dissabte, 9 d’abril de 2016

PARA LEER EL TAO TE KING 2





Viene de la entrada anterior 2/2







Veamos algunos de los capítulos, en dos de sus diversas traducciones.


Versión Stephen Mitchell
1)

El Tao del que puede hablarse
no es el Tao eterno.
El nombre que puede nombrarse
no es el Nombre eterno.

Lo eternamente real es innombrable.
El nombre es el origen
de todas las cosas particulares.

Libre de deseo, comprendes el misterio.
Atrapado en el deseo, solo ves sus manifestaciones

Y, sin embargo, misterio y manifestaciones
brotan todos de la misma fuente.
A esta fuente se le llama oscuridad.

Oscuridad de oscuridades;
he aquí la puerta a toda comprensión.

Versión Sanriki Jaramillo

El Tao que puede ser nombrado no es el Tao eterno.
El nombre que puede ser pronunciado no es el nombre eterno.
Lo Innombrable es el principio del Cielo y la Tierra.
Lo Nombrable es la madre de las Diez Mil Cosas.
Sin deseos se puede ver el Misterio;
Con deseos se puede ver sus manifestaciones.
Los dos brotan de la misma fuente, pero tienen diferentes
nombres para una misma realidad.
Oscuridad dentro de la oscuridad,
Profundo misterio,
Puerta de la transformación de todos los seres.

2)
Cuando contemplamos algo y lo vemos bello,
algo, en cambio, resulta feo.
Cuando contemplamos algo y lo vemos bueno,
algo, en cambio, resulta malo.
El ser y el no-ser se crean mutuamente.
Lo difícil y lo fácil se apoyan mutuamente.
Lo largo y lo corto se definen mutuamente.
Lo alto y lo bajo dependen mutuamente.
El antes y el después se suceden mutuamente.
Por ello, el Maestro
actúa sin hacer
y enseña sin decir.
Las cosas surgen y él deja que vengan;
las cosas desaparecen y él deja que partan.
El Maestro tiene, pero no posee;
actúa, mas no espera nada.
Cuando su obra termina, la olvida;

por eso es imperecedera.

Bajo el cielo, cuando algo se concibe como bello,
aparece lo feo.
Cuando todos reconocen algo como bueno,
surge lo malo.
Por lo tanto, ser y no-ser se engendran uno al otro,
Tener y no tener se originan juntos,
Difícil y fácil se producen mutuamente,
Largo y corto se contrastan uno al otro,
Alto y bajo se apoyan uno al otro,
Palabra y sentido se armonizan uno al otro,
Adelante y atrás se siguen uno al otro.
Esta es la ley de la naturaleza.
Por eso el sabio va de un lado al otro
sin hacer nada, enseñando sin hablar.
Las Diez Mil Cosas se elevan y caen sin cesar.
Pero él crea, sin buscar posesión;
Trabaja, sin esperar reconocimiento;
Hecho el trabajo, pronto lo olvida.
Porque no lo reclama,
Su mérito perdura para siempre.
5)
El Tao no toma partido;
da nacimiento tanto al bien como al mal.
El Maestro no toma partido;
da la bienvenida tanto a santos como a pecadores.
El Tao es como un fuelle:
está vacío y, sin embargo, es infinitamente capaz.
Cuanto más lo usas, más produce;
cuanto más hablas de él, menos lo comprendes.

Mantente en el centro.

Cielo y Tierra no tienen compasión,
Ven a las Diez Mil Cosas como perros de paja.
El sabio no tiene compasión,
Ve a las personas como perros de paja.
El espacio entre Cielo y Tierra parece un fuelle:
Vacío, pero no se agota.
Mientras más se mueve, más da de él.
Mientras más conocemos, más pobres somos.
Mejor es mantener el centro,
Conservar el vacío interior.
8)

La bondad suprema es como el agua,
que todo lo nutre sin pretenderlo.
Se contenta con los lugares inferiores que la gente
desdeña, Por eso es como el Tao.
Al morar, vive cerca del suelo.
Al pensar, mantente en lo simple.
En el conflicto, sé considerado y generoso.
Al gobernar, no intentes controlar.
Al trabajar, haz lo que disfrutes.
En la vida familiar, permanece plenamente presente.
Cuando te contentes con ser simplemente tú mismo,
y no te compares ni compitas,
todos te respetarán.


El hombre de bondad superior es como el agua.
El agua en su quietud
Da vida a las Diez Mil Cosas sin esfuerzo.
Fluyendo por los lugares que los hombres desprecian
se acerca al Tao.
Al habitar, abraza a la Tierra;
Al meditar, va profundo al corazón;
Al tratar a los demás, es suave y bondadoso;
Al hablar, es veraz;
Al gobernar, es justo;
Al trabajar, es competente;
Al actuar, es oportuno.
Si no hay lucha, no hay error.
La falta de quietud impide la superación.
11)

Unimos los radios en una rueda,
pero es el agujero central
lo que permite que el carro se mueva.

Torneamos la arcilla para hacer una vasija,
pero es el vacío interno
lo que contiene aquello que vertemos en ella.

Hincamos estacas para construir una cabaña,
pero es el espacio interior
lo que la hace habitable.

Trabajamos con el ser,
pero es el no-ser lo que usamos.


