseguida, cuando se lo haya enseñado a Euristeo. Perséfone dirigió sus ojos hacia Hades: —Por favor, esposo, concede a Heracles lo que pide. Esta tarea le ha sido encomendada por consejo de tu cuñada Hera. El promete no quedarse con nuestro can Cerbero. 







—Muy bien —respondió Hades—, y puede llevarse también a ese loco de Teseo, ya que está aquí. Pero tiene la obligación de dominar a Cerbero, sin usar ni la maza ni las flechas. Hades creyó que esta condición haría imposible el trabajo, pero la piel de león de Heracles era resistente a los pinchazos de las púas del lomo de Cerbero, así que Heracles, con sus fuertes manos, apretó el pescuezo del can, hasta que sus tres cabezas se oscurecieron. Cerbero entonces se desmayó y Heracles pudo arrastrarlo con facilidad. Por desgracia, el único túnel de vuelta a la Tierra lo bastante ancho era uno que tenía la salida cerca de Mariandinia, junto al mar Negro, así que a Heracles le esperaba un viaje largo y difícil. Antes de partir, Heracles cogió una rama de laurel blanco como trofeo y se la colocó como si fuera una corona. Cuando Heracles apareció arrastrando a Cerbero con una correa, Euristeo se dio un susto de muerte. —Gracias, noble Heracles —dijo—; ahora, quedas liberado de tus trabajos. Pero, por favor, devuelve esa bestia enseguida.


Significado






Este signo de Capricornio es uno de los más difíciles de interpretar. Se dice que ni siquiera su símbolo se ha delineado nunca correctamente porque, de hacerse, la afluencia de fuerza que produciría no sería deseable. Al pie de la montaña, la cabra, el materialista, busca alimento en lugares desérticos y áridos. El chivo expiatorio, algo más arriba, pace las flores del deseo cumplido, cada uno con su espina correspondiente. Y, en la cima, la cabra sagrada o unicornio ve la visión. Y entonces aparece el Iniciado.
Hay dos portales de importancia dominante: Cáncer, hacia lo que erróneamente llamamos la vida, y Capricornio, el portal hacia el reino espiritual. Capricornio es la puerta a través de la que pasamos cuando ya no nos identificamos con la parte material de la existencia, sino que vivimos identificados con el espíritu. Eso es lo que significa ser iniciado. Un Iniciado es una persona que no sitúa la conciencia en su mente, sus deseos, o su cuerpo físico. Los puede usar si lo desea; y lo hace para ayudar a la humanidad, pero no es ahí donde su conciencia está enfocada. Está enfocado en lo que llamamos espíritu, que es ese aspecto de nosotros mismos que está libre de forma. Es en la conciencia del espíritu donde nosotros funcionamos finalmente en Capricornio, nos conocemos a nosotros mismos como iniciados y entramos en los dos grandes signos universales de servicio a la humanidad.






Capricornio es el signo de la Iniciación, en la que los cuerpos físico, emocional y mental se postran ante el dios interno en el momento de su Transfiguración.
Hasta ahora, todos los trabajos de Hércules han tratado sobre sus consecuciones personales. Ahora ya no. Ahora Hércules es ya libre. Es un Iniciado. Un discípulo del mundo. Ha dado vueltas y más vueltas al zodíaco. Ha aprendido las lecciones de todos los signos y ha subido a la montaña de la Iniciación. Ha experimentado su transfiguración y puede ya trabajar en tareas que no se relacionen consigo mismo ni con su pasado como hombre.
Capricornio es un signo triste; es el signo del sufrimiento intenso y la soledad y el silencio, pues éstas son también las señales del Iniciado. La característica principal del Iniciado es, precisamente la impersonalidad. La impersonalidad está basada en un logro de la personalidad. Se debe haber estado enormemente apegado a la personalidad para poder luego conocer el significado de la impersonalidad, pues no se llega a ser impersonal sin pasar antes por la tentación de lo personal. La impersonalidad que debemos desarrollar es una expansión del amor personal que tenemos por un individuo, por nuestra familia, por nuestro círculo de amigos; es exactamente esa misma actitud pero hacia la humanidad y no tiene nada que ver con el sentimentalismo. Podemos amar a toda la humanidad porque conocemos el significado del amor personal, y debemos brindar a todos el mismo amor que hemos dado a los individuos cercanos a nosotros. La impersonalidad no es impedir la entrada ni levantar muros sino amar a todos porque somos capaces de ver a las gentes como realmente son, con sus faltas, sus fracasos, sus logros y con todo lo que hace de ellos lo que son. Ésa es la condición que se debe lograr en Capricornio.
El discípulo del mundo no sólo hace lo que hizo Hércules, bajar al infierno para vencer a Cerbero, sino que trabaja entre los hombres todo el tiempo, interesado en su prójimo, pero de modo impersonal. Se nos relata en el mito de este signo que Hércules tenía que hacer tres cosas antes de penetrar en el infierno. 





Son tres cosas interesantes, así como lo es el orden en que debía hacerlas:
a) Primero, tenía que purificarse. Hércules, el hijo de Dios, que había vencido, que había sido transfigurado, iba a bajar al infierno a trabajar, y le llegó la orden de que se purificara. Él pensaba que era muy puro. El mito no nos dice cómo se purificó pero, seguramente, tuvo que demostrar estar libre de irritabilidad y egoísmo. Porque es una regla en ocultismo que, si no puedes vivir de modo puro en tu propio círculo, no eres de utilidad ni en el cielo ni en el infierno. ¿Y qué significa aquí “puro”? Libre de las limitaciones de la materia. Si yo soy en alguna manera prisionero aún de mi mente, que es una forma de materia sutil, no soy puro. Si tengo cualquier emoción egoísta, no soy puro. Hércules tenía que purificarse.
b) Luego, tenía que ser iniciado en los Misterios de Eleusis que, entre otras cosas, enseñaban a los iniciados a bajar a los infiernos sin peligro, y a salir de ellos, a voluntad. Quiere decir también que cada cual ha de pasar a través de su propio infierno personal, antes de que pueda pasar por el infierno universal. Se aprende la naturaleza de lo universal a través de la experiencia individual. No podemos aprender de oído.
c) Por fin, Hércules tenía que detenerse y realizar un acto de servicio antes de poder imponerse a Cerbero. Vio a dos personas atadas y siendo atacadas por las Fúrias. Tenía que liberarlas antes de que pudiera hacer frente a su propio problema.
Siempre, para el iniciado, el servicio está primero; dejar pasar lo que ha emprendido si se necesita su ayuda. Esa es siempre la historia del iniciado, porque está basada en la conciencia de grupo.





