dilluns, 18 d’abril de 2016

LA PALABRA DEL BUDA 1

Según nos aclara Mónica Cavallé Cruz (Doctora en Filosofía y autora de libros sobre filosofía perenne y sabiduría oriental) en su artículo “El vedânta advaita ante el sufrimiento“:“… la doctrina de la no-dualidad (advaita-vâda), lejos de ser exclusiva de la tradición vedânta, constituye el eje central de prácticamente todas las grandes tradiciones espirituales y metafísico-gnósticas. Encontramos esta doctrina no-dual en el mundo índico (en el vedânta advaita, en el Shivaísmo de Cachemira, etc.), en el budismo (especialmente en el budismo mahâyâna, y dentro de éste, en el budismo zen), en el taoísmo, en el núcleo esotérico del islamismo (en el sufismo y la gnôsis shiíta), en la filosofía griega o de ascendencia griega, ligada a los Misterios (el orfismo, el platonismo, el neo-platonismo), en ciertas vertientes del gnosticismo y de la mística especulativa (Eckhart, Angelo Silesio…), en el hermetismo, en la qabbAlAh hebrea, etc.”

Como Sir Edwin Arnold hace notar: “Esta venerable religión – el budismo- contiene en sí la eternidad de una esperanza universal, la inmortalidad de un amor sin límites, un elemento indestructible de fe en el bien final, y la más rotunda afirmación que jamás se ha hecho de la libertad humana”.

“Hasta aquí el conocimiento sólo nos ha traído la muerte. Más adelante nos traerá una nueva vida. Pero por el momento todo es confusión y oscuridad. Porque hemos perdido nuestra fe en las hadas, porque ahora no creemos que existan duendes en nuestras cavernas, porque no existe espíritu en el viento ni voz en el trueno, nos hemos llegado a convencer de que los árboles y las rocas, las flores y las tempestades, son todas cosas muertas.
Nosotros, decimos que están formadas de materiales que ya conocemos, que están gobernados por leyes que hemos descubierto, y que no existe vida alguna en la naturaleza. Para el budista, así como para el griego en la antigüedad, toda la Naturaleza es una cosa viviente”. Mr. Fielding


Las últimas entradas de éste blog, se corresponden a un esfuerzo para ofrecer a los lectores, un recorrido por algunas de las principales aportaciones espirituales en la historia de la Humanidad, en el convencimiento de que existe la necesidad de una rapidísima y poderosa transformación, en el orden de los valores dominantes del mundo de hoy.
En las dos entradas anteriores dedicadas al Tao Te King, reproducíamos el siguiente pensamiento de R. Guenon: “La Tradición es de esencia doble, religiosa y metafísica; puede calificarse muy exactamente de exotérico el lado religioso de la doctrina, que es en efecto el más exterior y el que está al alcance de todos, y de esotérico su lado  metafísico, que constituye el sentido profundo de la misma, y que es, por otra parte, considerado como la doctrina de la élite; y esta distinción conserva bien su sentido propio, dado que son éstas las dos caras de una sola y misma doctrina». Conviene añadir que, para Guénon, el esoterismo es siempre y por todas partes el mismo, cualesquiera que sean los nombres que se le dan según la variedad de los países y tradiciones. Si el conocimiento verdadero de la última Realidad es el objeto final de la búsqueda esotérica, los métodos utilizados, aunque frecuentemente análogos, no son forzosamente idénticos; pueden variar como varían también las lenguas y los individuos. «La diversidad de los métodos, escribía Guénon el 3 de octubre de 1945, responde a la diversidad misma de las naturalezas individuales para las cuales están hechos; es la multiplicidad de las vías conducentes todas a una meta única».



Es conforme a éste pensamiento que presentamos las dos entradas que dedicaremos al Budismo en ésta ocasión. Nos ceñiremos lo máximo posible al mensaje original del Buda, personaje excepcional en su humanidad y en la ola de transformación espiritual que generó con su experiencia y enseñanzas. Para ello, nos acogeremos al Canon Palí, el más antiguo y “supuestamente fiel” a sus palabras, dejando de lado otras corrientes del budismo más en boga, como el budismo tibetano, o más próximo a mis personales puntos de vista, como el budismo zen. A éste último, deberemos remitirnos en alguna otra entrada posterior.
Como aviso a lo que nos viene encima, esos cambios de paradigma a los que me refería anteriormente, comenzaré por reproducir, los resultados de un reciente estudio.
Según todos los estudios que he podido consultar, en las próximas décadas se producirá un aumento espectacular de las religiones a nivel mundial, recíprocamente, un disminución porcentual equivalente, de las personas ateas, gnósticas o no adscritas a ninguna. Algunas de las razones son de tipo demográfico, parece bastante lógico que aquellos países del mundo con una tasa de crecimiento de la población más alta, con una población más joven, aporten un mayor número de creyentes a la religión dominante en su país, veamos el siguiente cuadro:



En el  2010, el cristianismo era, con mucho, la religión más grande del mundo, con un total estimado de 2.2 mil millones de adherentes, casi un tercio (31%) del total de 6,9 ​​millones de personas en la Tierra. El Islam fue segundo, con 1,6 mil millones de adherentes, o el 23% de la población mundial. Si las tendencias demográficas actuales continúan, el Islam casi igualará al cristianismo a mediados del siglo 21. Entre 2010 y 2050, se espera que la población total del mundo aumente a 9,3 mil millones, un aumento del 35%.  Durante ese mismo período, los musulmanes - una población relativamente joven, con altas tasas de fecundidad - se prevé que aumente en un 73%. El número de cristianos también se prevé que aumente, pero más lentamente, aproximadamente a la misma tasa (35%) que la población mundial en general.
Como resultado de ello, de acuerdo con las proyecciones del Pew Research, para el año 2050 habrá cerca de la paridad entre los musulmanes (2,8 mil millones, o el 30% de la población) y cristianos (2,9 mil millones, o el 31%), posiblemente por primera vez en la historia.
Con la excepción de los budistas, todos los principales grupos religiosos del mundo están preparados para, al menos, tener un cierto crecimiento en números absolutos en las próximas décadas. Se espera que la población mundial budista se mantenga bastante estable debido a las bajas tasas de fecundidad y al envejecimiento de la población en países como China, Tailandia y Japón. Pero a ello, habría que sumar los millares (o millones?) de practicantes de las técnicas de meditación zen y/o Mindfullness, tanto en Europa, como en los EE.UU y otros países americanos, independientemente de la religión a la que se adscriban.
A nivel mundial, la población hindú se prevé que aumente en un 34%, de poco más de 1 mil millones a cerca de 1,4 millones de dólares, más o menos mantener el ritmo de crecimiento de la población en general.  Los Judios, el grupo religioso más pequeño para el que se realizaron las proyecciones separadas, se espera que crezca un 16%, a partir de un poco menos de 14 millones en 2010 a 16.1 millones en el mundo en 2050.
Los adherentes de diversas religiones populares - incluyendo las religiones tradicionales africanas, religiones populares chinas, las religiones indígenas americanas y religiones aborígenes australianos - se prevé que aumenten en un 11%, pasando de 405 millones a casi 450 millones de dólares.
Y todas las demás religiones combinadas - una categoría general que incluye bahaíes, los jainistas, sijs, taoístas y muchos credos más pequeñas - se prevé un incremento del 6%, de un total de aproximadamente 58 millones a más de 61 millones en el mismo período.
Del mismo modo, la población religiosamente no afiliada se proyecta para reducir el tamaño como un porcentaje de la población mundial, a pesar de que se incrementará en número absoluto. En 2010, los censos y las encuestas indican, había alrededor de 1,1 mil millones ateos, agnósticos y las personas que no se identifican con ninguna religión en particular. En 2050, se espera que la población no afiliada a superar los 1,2 mil millones. Sin embargo, como porcentaje de todas las personas en el mundo, los que no tienen afiliación religiosa se ​​prevé que disminuyan del 16% en 2010 al 13% a mediados de este siglo.



Otro determinante importante del crecimiento es la distribución de la edad actual de cada grupo religioso ya que sus adherentes son predominantemente jóvenes, con sus años reproductivos todavía por delante.
En 2010, más de un cuarto de la población total del mundo (27%) fue menor de 15 años. Sin embargo, un porcentaje aún mayor de los musulmanes (34%) e hindúes (30%) eran menores de 15, mientras que la participación de los cristianos menores de 15 años coincidía con la media mundial (27%). Estas poblaciones de jóvenes son algunas de las razones por las que se proyectan los musulmanes a crecer más rápido que la población total del mundo y que los hindúes y los cristianos están proyectados para mantener más o menos el ritmo de crecimiento de la población en todo el mundo.
Más allá del año 2050 se espera que en el 2070 el número de cristianos y musulmanes en el mundo quede igualado, mientras que para el 2100 el número de musulmanes supere al de cristianos en un 1%.

La corriente filosófico-existencial imperante en la sociedad occidental, secularizada tras un profundo arraigo cristiano, que se halla ya superado por la llamada Nueva Era, ha permitido que se dieran las circunstancias idóneas para una rápida expansión de tradiciones trascendentales como el budismo, que en pocos años ha ganado más y más adeptos en Europa y Estados Unidos.
Es un hecho que la popularidad de una figura como la del Dalai Lama, otrora defenestrada por las férreas convicciones religiosas de corte romano-occidental, ha experimentado un notable ascenso en las diferentes sociedades occidentales durante los últimos años. El papel del líder espiritual del budismo tibetano ha pasado en Occidente de gran desconocido al entrañable personaje cuya voz y opinión es tenida en cuenta cada día más. Y no es extraño a éste fenómeno que muchas personalidades del mundo occidental se hayan sumado a una extraordinaria campaña de marketing, en favor de la libertad del Tibet.