Treinta radios convergen en el eje de la rueda,
Pero en el orificio del centro está su utilidad.
Modela la arcilla en forma de un vaso;
En el vacío interior está su utilidad.
Abre puertas y ventanas para un cuarto;
Pero son los huecos los que les dan su utilidad.
Por lo tanto, del ser surge la ganancia,
Del no-ser, la utilidad.
22)

Si quieres ser todo,
acepta ser parte.
Si quieres ser recto,
acepta estar torcido.
Si quieres ser pleno,
acepta estar vacío.
Si quieres renacer,
acepta morir.
Si quieres que te sea todo dado,
abandónalo todo.
El Maestro, residiendo en el Tao,
es un modelo para todos los seres.
Puesto que no se exhibe,
la gente puede ver su luz.
Puesto que nada tiene que demostrar,
la gente puede confiar en sus palabras.
Puesto que no sabe quién es,
la gente se reconoce en él.
tuesto que no tiene una meta en mente,
todo cuanto hace es un éxito.



Rendirse y triunfar,
Doblegarse y permanecer recto,
Vaciarse y estar lleno,
Gastarse y estar nuevo,
Tener poco y ganar mucho,
Tener mucho y estar perdido.
Por lo tanto, los hombres sabios abrazan la unidad
y son un ejemplo para todos.
Sin hacer ostentación, brillan al frente.
No se ensalzan, y por eso logran distinguirse.
Sin buscar provecho, reciben reconocimiento.
Sin jactancia, nunca titubean.
No pelean y nadie pelea con ellos.
Por eso dicen los antiguos: “Rendirse y triunfar”
¿Tiene valor estas palabras?
Es el único camino para conservar la integridad.

27)

Un buen viajero no tiene planes fijos
ni está empeñado en llegar a parte alguna.
Un buen artista permite
que su intuición le guíe a donde quiera.
Un buen científico se libra de conceptos
y mantiene su mente abierta a lo que es.
Así, el Maestro es accesible a todos
y no rechaza a nadie.
Emplea todas las situaciones
y no desperdicia nada.
A esto se le llama encarnar la luz.
¿Qué es un buen hombre sino maestro de un hombre malo?
¿Qué es un mal hombre sino la tarea de un hombre bueno?
Si no comprendes esto, te perderás
por inteligente que seas.

Éste es el gran secreto.

Un buen caminante no deja huellas,
Un buen orador no tiene tropiezos,
Un buen contador no necesita ábaco.
Una buena puerta no necesita cerrojos ni candados,
Sin embargo, nadie puede abrirla.
Por eso el sabio se ocupa de todos los hombres
Y nunca los abandona.
Se ocupa de todas las cosas,
Sin descuidar ninguna.
A esto se llama “clara visión”.
¿Qué es un hombre bueno?
El maestro de todos los hombres.
¿Qué es un hombre malo?
La tarea de un hombre bueno.
Si el maestro no es respetado
Y el discípulo no pone atención,
A pesar de su talento, surgirá la confusión.
Este es el punto crucial del misterio.
29)

¿Quieres mejorar el mundo?
No creo que pueda hacerse.
El mundo es sagrado.
No puede mejorarse.
Si lo manoseas, lo arruinas.
Si lo tratas como un objeto, lo pierdes.
Hay un tiempo para estar delante
y un tiempo para estar detrás.
Un tiempo para estar en movimiento
y un tiempo para estar en descanso.
Un tiempo para estar vigoroso
y un tiempo para estar exhausto.
Un tiempo para estar a salvo
y un tiempo para estar en peligro.
El Maestro ve las cosas tal cual son
sin intentar controlarlas.
Deja que sigan su propio curso
y reside en el centro del círculo.


¿Piensas que puedes atrapar el mundo y mejorarlo?
Yo no creo que algo así se pueda hacer.
El mundo es un recipiente sagrado
Que no se puede forzar.
Si tratas de cambiarlo, lo arruinarás.
Si tratas de atraparlo, lo perderás.
Por eso, a veces, las cosas van adelante y, a veces, atrás;
A veces la respiración es difícil, a veces, fácil;
A veces hay fortaleza y, a veces, debilidad;
A veces uno está arriba y, a veces, abajo.
Por lo tanto el sabio evita extremos, excesos y complacencia.
32)

El Tao no puede ser percibido.
Más diminuto que nada,
contiene incontables universos.
Si los hombres y mujeres poderosos
pudieran permanecer centrados en el Tao
todo estaría en armonía.
El mundo sería un paraíso.
Las gentes hallarían paz
y la ley estaría escrita en sus corazones.
Con los nombres y las formas
reconoce que son provisionales.
Con las instituciones
reconoce cuándo deben cesar sus funciones.
Sabiendo cuándo parar,
puedes evitar cualquier peligro.
Todo acaba en el Tao
como los ríos confluyen en el mar.


El Tao, permanente, no tiene nombre.
Aunque pequeño como leño informe,
nadie lo puede doblegar.
Si reyes y señores pudieran conducirlo,
Las Diez Mil Cosas les obedecerían.
Se unirían Cielo y Tierra
Y una suave lluvia caería.
Los hombres ya no necesitarían ni normas ni enseñanzas,
Encontrarían el orden por sí mismos.
Dividido el todo, las partes necesitan nombre;
Al aparecer los nombres,
Hay que saber que es el tiempo de parar.
Al saber parar se evita el peligro.
El Tao en el mundo es como un río que fluye
sin trabas hacia el mar.

33)

Conocer a otros es inteligencia;
conocerse a sí mismo es verdadera sabiduría.
Ser maestro de otros es fuerza;
ser maestro de sí mismo es verdadero poder.