Cerbero, el perro de tres cabezas, de espantoso ladrido, con serpientes creciendo en todo su cuerpo y con víboras por cola, era el guardián del Hades. Las tres cabezas simbolizan: el amor a las sensaciones, el deseo y las buenas intenciones no realizadas. La más importante, y de la cual dependen las otras dos, es la central, la del deseo. La importancia de la tercera cabeza está resumida en la conocida frase que dice que "El camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones". La cola, formada de serpientes, representa a todas las ilusiones que impiden el progreso de la vida espiritual: la materialidad, que nos oprime; la naturaleza psíquica inferior que causa gran destrucción; el miedo a lo largo de cada posible línea; el temor al fracaso, que mantiene a tantos apartados de la actividad y engendra sólo inercia, la gran falta, se nos dice, de los aspirantes y los discípulos. Por eso se nos insiste siempre en “no dejar de intentar.”
Cuando el verdadero sentido de la realidad reemplaza tanto a la ambición terrenal como a la ambición espiritual, el hombre puede decir: "Estoy perdido en la luz suprema, pero vuelvo mi espalda a la luz". Porque así va el discípulo del mundo, el iniciado en Capricornio, por su camino, para servir a la humanidad en Acuario. En ese signo limpia los establos de Augías (del karma de toda la ignorancia y errores pasados: el Morador en el Umbral) y así se convierte en Piscis en un Salvador del Mundo.
Cada hombre debe recordar que el destino de la humanidad es incomparable y que depende en gran parte de su voluntad de colaborar en una tarea trascendente. Que la ley es, y siempre ha sido, luchar; y que la lucha no ha perdido nada de su violencia al ser transportada del plano material al espiritual. Que nunca debe olvidar que la chispa divina está en él, sólo en él y que él es libre de descuidarla, de matarla, o de acercarse a Dios mostrando su anhelo de trabajar con Él, y para Él.


Limpiar los establos del rey Augías. (Trabajo nº11 en Acuario)








El quinto trabajo fue limpiar el inmundo establo de Augías rey de la Élide, hijo ya sea del sol, ya de Posidón, ya de Forbante, en un solo día. Augías tenía muchos millares de animales y nunca se había preocupado de eliminar sus excrementos. Euristeo le encargó esta tarea a Heracles sólo para molestarlo, esperando que se cubriera de inmundicia, cuando cargara el estiércol en las cestas para llevárselo. A él se presenta Hércules, pero en lugar de manifestarle que viene por orden de Euristeo, se lo oculta, y pacta con él la limpieza de los establos en un solo día al precio de la décima parte del ganado. Augías accede a este pacto porque no cree a Hércules capaz de cumplirla así, pero como testigo del pacto actúa el propio hijo de Augías, Fileo.  Augías sonrió a Heracles con desprecio: —Te apuesto veinte vacas contra una, a que no puedes limpiar el establo en un solo día. —De acuerdo —dijo Heracles. Hércules blandió su maza, derribó la pared del establo, abre un canal en los cimientos del establo, y, desviando el curso de los ríos Alfeo y Peneo, logra hacerlos pasar por los establos y que su impetuosa corriente arrastre el estiércol, quedando así limpios en un solo día los establos.
Pero Augías, que se ha enterado de lo que ha hecho por orden de Euristeo, se niega a entregarle el salario convenido, mostrándose dispuesto a acudir a juicio. En el juicio Fileo testimonia contra su padre y a favor de Hércules, por lo que Augías, encolerizado, los expulsa de su reino a los dos. Fileo va a establecerse a la isla de Duliquio. Hércules marcha por el momento a casa de Dexámeno, libera a la hija de éste, Mnesímaca, de tener que casarse con el Centauro Euritión, que a ello quería obligarla, dando muerte al Centauro. En cuanto a la limpieza de los establos de Augías, este trabajo fue doblemente inútil para Hércules, pues si por una parte, como hemos visto, Augías se negó a pagarle el precio convenido, alegando que tenía que hacerlo de todos modos por estar al servicio de Euristeo, a su vez este se negó a darle validez a la tarea, alegando que lo había hecho mediante contrato con Augías, teniendo ahora que hacer otro, en compensación por este trabajo invalido.