Si comprendes que tienes suficiente,
eres auténticamente rico.
Si permaneces en el centro
y abrazas la muerte de todo corazón,
perdurarás siempre.


Conocer a los otros es sabiduría,
Conocerse a sí mismo es iluminación.
Dominar a los demás requiere fuerza,
Dominarse a sí mismo, es ser fuerte.
El que sabe que tiene suficiente es rico,
Perseverancia es un signo de fuerte voluntad.
El que se mantiene firme dura largo tiempo.
Morir sin desparecer es longevidad.
41)
Cuando un hombre superior oye del Tao,
inmediatamente comienza a encarnarlo.
Cuando un hombre normal oye del Tao,
medio cree, medio duda de él.
Cuando un hombre estúpido oye del Tao,
se ríe a carcajadas.
Si no riera
no sería el Tao.
Así pues se dice:
La senda hacia la luz parece tenebrosa,
la senda hacia delante parece retroceder,
la senda directa parece la más larga,
el verdadero poder parece débil,
la verdadera pureza parece deslustrada,
la verdadera constancia parece voluble,
la verdadera claridad parece oscura,
el arte más elevado parece simple,
el mayor amor parece indiferente,
la mayor sabiduría parece ingenua.
No es posible hallar el Tao en parte alguna;
sin embargo, nutre y completa toda cosa.


El discípulo avanzado oye acerca del Tao y lo practica
con dedicación.
El discípulo corriente oye acerca del Tao y piensa en él
de vez en cuando.
El discípulo inferior oye acerca del Tao y se ríe a carcajadas.
Si no fuera asunto de risa, el Tao no sería el verdadero Tao.
Por lo tanto, se ha dicho:
“El camino luminoso parece oscuro,
Avanzar parece retroceder,
La vía fácil parece difícil.”
La virtud superior parece vacía,
La gran pureza parece mancillada,
La abundancia de virtud parece inadecuada.
El poder de la virtud parece débil,
La verdad esencial parece falsa,
El cuadrado perfecto no tiene esquinas.
Los grandes talentos maduran tarde,
Las notas altas son difíciles de oír,
La gran imagen carece de forma.
El Tao, aunque grande, permanece oculto y sin nombre.
Sólo el Tao alimenta y conduce todas las cosas
a la realización.
48)

En la búsqueda de conocimiento
cada día se añade algo.
En la práctica del Tao
cada día se abandona algo.
Cada vez es más superfluo forzar las cosas
hasta que al fin se llega a la no-acción.
Cuando nada se hace,
nada queda por hacer.
La verdadera maestría se alcanza
dejando que las cosas sigan su curso.

No puede alcanzarse interfiriendo.

Si perseveras en los estudios, cada día aprenderás algo;
Si perseveras en el Tao, cada día perderás algo.
Haciendo cada vez menos,
se logra la no-acción.
Cuando no se hace nada, nada se deja de hacer.
El mundo se gobierna dejando que las cosas
sigan libremente su curso.
No se puede gobernar permaneciendo
lleno de ocupaciones.
49)

El Maestro no tiene mente propia.
Obra con la mente de la gente.
Es bueno con quienes son buenos.
También es bueno con quienes no lo son.
Esto es verdadera bondad.
Confía en quienes son confiables.
También confía en quienes no lo son.
Esto es verdadera confianza.
La mente del Maestro es como el espacio.
La gente no le comprende.
Le miran y aguardan.
Él los trata como a sus propios hijos.


El sabio no piensa en sí mismo,
Hace suyas las necesidades de los otros.
Ser bueno con la gente que es buena
Y también con la gente que no lo es.
Esa es la Virtud superior.
Ser leal con los que son leales
Y también con los que no lo son.
Esa es la lealtad superior.
El sabio es tímido y humilde, parece confuso.
Los hombres lo miran y escuchan.
El sabio los trata como niños.
52)

En el principio era el Tao.
Todo surge de él;
a él todo retorna.
Para hallar el origen de algo,
remonta su rastro hasta la fuente.
Cuando reconozcas a los hijos
y encuentres a la madre,
estarás libre de pena.
Si cierras tu mente con juicios
y traficas con deseos,
tu corazón se turbará.
Si libras tu mente de juicios
y no te dejas arrastrar por los sentidos,
tu corazón hallará paz.
Ver en la oscuridad es claridad.
Saber ceder es fortaleza.
Usa tu propia luz
para retornar a la fuente de la luz.
Esto es practicar la eternidad.


El principio del Universo
Es la madre de todas las cosas.
El que conoce a la madre, también conoce a los hijos;
El que conoce a los hijos, retorna a la madre
Y así se libera del miedo a la muerte.
Mantén tu boca cerrada,
Bloquea tus sentidos
Y la vida será siempre plena hasta el final.
Abre tu boca,
Vive siempre ocupado
Y la vida estará más allá de toda esperanza.
Ver lo pequeño es penetración,
Mantenerse débil es fortaleza.
Servirse de la luz, para regresar a la claridad
Y de esta manera evitar las desgracias,
A esto se llama seguir lo permanente.
56)

Los que saben no hablan.
Los que hablan no saben.
Cierra tu boca,
desembota tus sentidos,
desafila tu astucia,
desata tus nudos,
suaviza tu mirada,
decanta tu polvo.
Ésta es la identidad primordial.
Sé como el Tao.
No puede ser acercado o apartado,
beneficiado o dañado,
honrado o difamado.
Se da continuamente.
Por eso perdura.