Significado





Habiendo realizado la tarea asignada, el hijo del hombre, que también era el hijo de Dios, volvió a aquel de quien había venido. - Te has vuelto un servidor del mundo. - dijo el Maestro cuando Hércules se acercó. - Has progresado retrocediendo; has llegado a la Casa de la Luz por otro sendero; has empleado tu luz para que pueda brillar la luz de los demás. La joya que otorga el undécimo trabajo es tuya para siempre.
Los dos ríos mencionados en la labor acuariana de Hércules son una clave de los poderes de Acuario. Y el mismo significado tienen las dos columnas en el relato de Sansón en la Biblia. La nota clave de Acuario es “equilibrio”, significando la analogía o equivalencia de los opuestos Las fuerzas masculina y femenina han de estar totalmente equilibradas en cualquier plano de manifestación. Con la adquisición de ese equilibrio, desaparecerán los cambios sucesivos de la riqueza a la pobreza, de la salud a la enfermedad, de la esperanza al miedo. Ya estamos notando la tendencia a ese equilibrio en la culturización de la mujer, en su acceso a prácticamente todos los puestos de la sociedad, incluso en el reparto de las tareas domésticas. Las que han de sostener la nueva estructura de la Era de Acuario son, pues, las columnas de la Justicia y de la Igualdad, tanto para los hombres como para las naciones.
Hay una frase muy interesante en el Nuevo Testamento, la de "El fin del mundo o el fin de los tiempos". Y, si reflexionamos un poco, podremos empezar a comprender que lo que realmente quería decir era que el signo Piscis, en el cual llegó Cristo, el Salvador del Mundo, terminaría en un tiempo concreto que es, precisamente, el momento en que nos encontramos ahorra. Nos estamos enfrentando a un día del juicio, en el cual las ovejas y las cabras serán separadas y unas irán al cielo y las otras al infierno. Se ha pensado siempre que las que irían al cielo serían las ovejas y las cabras al infierno. Pero, bien mirado, debe ser lo contrario. Porque la cabra, en Capricornio, es el Iniciado y, desde un cierto ángulo esotérico, las cabras van al cielo porque funcionan en el reino espiritual, que es el cielo, mientras que las ovejas permanecen en la tierra (que, después de todo, es el único infierno que uno puede posiblemente) hasta que dejen de ser ovejas, es decir, hasta que aprendan a tener pensamientos propios e individuales, hasta que se transformen en cabras, escalen la montaña y cambien su carácter de seguidores por la de buscadores independientes.





La entrada en el cielo es la entrada en la era de Acuario, que empezará dentro de unos quinientos años, pero en cuya zona de influencia y de penumbra ya nos encontramos. Las fuerzas de Piscis se están retirando rápidamente. Todo lo que sucede en el plano físico se debe a fuerzas superiores, como se expone a continuación:
a) ¿Qué quería decir el culto del toro en Tauro? No significaba la deificación de la naturaleza animal en el hombre, sino que éste, bajo el símbolo del toro, tenía que luchar con el animal que hay dentro de él.
b) Luego, nuestro sol pasó a Aries, el Carnero, y teníamos el sacrificio del cordero, mostrando que el sacrificio de la naturaleza animal estaba empezando a representar la lucha con la naturaleza animal.
c) Luego, el sol pasó a Piscis, los peces. Las fuerzas que actuaron – y siguen actuando – sobre nuestro planeta presentan ante la conciencia del hombre su dualidad esencial. Y el hombre ha empezado a darse cuenta de que es, a la vez, espíritu y cuerpo. Cristo apareció en Piscis para demostrarnos cuál sería nuestro último logro cuando hubiéramos unido al pez símbolo de la segunda persona, y al pez nadando en la materia, símbolo del ser humano encarnado.
d) Estamos pasando ahora al signo de Acuario donde, a través del simbolismo del agua y la purificación, aprenderemos cómo ser el espíritu y no el ser humano. Eso es lo que ocurrirá en Acuario. Al final de la era de Acuario, aproximadamente de aquí a dos mil setecientos años, la naturaleza animal, la naturaleza emocional y la mentalidad serán secundarias, y ese impulso universal en cada uno de nosotros que nos pone en armonía con Dios, habrá pasado a primera línea; habremos dejado atrás el reino humano y, aunque podamos estar habitando cuerpos, nuestra conciencia estará enfocada en el quinto reino de la naturaleza, el reino espiritual.





El signo opuesto a Acuario es Leo, el signo del individuo, del hombre que se ha encontrado a sí mismo como ser humano. Él se sostenía sobre sus propios pies; era el centro de su universo, las estrellas giraban a su alrededor, todo ocurría con relación a él. Por eso aprendió ciertas grandes lecciones: que era posible que él no fuera tan importante como pensaba y que, sujetándose a cierta disciplina, podría encontrar un yo más amplio. En Acuario, el discípulo se convierte en un maestro servidor. Ése es el principio fundamental que hay que mantener in mente. Puede ser un maestro porque ha aprendido a servir, y puede servir porque es un maestro.
Siendo Hércules un Iniciado, ha de de hacer tres cosas, características de todo verdadero iniciado y que, si no están presentes en alguna medida, no se le puede denominar así:
a). Servicio desinteresado. No es el que se presta porque el es un camino hacia la liberación, sino el que se presta porque nuestra conciencia ya no es egocéntrica sino universal y no hay nada que podamos hacer sino asimilar las aflicciones de nuestro prójimo y ayudarlo. No es ningún esfuerzo para el verdadero maestro acuariano actuar así.
b). Trabajo en grupo. El mundo está lleno de organizaciones y sociedades, hermandades que son felices preparando terrenos para la era de Acuario. Desgraciadamente, esos grupos, hoy en día, son sólo focos de celos, de gente tratando de impresionar a los otros con sus conocimientos y su vida de autosacrificio. Pero esto no es trabajo grupal. El trabajo grupal consiste en permanecer solo espiritualmente en el manejo de los propios asuntos, con completo olvido del propio yo, y siempre en beneficio de la parte de la humanidad con la que estamos relacionados. El verdadero grupo niega la ambición; niega el progreso ascendente en la organización y niega toda presunción de prerrogativas oficiales.
c). Autosacrificio. La finalidad del autosacrificio es purificar el yo. Desde la cima de la montaña en Capricornio, Hércules tiene que bajar, literalmente, a la suciedad material, y limpiar los establos de Augías. La lección que en ello se contiene es fácil de comprender: Él, que había trepado a la cima de la montaña, que había triunfado en todas las grandes pruebas, que había pasado de Capricornio al reino espiritual y conocido algo del significado del éxtasis místico, estando en el disfrute de ese estado altamente espiritual, recibe la orden, no de hacer un gran trabajo para el mundo sino, simplemente, la de limpiar unos establos. El objeto de la prueba puede ser resumido de esta manera: Hércules tenía que ayudar a la purificación del mundo por la recta dirección de las fuerzas de la vida a través de él.