Los que saben no hablan,
Los que hablan no saben.
Conserva tu boca cerrada,
Cuida tus sentidos (puertas),
Modera tu agudeza,
Simplifica tus problemas,
Oculta tu brillo,
Se uno con el polvo de la Tierra.
Ésta es la unión primordial y misteriosa.
El que ha llegado a este estado,
No hace diferencias entre amigos y enemigos,
Ganancia y pérdida, honor y desgracia.
Ésta por tanto es la suprema nobleza del hombre.
66)

Todos los ríos fluyen al mar
porque el mar está más abajo que ellos.
La humildad le otorga su poder.
Si quieres gobernar a la gente
debes situarte por debajo de ella.
Si quieres dirigir a la gente
debes antes aprender a seguirla.
El Maestro está por encima de la gente
y nadie es oprimido.
Va delante de la gente
y nadie es manipulado.
Todo el mundo le está agradecido
y, debido a que con nadie compite,
nadie puede competir con él.



¿Por qué mares y ríos son reyes de todos los valles?
Porque permanecen debajo de ellos,
Por eso reinan sobre todos los valles.
Por eso el sabio, cuando guía al pueblo,
lo sirve con humildad;
Cuando lo conduce, siempre se pone atrás;
De esta manera, cuando el sabio gobierna
el pueblo no se siente oprimido;
Cuando se para al frente, nadie se siente herido.
Todo el mundo le ayuda, sin cansarse de él.
Como no compite con nadie,
Nadie compite con él.
71)

No-saber es auténtica sabiduría.
Presumir que se sabe es una enfermedad.
Primero, date cuenta de que estás enfermo;
sólo entonces podrás recobrar la salud.


Conocer que el conocimiento es ignorancia
es la perfección.
Creer que la ignorancia es conocimiento
es como padecer un mal.
Como el sabio padece este mal
está libre de él.
Al estar cansado de padecerlo,
no lo padece más.
73)

El Tao siempre está en paz.
Vence sin competir,
responde sin hablar,
llega sin ser llamado,
logra sin un plan.

Como una red, recubre el universo entero.
Y aunque sus mallas son amplias,

nada hay que se le escape.

Quien es valiente y temerario, morirá asesinado;
Quien es valiente y no temerario, mantendrá la vida;
De los dos, uno recibe beneficio y el otro daño.
Algunas cosas no reciben el favor del Cielo.
¿Quién sabe la razón?
El Tao del Cielo no lucha, y sin embargo, vence;
No habla, y sin embargo, responde;
Sabe acudir sin ser llamado;
Realiza sus planes sin apremio.
Vasta se extiende la red del Cielo,
Aunque su malla es burda, nada se le escapa.
74)

Si comprendes que todo cambia,
cesarán tus intentos de aferrarte.
Y si no temes morir,
nada habrá que se te niegue.
Intentar controlar el futuro es
como usurpar el lugar del maestro carpintero.
Al usar sus herramientas,

lo más probable es que te cortes la mano.

Si los hombres ya no temen la muerte,
¿De qué sirve amenazarlos con ella?
Pero si fuera posible hacer que la temieran siempre
Y se pudiera aprehender y ejecutar a los infractores de la ley,
¿quién se atrevería a violarla?
Alguien tiene entonces encomendada la tarea de matar.
Tratar de tomar su lugar,
Es como aserrar madera en lugar del carpintero,
Raro sería que no te hirieras la mano.
78)

Nada hay en el mundo
tan blando y adaptable como el agua.
Sin embargo, en disolver lo duro y lo inflexible
nada puede superarla.
Lo blando vence a lo duro;
lo suave, a lo rígido.
Todos saben que esto es verdad,
mas pocos lo ponen en práctica.
Por ello el Maestro permanece
sereno en medio de la pena.
El mal no puede penetrar su corazón.
Porque ha renunciado a ayudar,
es la mayor ayuda de la gente.

Las verdaderas palabras parecen paradojas.

En el mundo, nada es más suave y blando que el agua,
Pero nada la supera al atacar lo duro y lo fuerte,
En esto no tiene igual.
El agua vence a lo más duro,
Lo débil vence a lo fuerte,
Todos en el mundo saben esto,
Pero nadie es capaz de practicarlo.
Por eso, el sabio dice:
“Sólo el que carga la humillación del pueblo
es capaz de gobernarlo;
“Sólo el que carga los desastres del país
merece ser llamado el rey del universo.”
Las palabras verdaderas a menudo suenan paradójicas.
81)

Las palabras verdaderas no son elocuentes;
las palabras elocuentes no son verdaderas.
Los sabios no precisan probar su opinión;
quienes precisan probar su opinión no son sabios.
El Maestro no tiene posesiones.
Cuanto más hace por otros,
mayor es su felicidad.
Cuanto más da a los demás,
más grande es su riqueza.
El Tao nutre porque no fuerza.
Porque no domina, el Maestro guía.


Las palabras verdaderas no son bellas,
Las palabras bellas no son verdaderas.
Los hombres buenos no discuten,
Los que discuten no son buenos.
Los que saben no son eruditos,
Los eruditos nada saben.
El sabio no acumula cosas;
Mientras más hace por los otros, más tiene,
Mientras más da a los otros, mayor es su abundancia.
Lo propio del Tao del Cielo es dar
sin causar daño;
Lo propio del Tao del sabio es actuar
sin luchar.