Estamos entrando en la era de Acuario, al final de la cual, el materialismo habrá desaparecido completamente, ya que toda la vida se interpretará en términos de energía. Estamos tratando íntegramente con fuerzas. Y somos fuerzas. Tendremos un nuevo lenguaje, el lenguaje simbólico de la energía misma. Seremos todos ocultistas de hecho porque el ocultista vive y trabaja en un mundo de fuerzas, y empieza con las fuerzas de dentro de sí mismo. Ahora estamos tratando con energías y estamos malgastándolas. Este signo inaugura la escuela de los Salvadores del Mundo. Es un signo de preparación para lo que el próximo signo de Piscis nos traerá.
Acuario se representa como un hombre sosteniendo un cántaro invertido. El hombre invierte el cántaro y de él salen dos chorros de agua, el río de la vida, y el río del amor, y esas dos palabras, vida y amor, son las dos palabras que encarnan la técnica de la era de Acuario; no la forma, ni la mente, sino la vida y el amor. Dos palabras que usamos constantemente, pero tras las cuales no tenemos ningún concepto claro.
Estamos, como se ha dicho, en la zona de penumbra de Acuario, de su primer decanato, regido por Saturno y de ahí nuestras presentes dificultades, nuestro trastorno político, la división del escenario del mundo en grandes grupos, con gente que es patriótica, y gente que está empezando a vislumbrar el espíritu internacional. En las iglesias hay asimismo división entre los que están obteniendo una imagen de la universalidad del amor de Dios, y los que se inclinan ante la autoridad y el dogma. En el campo de la economía – Saturno - hay una división entre los que se inclinan ante las cosas materiales y los que las dejan pasar para conseguir cosas mejores; entre los que toman las posesiones por ellas mismas, los que acumulan y guardan, y los que las dejan para adquirir lo que Cristo llama "los tesoros en el cielo". En cualquier campo del pensamiento encontramos estas dos fuerzas dominantes a causa del impacto de las energías pisceanas y acuarianas. Hay dos grupos distintos: los que están atados al pasado y al aspecto material, y los que están adquiriendo la clarividencia y están viendo la vida, la conciencia, el propósito y el plan, emergiendo por medio de todos ellos.
Lo maravilloso es que, a pesar de los disturbios superficiales y de deplorables acontecimientos, el espíritu del hombre, que es sano y puro, se está elevando y estamos saliendo bien, pero no hemos de pensar que esto será trabajo de una semana o de un año. Depende de nosotros cuán rápido aprendamos la lección de cómo conducirnos para que la era pisceana del materialismo y la autoridad, la posesión y la mentalidad, pueda ser reemplazada por la era de la espiritualidad, la intuición y la conciencia universal.







El segundo decanato de Acuario está gobernado por Mercurio, y de aquí vendrá la iluminación. La iluminación que llegó en Leo, el opuesto de Acuario, era "yo soy el yo", la iluminación que llamamos autoconciencia. Pero la iluminación que llega en Acuario es "yo soy Eso", yo soy la conciencia del grupo. Mi autoconciencia ha desaparecido, mi individualidad no es importante, mi personalidad es sólo un mecanismo, pero mi conciencia es una con todo lo que existe. En el tercer decanato, gobernado por Venus, tendremos el predominio del amor inclusivo. Dentro de dos mil años, podremos expresar realmente el amor fraternal. Deberá ser un hecho manifestado antes de que la humanidad en su conjunto pueda pasar a la Era de Capricornio.
El aspirante individual no puede recibir la Iniciación hasta que aprende a amar desinteresadamente, a amar a todos y no sólo a los que piensan como él y actúan como él desea.
Cuanto más refinadas son las formas a través de las que actúa la vida, más rápida es la reacción a los estímulos. Ésta es la razón por la cual llevamos esta inmensa velocidad en cada etapa de la vida, por la cual estamos todos tan constreñidos. Tenemos cuerpos pisceanos, materializados, y estamos tratando de vibrar a la velocidad de la era de Acuario. Y todavía no somos acuarianos. Cristo proclamó su mensaje "para el fin de los tiempos" cuando dijo, “Un nuevo mandamiento os doy; que os améis unos a otros como yo os he amado”. El undécimo mandamiento, el undécimo signo. Cristo sabía que el ciclo que inauguraba pasaría, que surgiría un nuevo método de trabajo por medio del cual los Maestros emplearían un nuevo modo de llegar a la humanidad, pero Él preparó el camino para Su propio trabajo posterior. 
Augías, el hijo de Neptuno, el dios de las aguas, guardaba manadas de animales y, durante treinta años, los establos no habían sido limpiados; de modo que la suciedad se había acumulado. A Hércules se le dijo que hiciera algo acerca de eso; muchos habían intentado limpiar los establos y fracasaron: eso era siempre superior a ellos. Siendo Hércules un Iniciado y teniendo mucho sentido común, lo que los verdaderos Iniciados siempre tienen, bajó de la cima de la montaña y estudió el problema. Primero destruyó el muro que rodeaba los establos, haciendo dos grandes agujeros en sus lados opuestos, y luego desvió los dos ríos a través de ellos. No trató de barrer y limpiar, como habían hecho otros, sino que destruyó barreras usando los ríos. Los establos fueron limpiados sin esfuerzo por su parte. Cada uno de nosotros somos uno de los animales de la manada guardada por Augías, y los establos en los que vivían no habían sido limpiados en treinta años (3 x 10), siendo 3 el número de la personalidad y 10 el de la consumación).