Podríamos hacer un alto para ver el tercer vídeo de Tolle:






Enseñanzas


Las enseñanzas de Lao-Tsé, y consecuentemente las de la Filosofía Taoísta, están basadas en el análisis de la Naturaleza en su más amplio sentido, con el fin de obtener el enfoque acerca del funcionamiento natural de la existencia, para determinar cuál es el Orden Natural de las cosas. Esta visión Universalista es la que Lao-Tsé toma como punto de partida para su tesis filosófica, analizando el funcionamiento dual de la naturaleza universal existente (Yin-Yang) para luego ahondar en conceptos más amplios acerca del origen cosmológico del Universo, y así determinar el funcionamiento fluido u Orden Natural con el cual las diferentes formas han ido mutando para perpetuar la continuidad de la existencia. En base a esto, Lao-Tsé determina cuál es el Orden Natural que los seres vivos, y principalmente el Hombre debe llevar a cabo para mejorar su existencia y avanzar hacia el continuo cambio en pos de la superación, explicando como es que al no seguir estas normas naturales, el hombre se ha descarriado de su armonía cósmica y ha generado sus propias calamidades por contradecir el ritmo natural y lo ha sustituido por ordenanzas y actitudes absolutistas, superficiales y dogmáticas que acabaron por desequilibrar a la humanidad, favoreciendo a sus clases dominantes a costa del infortunio de las clases inferiores.
A raíz de estas observaciones cosmológicas y naturales, Lao-Tsé desarrolla diferentes conceptos filosóficos que pretenden explicar los aspectos más trascendentes de la vida de la humanidad, abarcando así toda clase de campos de estudio, desde la cosmología y sus explicaciones acerca del origen del Universo, hasta los aspectos de la vida diaria de la sociedad humana, como la sociología, la política, la economía y la religión.





La base del pensamiento cosmológico y filosófico de Lao-Tsé es el Tao, un concepto abstracto generalmente poco entendible y hasta malinterpretado por los occidentales, y orientales que desconocen los conceptos del pensamiento Taoísta. La malinterpretación superficial y religiosa hace creer que el Tao es un dios o algún otro tipo de "entidad espiritual o suprema", pero en realidad Lao-Tsé describe al Tao como el origen de todo, la fuente primordial de todo lo existente, tanto lo físico como lo abstracto, por lo que define al Tao como un concepto superprofundo de unidad primordial que escapa a la idea fijista y mítica de un dios, un ser, o cualquier otra personificación; contrariamente, Lao-Tsé describe al Tao como abstracto, amorfo, intangible, inaudible e inasible, por lo que las posteriores formas de la naturaleza han surgido del Tao, y así también lo que carece de forma, por lo que el Tao no se describe como una de estas dos cosas, sino como la primordialidad neutra de la cual todo lo demás surge, siendo así el origen cosmológico y esencia de todo lo existente; y el concepto básico de la filosofía Taoísta, pero no una sustancia vaporosa o un ser sobrenatural.
Acerca del origen del Tao, Lao-Tsé plantea que al ser éste la primordialidad esencial de todo, es entonces el Tao el origen de las cosas y no el Tao la creación de algo o alguien más, debido a que son las cosas definidas del universo las que fluyeron de las mutaciones constantes y consecuentes del Tao, por lo que éstas son las cosas que el hombre logra conocer y catalogar bajo nomenclaturas, pero el Tao en sí no es una cosa, sino que es la cosa en sí; no de la forma absolutista de imperatividad jerárquica, sino como esencia infinita generadora de los posteriores cambios que tomaron forma en las diferentes manifestaciones; por lo que tanto los seres vivos, los objetos inanimados, la Tierra misma y el Cielo, todos han de ser formas que surgieron de cambios anteriores de la propia naturaleza, siendo así la Naturaleza la Madre de todas las cosas, y en su punto ancestralmente neutral la Naturaleza no había adoptado formas pero existía en sí misma, y por si misma fluyó y adoptó formas en las cuales manifestarse, y es a eso lo que Lao-Tsé llama Tao, explicando que Tao es sólo uno de los nombres posibles de darle, pero no el nombre original en sí, ya que son los hombres quienes requieren de nombrar las cosas para reconocerlas, pero la Naturaleza en sí misma carece de nombres ya que no los necesita.