¿Y qué hizo Hércules? Derribó las barreras.
Y eso es lo primero que tiene que ocurrir en la era de Acuario. Estamos apenas empezando a pensar en términos amplios, a dejar de ser exclusivos. Eso ocurrirá en Acuario y, para eso, habremos de destruir el prejuicio y aprender a pensar en términos generales, de totalidad. Derribar las barreras en gran escala ha de ser llevado a cabo por la opinión pública, y esto es de desarrollo lento y grandemente emocional; ésa es la dificultad. En la era de Acuario, especialmente en el segundo decanato, gobernado por Mercurio, tendremos la opinión pública moldeada por el pensamiento y no por la emoción, y tendremos el mundo lleno de pensadores. El cometido de los que escriben en este sentido, es empezar a pensar constructivamente, para que los fundamentos estén bien colocados por las fuerzas así emitidas; construyendo para el futuro. Cultivemos el espíritu acuariano de dejar libre a la gente, la capacidad de tener confianza. Y, cuando hayamos hecho todo lo posible para derribar los muros y para expresar la vida y el amor, ayudados por nuestro espíritu, cuya naturaleza es amor-sabiduría, no busquemos reconocimiento; no lo conseguiremos.
Lo duro de la tarea del pionero en cualquier campo del pensamiento, de cualquier persona que se está esforzando para expresar los nuevos ideales, es siempre la falta de reconocimiento, y a veces peor. No seremos elogiados, ni compadecidos, tendremos momentos difíciles, pero estaremos preparando el terreno para que, en el futuro, el odio y la separación desaparezcan.




Los bueyes del rey Gerión. (Trabajo nº 12 en Piscis)





El décimo trabajo de Heracles fue robar un rebaño de bueyes del rey Geríones, que vivía en una isla cerca de la corriente de Océano. Geríones tenía tres troncos con sus respectivas cabezas, pero un solo par de extremidades. Hera esperaba que Heracles fracasara en este último trabajo o, al menos, que no tuviera tiempo de cumplirlo, antes de que expirara el plazo de noventa y nueve meses. Cuando llegó al extremo occidental del mar Mediterráneo, donde España y África se unían en aquel tiempo, 






Heracles abrió un estrecho entre ellas. Los acantilados de cada lado se llaman, aún hoy, las Columnas de  Hércules. Luego, navegó adentrándose en el Océano, en una barca de oro que le prestó el Sol y usando la piel de león como vela. Cuando llegó a la isla de Geríones, Heracles fue atacado por un perro bicéfalo y por un pastor de Geríones, a los que abatió de un mazazo. Finalmente, Geríones salió corriendo de su palacio, como si se tratase de una fila formada por tres hombres. La diosa Hera, entonces, intentó ayudar a Geríones deslumbrando con un espejo a Heracles, pero éste esquivó el destello y mató a Geríones con una flecha, que atravesó a la vez los tres troncos. Luego, disparó también contra Hera, hiriéndola en un hombro. La diosa se fue entonces volando a suplicar a Apolo y a Artemisa, para que le extrajeran la flecha y la curaran.
Heracles cruzó los Pirineos con los bueyes y recorrió la costa meridional de Francia. Pero en los Alpes, un mensajero de Hera le dio a propósito una orientación errónea. Giró hacia el este y bajó hasta el estrecho de Mesina, antes de darse cuenta de que estaba en Italia y no en Grecia. Muy enfadado, se dio media vuelta y perdió todavía más tiempo en lo que hoy es Trieste, porque Hera envió tábanos, para que picasen a los bueyes en sus partes más sensibles. Los animales salieron de estampida hacia oriente y Heracles tuvo que seguir sus huellas durante ochocientos o mil kilómetros hasta Crimea, donde una horrible mujer con cola de serpiente le prometió ponerlos en la dirección correcta, con la condición de que la besara tres veces. Heracles lo hizo, aunque de muy mala gana, y por fin llegó a Grecia sano y salvo con los bueyes, justo cuando terminaba el plazo de noventa y nueve meses.


Significado




Pensemos en Hércules como en un Salvador del Mundo. Ha tenido una visión de algo que ha de hacer. Ve a la humanidad poseída por un monstruo, un hombre de tres cuerpos, símbolo de un ser humano con sus tres vehículos, mental, emocional y físico unidos.
Ese monstruo humano de tres cabezas representa la fuerza egoísta concentrada por el hombre y que le ataca en todos los aspectos: moral, mental y físico. Las masas humanas están representadas por el rebaño rojo, dominado por ese monstruo de tres cabezas.
El pastor que cuida el rebaño, del que Hércules se compadeció y cuya vida perdonó, representa la mente. Por eso fue respetado, porque no se puede concebir ningún ser humano encarnado que no necesite usar la mente como intérprete de la energía espiritual.
El perro de dos cabezas es la Ley Convencional del Viejo Orden, guiada por el egoísmo, conocida como “ortodoxa”, y que ha de ser sustituida por la Nueva Ley, inspirada por el amor. Porque la Ley ortodoxa, como el perro, posee un doble aspecto: es, a la vez, buena y mala, pues nunca beneficia a todos, sino que contenta a unos y daña a otros. El trabajo del Nuevo Día consiste en separar ambos aspectos.
Por una parte, hay que eliminar lo que no es ya útil y entorpece y, por otra, hay que conservar lo que hay de aprovechable.
Hércules,  representa la ley cósmica que finalmente extrae el bien del mal y el orden del caos.
El destino de la humanidad como conjunto está representado por el hecho de que, al regresar a casa, Hércules coloca el rebaño en un recipiente de oro, que le ha dado el dios del Sol, Helios.