A raíz del Tao, Lao-Tsé argumenta la dualidad consecuente de éste, y por ende la relatividad natural de la existencia. Lao-Tsé llama Ser (You) y No-Ser (Wu) a los dos aspectos ontológicos emergentes del Tao; el Ser como categorización de todo lo manifiesto y perceptible del Universo, englobando así todos sus aspectos y creaciones, y el No-Ser como el aspecto oculto y metafísico de la existencia, siendo éste la etereidad ontológica de lo manifiesto, pero no un "antítesis" del Ser, ya que la metafísica Taoísta no trata de antagónicos como los occidentales acostumbran a ver, sino que para Lao-Tsé la naturaleza es relativa y dialéctica, por lo que Ser y No-Ser son dos aspectos diferentes pero complementarios, ambos provenientes del Tao, y no dos posturas distintas que se confrontan entre sí. El Ser es el mundo fenoménico en el cual suceden las cosas, y el No-Ser el aspecto no-fenoménico de ese mundo fenoménico, por lo que no existiría uno sin otro, y ninguno implica la anulación de su contraparte; no es el No-Ser un reino vaporoso y espiritual, y no es el Ser una tangibilidad absoluta y permanentemente inmutable; ambos son parte del devenir cósmico del Tao, y esto es lo que Lao-Tsé explica en su filosofía.
Siendo el Tao la raíz de todo lo existente tanto en sus manifestaciones físicas como en sus aspectos abstractos, el Tao entonces es en sí mismo absoluto, pero paradójicamente implica que nada es absoluto porque todo en la naturaleza requiere de cambios que permitan la continuidad progresiva del propio fluir cósmico, razón por la cual el Tao no existe en sí mismo como un ente jerárquico, sino como esencia de todo lo demás que ha surgido de él, y tanto los aspectos metafísicamente duales como Ser y No Ser, y las dualidades cósmicas como Cielo y Tierra, han de ser precisamente manifestaciones de la relatividad y complementariedad de los cambios mutacionales que el Tao efectuó y que dieron origen a la existencia; de modo que si el Tao fuera absolutista, la naturaleza no habría mutado y no se habrían originado cambios dialécticos que dieran origen a la existencia. Éste es un principio altamente importante en la filosofía Taoísta, ya que implica que el orden natural de las cosas es el fluir constante y que permite los cambios que generan la evolución en todos los aspectos de la naturaleza, razón por la cual Lao-Tsé insiste en la relatividad mutacional del Tao, ya que éste es el único modo de lograr que las diferentes cosas logren amoldarse a los cambios para mutar y transformarse en formas mas eficientes que permitan continuar el fluir natural de la existencia, ya que de lo contrario, se produciría el estancamiento que detendría el avance u Orden Natural de las cosas. Este concepto ha sido aplicado por Lao-Tsé en toda su filosofía.

Veamos el último de los vídeos de E. Tolle sobre el Tao Te King:




En cuanto al Orden Natural del Tao, Lao-Tsé explica que este es el modo en que la naturaleza permite la continuidad de la existencia, por lo que el Tao no realiza cosas en favor de intereses personales, ya que carece de intereses propios, sólo es el fluir constante de la existencia, favoreciendo así a todos los seres y cosas en pos de su continuidad en vez de declinarse sólo por unos pocos, por lo que el Tao es imparcial y justo, es el equilibrio y la armonía que la filosofía oriental impulsa a seguir para mejorar la existencia, contrariamente a los tabúes y reglas absolutistas que el hombre impuso para favorecer a unos pocos, a costa del infortunio de todos los otros.
Lao-Tsé enseña que todo es causa y efecto, por lo que cada aspecto que podemos percibir hoy, es originario de otro aspecto oculto que le antecedió históricamente, explicando así como el Universo mismo y sus cosas existentes son resultado de hechos anteriores, y no de creaciones espontáneas. De esta idea nace el Principio de Acción y Reacción que los Taoístas mencionan al explicar cómo es que todo lo existente deviene de algo anterior; todo tiene un por qué, mostrando como el Tao no hace las cosas arbitrariamente, sino que todo es causal, y no casual, y esto no se limita solo al origen cosmológico del Universo, sino a la vida diaria de todos los seres vivos, incluido entre éstos el hombre, ya que todo lo que está establecido en la esfera de la sociedad humana no ha de haber sido eterno ni absoluto, sino que fue creado por las propias causas que los hombres han desarrollado, siendo la vida actual la consecuencia de los propios hechos que la humanidad ha desarrollado anteriormente.






Con la importante tónica del cambio constante, Lao-Tsé explica como este Principio de la Mutación Perpetua es lo que originó el universo y todo lo conocido, a raíz del Tao y sus consecuentes cambios metafísica y físicamente ontológicos llamados Ser y No-Ser. Lao-Tsé explica que el Tao en su Unidad es mínimo y absoluto, pero tras mutar y relativizarse da origen a la Dualidad, la cual se explicó anteriormente como Ser y No-Ser, pero así mismo, el mundo del Ser se subdivide en una consecuente tercera fase de esta mutación del Tao, originando así el Universo conocido, representado por Lao-Tsé como Cielo y Tierra, siendo éste el mundo fenoménico donde tras las posteriores mutaciones naturales consecuentes se originaron los diferentes elementos y los seres vivos, entre los cuales se encuentra el hombre. Tras la división del Tao, Lao-Tsé hace hincapié en el hecho de que toda la naturaleza es relativa y se sucede de cambios constantes dialécticamente complementarios, llamándole así a los dos aspectos opuestos y complementarios Yin y Yang, presentes en todo el devenir cósmico de la naturaleza, tanto en los orígenes metafísicos como en los seres vivos y el mundo fenoménico, aplicándose así también para analizar todo lo existente, incluidos los aspectos sociales y humanos que Lao-Tsé estudia en su filosofía.
Lao-Tsé explica como Yin y Yang no son elementos confrontados, sino que sus características opuestas se complementan para conformar así la Totalidad del Tao, siendo que de esa forma, las mutaciones naturales permiten que lo asociado como Yin se vuelva Yang, y viceversa, dando así el ritmo dialéctico que permite la fluidez natural de la Energía (Chi), la cual representa la vitalidad de lo existente, siendo de esa forma Yin y Yang la mecánica de funcionamiento dialéctico de la Energía, en otras palabras, la relatividad y el cambio natural que permite la fluidez de la Naturaleza, la cual obtiene armonía al hallar equilibrio entre sus dos aspectos opuestamente complementarios.







Tras mutar el Tao y cambiar constantemente la naturaleza, todo lo existente se ha creado, por lo que Lao-Tsé sostiene que todo es naturalmente Tao ya que el Tao es el origen común de todas las cosas. Siendo así, todas las cosas funcionan en armonía con la naturaleza cuando cumplen la función natural que poseen dadas sus características, a las cuales Lao-Tsé se refiere como la Virtud –tambien traducido como Poder- (Te) que las cosas obtienen del Tao. Con este sentido de Virtud como cualidad de cada forma existente para lograr su desempeño natural, Lao-Tsé explica que el orden natural de las cosas es seguir su desenvolvimiento nato, y no descarriarse en maneras contrarias a su comportamiento natural, ya que estas desequilibran la naturaleza y acaban por destruirla. De esa forma Lao-Tsé habla de la Virtud en el hombre como el funcionamiento armonioso en pos de su naturaleza y su desenvolvimiento social, en contraste con el comportamiento rutinario forjado por ordenanzas impuestas artificialmente que resultan contradecir la naturaleza universalista que el hombre debería seguir naturalmente para perpetuar su bienestar en el mundo
Así, con este análisis cosmológico Lao-Tsé basa sus enseñanzas en el funcionamiento natural de las cosas, explicando que la naturaleza prosperó debido a sus constantes cambios evolutivos y a la no obstrucción de su desarrollo natural, mostrando esto como ejemplo para la vida del hombre, argumentando como las normas y tabúes impuestos no han de ser la propia naturaleza del hombre sino reglamentaciones artificiales impuestas por mandato jerárquico, siendo estas normativas restricciones que impiden al hombre desenvolverse con libertad y naturalidad para forjar un desarrollo próspero acorde a su naturaleza, por lo que la libertad que el hombre necesita sólo la alcanzará tras liberarse de las ataduras superficiales para así adoptar la forma de vida libre y sin restricciones, que le permitan desenvolverse armónicamente como la naturaleza enseña, y de esa forma alcanzar el hombre la prosperidad para su vida y el desarrollo del bien común.

Os invito a continuación a ver éste bellísimo corto sobre el Tao del Viajero -que somos todos-






El Hombre Sabio del Tao.


“Renée Guenon, en un excelente artículo sobre Confucianismo y Taoísmo nos habla del Hombre Sabio y nos dice: “Lao-Tsé u no escribió más que un solo tratado, por lo demás extremadamente conciso, el Tao-te-King o «Libro de la Vía y de la Rectitud»; todos los demás textos Taoístas son, o comentarios de ese libro fundamental, o redacciones más o menos tardías de algunas enseñanzas complementarias que, primeramente, habían sido puramente orales. El Tao, que se traduce literalmente por «Vía», y que ha dado su nombre a la doctrina misma, es el Principio supremo, considerado bajo el punto de vista estrictamente metafísico: es a la vez el origen y el fin de todos los seres, así como lo indica muy claramente el carácter ideográfico que le representa. El Te, que preferimos traducir por «Rectitud» antes que por «Virtud» como se hace a veces, y eso a fin de no parecer darle una acepción «moral» que de ningún modo está en el espíritu del Taoísmo, el Te, decimos, es lo que se podría denominar una «especificación» del Tao en relación a un ser determinado, tal como el ser humano por ejemplo: es la dirección que este ser debe seguir para que su existencia, en el estado en que se encuentra al presente, sea según la Vía, o, en otros términos, en conformidad con el Principio. Lao-Tsé u se coloca pues primero en el Orden Universal, y desciende después a una aplicación; pero esta aplicación, aunque apuntando propiamente al caso del hombre, de ningún modo se hace bajo un punto de vista social o moral; lo que se considera en ella, es siempre y exclusivamente el vinculamiento al Principio supremo, y así, en realidad, no salimos del dominio metafísico.





El «no-actuar» en punto ninguno es la inercia, es antes al contrario la plenitud de la actividad, pero es una actividad transcendente y enteramente interior, no manifestada, en unión con el Principio, y pues, más allá de todas las distinciones y de todas las apariencias que el vulgo toma sin razón por la realidad misma, cuando ellas no son más que un reflejo lejano de aquél.
Para el Taoísmo, es cuestión de muy otra cosa, de una realización plenamente efectiva de ese estado transcendente. Colocado en el centro de la rueda cósmica, el sabio perfecto la mueve invisiblemente, por su sola presencia, sin participar en su movimiento, y sin tener que preocuparse de ejercer una acción cualquiera; su desligamiento absoluto le hace señor de todas las cosas, porque no puede ya ser afectado por nada. «Ha alcanzado la impasibilidad perfecta; la vida y la muerte le son igualmente indiferentes, el desfondamiento del universo no le causaría ninguna emoción. A fuerza de indagar, ha llegado a la verdad inmutable, al conocimiento del Principio universal único. Deja evolucionar a los seres según sus destinos, y se tiene, él, en el centro inmóvil de todos los destinos… El signo exterior  de ese estado interior es la imperturbabilidad; no la del bravo que se abalanza solo, por el amor de la gloria, sobre un ejército dispuesto en batalla; sino la del espíritu que, superior al cielo y a la tierra, a todos los seres, habita en un cuerpo al cual no se atiene, no hace ningún caso de las imágenes que sus sentidos le proveen, conoce todo por conocimiento global en su universalidad inmóvil. Ese espíritu, absolutamente independiente, es señor de los hombres; si le placiera convocarlos en masa, en el día fijado todos acudirían; pero no quiere hacerse servir». «Si un verdadero sabio hubiera debido, bien a su despecho, encargarse del cuidado del imperio, quedándose en el no-actuar, emplearía los ocios de su no-intervención en dar libre curso a sus propensiones naturales. El imperio se encontraría gustoso de haber sido remitido a las manos de ese hombre. Sin poner en juego sus órganos, sin usar de sus sentidos corpóreos, sentado inmóvil, vería todo desde su ojo transcendente; absorbido en la contemplación, quebrantaría todo como hace el trueno; el cielo físico se adaptaría dócilmente a los movimientos de su espíritu; todos los seres seguirían el impulso de su no-intervención, como el polvo sigue al viento. ¿Por qué ese hombre se iba a aplicar a la manipulación del imperio, cuando es que dejar ir basta?».