Fijémonos en que al guardián del ganado, Ortro (el aspecto forma), se le dio muerte, pero el pastor y el ganado fueron introducidos en la copa de oro y elevados hasta el cielo. Aquí tenemos representado el Santo Grial; y así se realizó el trabajo. El Salvador del Mundo había cumplido su función; había elevado a la humanidad. Y eso es, precisamente, lo que hizo.
Pero no hay fracaso por parte del Gran Plan. Tal vez lentitud, pero, ¿sabemos cuán desastroso sería si la evolución fuera demasiado rápida, cuán peligroso si la gente fuera sobreestimulada antes de estar preparada para ello?
Todos los Maestros conocen los peligros de la sobreestimulación, los desastres que ocurren cuando una persona hace ciertos contactos antes de que su mecanismo esté suficientemente puesto a punto. Los
Salvadores del Mundo tienen que trabajar lentamente, pues el tiempo no significa nada para ellos.
El signo de Piscis gobierna los pies y de ahí la idea de hollar o pisar el Sendero y alcanzar la meta que ha sido la fundamental revelación espiritual de la era de Piscis.
Piscis es también el signo de la muerte, en varios aspectos. A veces será la muerte del cuerpo, o puede ser que una vieja teoría llegará a su fin; que una amistad indeseable cesará; que la devoción a alguna forma religiosa del pensamiento que se ha sostenido, terminará y surgirá una nueva y colocará sus pies sobre un nuevo sendero.
Piscis es el signo de la muerte para la personalidad.
Recordemos aquella exclamación, tan mal traducida y peor interpretada, de la Crucifixión . “Padre, ¿por qué me has abandonado?”, que no es sino la reclamación de la personalidad al espíritu, que la está abandonando para siempre, tras milenios de convivencia. Si nosotros pudiéramos abandonar la idea de los velos de la personalidad, estaríamos dispuestos a abandonar la personalidad.
También significa la muerte de un Salvador del Mundo, pues es el signo de la crucifixión y marca el fin de un ciclo zodiacal.





Hay tres signos de salvación en el Zodíaco:
a.- Leo, de donde la palabra sale para el ser humano, “labra tu propia salvación". Así tenemos en Leo al hombre decidido a mantenerse erguido sobre sus propios pies, que se hace orgulloso y dogmático. Pero eso es necesario para la salvación porque, sólo sometiendo a prueba su equipo, llegará al punto donde aparece una perspectiva más amplia.
b.- El segundo signo de salvación es Sagitario, el signo del servicio y el silencio, donde el hombre dogmático, cansado de hablar de sí mismo y de abrirse camino, se pierde de vista a sí mismo en la meta y sirve silenciosamente.
c.- Y, por fin, llegamos al tercer signo de salvación, Piscis, el de los Salvadores del Mundo.
Existe en la naturaleza el reino humano y, por encima de él, hay otros reinos: el espiritual y el cósmico; y, por debajo de él, los reinos animal, vegetal y mineral.
El trabajo de los inteligentes hijos de Dios es actuar como transmisores, a través de la mente, de la energía espiritual, que salvará y vitalizará a todos los reinos inferiores de la naturaleza.
En cada país se puede encontrar a los que saben (no a los que dicen que saben). Pero hay un grupo de seres humanos, integrados ahora, sobre quienes está colocada la carga de guiar a la humanidad.
Están iniciando y diseminando movimientos que tienen en sí la nueva vibración; están diciendo cosas que son universales en su carácter; están enunciando principios que son cósmicos; son inclusivos, no exclusivos; no les importa qué terminología use un hombre; insisten en que el hombre debe guardar su propia concepción de la verdad para sí mismo, y no la debe imponer a nadie más; se reconocen mutuamente y, dondequiera que se encuentren, hablan un idioma universal, demuestran la luz universal, son servidores y no tienen interés en ellos mismos.
El mensaje que les llega desde lo interno está expresado en las palabras simbólicas, "Lo que yo te digo en la oscuridad, háblalo tú en la luz". A cada uno se le dirá una cosa diferente según la necesidad de la gente que lo rodea, para entregar un mensaje de luz. Por lo tanto, ellos no están atados por dogmas o doctrinas, porque tienen la palabra que les ha llegado en la oscuridad, la que han labrado para sí en la lucha y el esfuerzo de sus propios espíritus.





Encuentran la necesidad de su prójimo, y de ellos es el mensaje de Cristo. "Un nuevo mandamiento os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado". Pero ese amor de Cristo no es un sentimiento.
El amor que Cristo proclamó es una comprensión inteligente y una apreciación de la necesidad del individuo.
Un nuevo mandamiento os doy puede ser resumido como "inclusividad", el signo característico de la Nueva Era, el espíritu universal, la identificación, la unidad con todos nuestros semejantes.
Eso es amor y él nos mantendrá ocupados; no tendremos tiempo para hablar del amor, estaremos ocupados haciendo cosas, grandes cosas y pequeñas cosas, cosas sin importancia y cosas importantes.
¿Cómo nos prepararemos para llenar ese requerimiento, para poseer esas características que automáticamente nos colocan dentro del grupo de servidores del mundo?
a) Sea cual fuere nuestro deber, hagámoslo.
b) Cultivemos la recta actitud interior y estemos abiertos de par
en par a todos nuestros semejantes.
c) Aprendamos a meditar, y aprendamos verdaderamente a meditar.
La meditación, cuando es correctamente llevada a cabo, es un arduo trabajo mental, pues significa orientar la mente en dirección al espíritu, y nosotros aún no podemos hacerlo. Significa que, cuando hayamos aprendido a enfocar la mente en el espíritu, debemos sostenerla firmemente allí y, cuando hayamos aprendido a hacer eso, debemos aprender a escuchar en la mente lo que el espíritu nos está diciendo, y eso aún no podemos hacerlo.
d) Luego, debemos aprender a recibir lo que el espíritu nos ha dicho, y formar con ello palabras y frases y volcarlo al cerebro que está esperando. Eso es la meditación, y es siguiendo ese proceso como llegaremos a ser Servidores del Mundo, pues entonces seremos la fuerza de lo que hayamos llevado a cabo. Automáticamente, nos encontraremos protegidos por ese Gran Uno cuya misión es levantar a la humanidad de la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real.