Pero una cuestión se plantea: ¿cómo puede uno llegar al estado que se describe como el del sabio perfecto? Aquí como en todas las doctrinas análogas que se encuentran en otras Tradiciones, la respuesta es muy clara: se llega ahí exclusivamente por el conocimiento; pero este conocimiento, ese mismo que Kong (Confucio)-tsen confesaba no haber obtenido en punto ninguno, es de muy distinto orden que el conocimiento ordinario o «profano», no tiene ninguna relación con el saber exterior de las «letras», ni, con mayor razón, con la ciencia tal como la comprenden los modernos occidentales. No se trata ahí de una incompatibilidad, ello, aunque la ciencia ordinaria, por los límites que plantear y por los hábitos mentales que hace tomar, pueda ser frecuentemente un obstáculo a la adquisición del verdadero conocimiento; pero quienquiera que posea éste debe tener forzosamente por desdeñables las especulaciones relativas y contingentes en que se complacen la mayoría de los hombres, los análisis y las búsquedas de detalle en que se embarazan, y las múltiples divergencias de opinión que son la inevitable consecuencia de ello. «Los filósofos se pierden en sus especulaciones, los sofistas en sus distinciones, los buscadores en sus investigaciones. Todos esos hombres están cautivos en los límites del espacio, cegados por los seres particulares». El sabio, al contrario, ha rebasado todas las distinciones inherentes a los puntos de vista exteriores; en el punto central donde él se tiene, toda oposición ha desaparecido y se ha resuelto en un perfecto equilibrio. «En el estado primordial, esas oposiciones no existían. Todas son derivadas de la diversificación de los seres, y de sus contactos causados por la rotación universal. Cesan de inmediato de afectar al ser que ha reducido su yo distinto y su movimiento particular a casi nada. Ese ser no entra más en conflicto con ningún otro ser, porque está establecido en lo Infinito, disuelto en lo indefinido. Ha llegado y se tiene (con el sentido de quedarse) en el punto de partida de las transformaciones, punto neutro donde no hay conflictos. Por concentración de su naturaleza, por alimentación de su espíritu vital, por reunión de todas sus potencias, se ha unido al principio de todas las génesis. Estando su naturaleza entera, estando su espíritu vital intacto, ningún ser podría mermarle».





«Su punto de vista en él, es un punto desde donde estoy y eso, sí y no, aparecen todavía no distinguidos. Ese punto es el pivote de la norma; es el centro inmóvil de una circunferencia, sobre el contorno de la cual ruedan todas las contingencias, las distinciones y las individualidades; desde donde nada se ve más que un infinito, que no es ni esto ni eso, ni sí ni no. Ver todo en la unidad primordial todavía no diferenciada, o desde una distancia tal que todo se funda en uno, he ahí la verdadera inteligencia… No nos ocupamos de distinguir, pero vemos todo en la unidad de la norma.
Así hace el sabio; dice sí o no, por el bien de la paz, y permanece tranquilo en el centro de la rueda universal, indiferente al sentido en el que la misma gira».
Apenas hay necesidad de decir que el estado del sabio perfecto, con todo lo que implica no puede ser alcanzado de un solo golpe,  no son accesibles más que al precio de esfuerzos de los que bien pocos hombres son capaces. Los métodos empleados a este efecto por el Taoísmo son por lo demás particularmente difíciles de seguir, y la ayuda que los mismos proveen es mucho más reducida que la que se puede encontrar en la enseñanza Tradicional de otras civilizaciones,
Por lo demás, inclusive en China, el Taoísmo jamás ha tenido una muy amplia difusión, y jamás tampoco ha apuntado a eso, habiéndose abstenido siempre de toda propaganda; esta reserva le es impuesta por su naturaleza misma; es una doctrina muy cerrada y esencialmente «iniciática», que como tal no está destinada más que a una élite, y que no podría ser propuesta a todos indistintamente, ya que no todos son aptos para comprenderla ni sobre todo para «realizarla». Se dice que Lao-Tsé u no confió su enseñanza más que a dos discípulos, que ellos mismos formaron a otros diez; después de haber escrito el Tao-te-King, desapareció hacia el oeste; sin duda se refugió en algún retiro inaccesible del Tíbet o del Himalaya, y, dice el historiador Sse-ma-tsien, «no se sabe ni dónde ni cómo acabó sus días».





Todo lo que es arrastrado en las revoluciones de la rueda cambia y pasa; solo permanece lo que, estando unido al Principio, se tiene invariablemente en el centro, inmutable como el Principio mismo; y el centro, al que nada puede afectar en su unidad indiferenciada, es el punto de partida de la multitud indefinida de las modificaciones que constituyen la manifestación universal”.
Hasta aquí la entrada de hoy.
Como siempre espero que os haya sido útil e interesante.