Aquí acaban los 12 trabajos de Heracles, pero no sus peripecias. 
Sigamos con la narración de Robert Graves: “Heracles decidió volver a casa. Heracles volvió a Tebas, donde su madre Alcmena lo recibió con alegría. Pero Hera ideó un astuto plan. Le dijo a Autólico que robara un rebaño de yeguas y potros moteados a un hombre llamado Ifito, que les cambiara el color y que se los vendiera a Heracles. Así lo hizo. Ifito siguió el rastro de las pezuñas de su rebaño hasta Tirinto y le preguntó a Heracles si, por casualidad, se había llevado él las yeguas. Heracles acompañó a Ifito hasta lo más alto de una torre y, muy serio, le dijo:
—¡Mira a tu alrededor! ¿Ves alguna yegua moteada en mis pastos?
—No —contestó Ifito—. Pero sé que están cerca de aquí. Heracles perdió la paciencia, al verse considerado un ladrón y un mentiroso, y arrojó a Ifito por encima de las almenas.
Los dioses condenaron a Heracles a ser esclavo de la reina Onfalia de Lidia; el dinero por su venta, que Hermes había acordado, fue para los huérfanos de Ifito.
Onfalia, que no sabía quién era Heracles, le preguntó por sus habilidades.
—Sé hacer lo que tú quieras, señora —contestó él enseguida.




La reina, entonces, le hizo vestirse de mujer con unas enaguas amarillas, le dio una rueca y le enseñó a hilar lana. A Heracles le pareció un trabajo muy descansado. Un día, un dragón gigantesco empezó a comerse a los súbditos lidios de Onfalia, así que ésta le dijo a Heracles:
—Pareces fuerte. ¿Te atreves a luchar contra el dragón?
—A tu servicio, señora.
Los dragones no eran nada para Heracles e inmediatamente disparó una flecha envenenada entre las mandíbulas del dragón y lo mató. Onfalia le devolvió la libertad, como muestra de agradecimiento.
Más tarde, Heracles se casó con una princesa llamada Deyanira, hija del dios Dionisos, y fundó los juegos olímpicos, que debían celebrarse cada cuatro años, mientras existiera el mundo. Estableció que los vencedores de cada competición serían obsequiados con coronas de laurel, en lugar de los valiosos trofeos habituales, porque tampoco a él le habían pagado nada por sus trabajos. Nadie se atrevió a luchar jamás contra Heracles, lo que defraudó a los espectadores. No obstante, un día, el rey Zeus se dignó a bajar del Olimpo. Él y Heracles mantuvieron una formidable pelea que terminó en empate y todo el mundo quedó encantado.
Heracles se vengó de los reyes que le habían despreciado cuando llevaba a cabo sus trabajos, incluyendo a Augías, y mató a tres hijos de Euristeo. Zeus le prohibió atacar al propio Euristeo, porque hubiera sido un mal ejemplo para otros esclavos liberados. El dios-río Aqueloo desafió a Heracles a un combate y perdió un cuerno durante la lucha. Heracles también peleó contra el dios Ares y lo mandó cojeando de vuelta al Olimpo.

La muerte de Heracles.






Un día, un centauro llamado Neso se ofreció para ayudar a la esposa de Heracles, Deyanira, a cruzar un río desbordado, por una pequeña suma de dinero. Heracles le pagó, pero cuando Neso alcanzó la otra orilla se puso a correr con Deyanira en los brazos. A ochocientos metros de distancia, Heracles le disparó una de las flechas untadas con la sangre de la hidra. Agonizante, Neso le susurró a Deyanira:
—Recoge un poco de mi sangre en esta jarra pequeña de aceite. Si alguna vez Heracles ama a otra mujer más que a ti, dispondrás de un hechizo que funcionará seguro. El aceite mantendrá mi sangre fresca. Tírasela en la camisa. No te será nunca más infiel. ¡Adiós!
Deyanira siguió el consejo de Neso.
Estando al servicio de Euristeo, Heracles había participado en un concurso de tiro con arco organizado por el rey Eurito de Ecalia, cuyo premio era su hija Yole.
Eurito alardeaba de ser el mejor arquero de Grecia y le sentó muy mal el verse derrotado por Heracles, así que gritó:
—Mi hija es una princesa. No puedo aceptar que se case con un esclavo de Euristeo. La competición queda anulada.
Heracles recordó este insulto años más tarde, así que saqueó Ecalia y mató a Eurito. Raptó a Yole y a sus dos hermanas, y las puso a fregar suelos y cocinar.
Deyanira, entonces, tuvo miedo de que Heracles se enamorara de Yole, que era muy hermosa. Y cuando él le envió un mensajero pidiéndole su camisa mejor bordada, Deyanira pensó: «Se la quiere poner cuando se case con Yole». Fue entonces cuando esparció un poco de la sangre de Neso en el bordado rojo de la camisa, donde no se notaba, y se la dio al mensajero.
En realidad, Heracles necesitaba la camisa para un sacrificio de acción de gracias a Zeus, por la captura de Ecalia. 






En cualquier caso, cuando Heracles se puso la camisa y estaba vertiendo vino en el altar, sintió de repente como si unos escorpiones le estuvieran picando. El calor de su cuerpo había derretido el veneno de la hidra que había en la sangre de Neso. Heracles gritó, vociferó, chilló, golpeó el altar y trató de quitarse la camisa, pero se arrancó también grandes jirones de piel. Su sangre silbaba al contacto con el veneno. Entonces, saltó a un río, pero el veneno le quemaba aún más que antes. Heracles supo en ese momento que estaba condenado y pidió a sus amigos, con voz débil:
—Por favor, llevadme al monte Eta y construid una pira con madera de roble y de olivo.
Ellos, llorando, obedecieron. Heracles trepó hasta la plataforma que había encima y tranquilamente se tumbó sobre su piel de león y usó su maza como almohada.





Ardió hasta morir. El fuego dolía mucho menos que el veneno de la hidra. En éste momento Heracles destruye totalmente su personalidad (su ego, o yo inferior)

La glorificación de Heracles.


Zeus, que se sintió muy orgulloso de su valiente hijo, les dijo a los dioses del Olimpo:
—Heracles será nuestro portero y se casará con mi hija Hebe, diosa de la juventud. Si alguien no está de acuerdo, empezaré a lanzar rayos. ¡Levántate, noble alma de Heracles! ¡Bienvenida al Olimpo!






Zeus parecía tan furioso que Hera no se atrevió a decir nada. El alma inmortal de Heracles subió sobre una nube y Atenea lo presentó enseguida a los otros dioses. Sólo Ares le dio la espalda, pero cuando Deméter le pidió al dios que no hiciera el tonto, también éste le dio la mano a Heracles, aunque desganadamente.
Cuando Heracles mató a Anteo, la Madre Tierra protestó ante los dioses del Olimpo. Dijo que, para compensarla, Zeus debería como mínimo perdonar a Atlas y a los otros titanes, sus hijos, quienes aún estaban condenados a esclavitud perpetua. Zeus la mandó callar de malos modos. Así que, para vengarse, la Madre Tierra fue a Flegras, en Tracia, y creó allí a veinticuatro descomunales gigantes de largas barbas y con pies de cola de serpiente. Planearon entonces atacar a los dioses del Olimpo, lanzando gruesas piedras y teas contra el palacio. Hera profetizó que la única esperanza de los dioses del Olimpo era encontrar una planta que crecía en algún lugar de la Tierra. Quien la oliera jamás resultaría herido. Así que Zeus ordenó al Sol y a la Luna que no brillaran durante un tiempo. Luego, buscó a tientas por toda Grecia, hasta que encontró la planta y se la hizo oler a todos los dioses del Olimpo. Hera volvió a profetizar:
—Ahora, un héroe vestido con una piel de león nos salvará.
Se refería, por supuesto, a Heracles, su nuevo portero.
Los dioses abandonaron el Olimpo e invadieron Flegras. 






Heracles colocó una flecha en su arco y disparó contra Alcioneo, el jefe de los gigantes. Éste se desplomó como si hubiera muerto, pero enseguida volvió a levantarse, reviviendo al tocar el suelo de su país. Heracles entonces combatió cuerpo a cuerpo contra Alcioneo y lo arrastró hasta cruzar la frontera griega y penetrar en Escitia, donde lo golpeó con su maza hasta la muerte. Mientras tanto, los demás gigantes atacaron a los dioses, que se vieron obligados a retroceder hasta la cumbre del Olimpo - el famoso tema, recurrente en el arte griego de la Gigantomáquia-. 
Luego, los gigantes levantaron un enorme montículo de rocas junto a los altos muros del palacio para, encaramándose en él, poder invadir la morada de los dioses. Una roca golpeó a Ares en la cabeza y éste cayó de rodillas y se puso a gemir. Un gigante llamado Porfirión intentó estrangular a Hera, pero Eros cogió su pequeño arco y le clavó una flecha en el corazón, lo que provocó que el gigante se enamorara locamente de la diosa y le llenara la mano de grandes y babosos besos. Zeus, muy enfadado, arrojó entonces un rayo contra Porfirión y éste lo detuvo con su escudo, mientras volvía a besar a Hera, esta vez en la boca.




Heracles regresó justo a tiempo para romperle el cuello al gigante y sujetarlo en el aire hasta su muerte. En ayuda de Ares, acudieron Apolo y Heracles, que con sus flechas le sacaron los ojos derecho e izquierdo respectivamente a un gigante. Hefesto dejó ciego a otro, tirándole a la cara una paletada de oro fundido. Después, Heracles agarró a los dos gigantes y se los llevó corriendo al otro lado de la frontera, uno bajo cada brazo, donde les golpeó en la cabeza. Durante el fragor de la batalla, Afrodita se escondió en el armario de la ropa blanca, mientras Deméter y Hestia temblaban junto a una de las ventanas del palacio. Atenea, en cambio, combatió con valor y sangre fría, y Artemisa corrió de aquí para allá, disparando contra los gigantes desde los lugares más inverosímiles. Alertadas por el alboroto, las tres parcas salieron de la habitación de hilar y corrieron a la cocina, donde cada una se armó con una mano de mortero dorada, de esas que se utilizan para machacar perejil, menta o ajo. Al no existir nadie que pueda combatir contra las parcas, los otros gigantes huyeron.





Los dioses del Olimpo lanzaban cualquier cosa que tuvieran a mano contra el enemigo en retirada. Una enorme roca arrojada por Poseidón cayó al mar y se convirtió en la isla de Nísiro. Los gigantes presentaron su última resistencia en Trapezunte, en Arcadia. Poseidón, Zeus y Ares, que no lo habían hecho muy bien hasta entonces, lucharon valientemente ahora, con tridente, rayos y lanza. Mientras tanto, Hermes, que le había pedido el casco de la invisibilidad a Hades, apuñalaba al enemigo por la espalda. Heracles mató más gigantes él solo que todos los demás dioses juntos. Cuando
la batalla llegó a su fin, Hera se le acercó y le dio las gracias por librarla de aquel repugnante Porfirión.
—Siento vergüenza por lo mal que te traté cuando estabas en la Tierra —le dijo.
—Olvídalo, por favor, reina Hera —contestó Heracles, haciéndole una gran reverencia.
Así Hércules pasó a ser un dios y se le casó de nuevo en el Olimpo con su hermanastra, la bella y siempre joven Hebe, hija de Zeus y Hera y diosa de la juventud. 







Hasta el momento había sido la ayudante personal de los dioses: les servía el néctar en copas de oro, ayudaba a su hermano Ares a vestirse con sus atuendos de guerra, pasaba a Hermes los mensajes de los dioses y subía de vez en cuando a hacerle compañía a su tía Hestia, la cuidadora del fuego. Sin embargo, tras la apoteosis (que significa “junto a los dioses” en griego) de Heracles y su posterior matrimonio con él, abandonó todos estos trabajos, que a partir de entonces realizó el joven Ganimedes, uno de los amantes masculinos de Zeus.
Juntos, Heracles y Hebe tuvieron a Alexiares y Aniceto, y vivieron en el Olimpo para siempre junto a los demás dioses. 
Así acabó el héroe más grande de todos los tiempos.
Como siempre espero que os haya sido útil e interesante.
(Los textos sobre el significado de los trabajos, estan basados en textos de Annie Besant, Francsico Manuel Nacher, diversas conferencias...)