Tal es el calado que el budismo tibetano ha logrado en el nuevo pensamiento occidental que ciertamente encontramos la huella de esta filosofía oriental en buena parte de las bases y principios más sobresalientes de la llamada Nueva Era ("New Age" en inglés) que, hoy por hoy, concentra buena parte de la actividad intelectual occidental.
Uno de estos principios coincidentes es la concepción globalizadora del conocimiento o, dicho de otra forma, la creencia en una conciencia que, más allá de los individuos y su ciclo vital, va perpetuándose en un camino sin fin ni principio.
La influencia del budismo en el "New Age" se deja ver también en la visión trascendental de la misma existencia del hombre, estableciendo la consecución de una meta, como el final de un camino de esfuerzo y autocontrol, de las facetas tanto física como mental y emocional concepción, por otra parte, holística del ser humano, hasta llegar a  alcanzar un nivel más elevado de consciencia.
Definitivamente, la cultura occidental ha dejado atrás el racionalismo práctico y se ha dejado invadir por actores como el misticismo, la meditación, la visión trascendental de la existencia y tradiciones y técnicas basadas en la conjunción de cuerpo, mente y alma en un todo inseparable.




Éste es la encrucijada en la que nos encontramos como especie. Lo hemos dicho reiteradamente en éste blog, es imprescindible un cambio de paradigma, de visión del mundo. Tal vez como decía Eckhart Tolle, el cambio, el despertar de una nueva espiritualidad, de una nueva consciencia, se está produciendo ya, aunque no nos demos cuenta, como les ha pasado siempre a las personas que han vivido en los grandes períodos de cambio de la historia de la humanidad.
Hoy nos dedicaremos a reflexionar sobre el Budismo, especialmente sobre las enseñanzas del fundador de ese movimiento de reforma religiosa –en el sentido de religare, volver a unir- y espiritual que fue el Buda.

Aproximación biográfica.




El Buda nació en el 566 a.e.c. en el Parque Lumbini, lo que actualmente es la parte sur de Nepal. Aunque su nombre Siddhartha no aparece en el canon pali, aquí lo utilizaremos por conveniencia. Gotama, (sct. Gautama) otro nombre utilizado para referirse al Buda, era el nombre de su clan.




El padre de Siddhartha, Shuddhodana, no era un rey, como se describió posteriormente en la literatura budista. En lugar de ello, fue un noble del clan Gautama, quien probablemente sirvió como gobernador regional en Sakiya. El canon pali no registra el nombre de la madre del Buda, pero fuentes sánscritas posteriores la identifican como Maya-devi. 






 
La madre de Buda Maya Devi soñó con un elefante blanco durante el embarazo. 
Dice la leyenda que Maia fue fecundada por un pequeño y bello elefante provisto de seis colmillos que hirió delicadamente su regazo sin causarle dolor. Al nacer, el pequeño Siddharta habría aparecido ante su madre sobre un loto mientras una suave lluvia de pétalos caía sobre ambos, y dijo: 
«Triunfaré sobre el nacimiento y la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al humano»
La madre de Siddhartha murió poco después de su nacimiento, por lo que él fue criado por su tía Pajapati, con quien su padre se casó como era la costumbre de la época. 




Se dice que cuando Buda empezó a caminar a cada paso florecía una flor de loto. 
Dice también la leyenda, que cuando Gautama nació recobraron la vista los ciegos, los sordomudos hablaron y una música celestial llenó el mundo. 





Buda y su padre 
Según la tradición oral, poco después de su nacimiento fue visitado por el brahmán Asita, un asceta de gran reputación por su sabiduría y por sus dotes para interpretar presagios. El sabio brahmán profetizó que Siddharta llegaría a ser un gran gobernante o un gran maestro religioso, lo que consternó a Śuddhodana, que quería que su hijo siguiera sus mismos pasos y que un día le sucediera en el trono. Por ello su padre lo protegió de la dureza de la vida, fuera de palacio, para evitar que el hijo desarrollara su tendencia hacia lo espiritual. 





El brahman Asita visita a Buda. 
Pensó que el mejor modo de evitarle la tendencia a la religiosidad consistía en impedirle toda experiencia con el lado amargo de la vida, de modo que creó en torno de él una vida llena de placeres y con el menor contacto posible con el sufrimiento de la realidad. 
Los primeros 29 años de la vida del príncipe Siddharta Gautama Buddha, transcurrieron completamente ajenos a toda actividad espiritual, siempre vivió con su familia. 






Los detalles de la infancia y juventud de Siddharta narran una vida rodeada de enorme lujo y comodidad. Recibió la mejor educación y formación posibles en su tiempo. 





Siddharta comenzó a sentir curiosidad por conocer cómo eran las cosas en el mundo exterior y pidió permiso a su padre para satisfacer su deseo. Śuddhodana accedió, pero preparó la salida de su hijo ordenando que despejaran las calles de toda visión que pudiera herir la sobreprotegida conciencia del príncipe. 










No obstante, sus cuidadosos arreglos fracasaron pues Siddharta, aclamado por la multitud a su paso por las calles, no pudo dejar de percibir el dolor bajo sus formas más agudas, por primera vez se percató de la vejez, enfermedad y muerte. 





Siddhartha se casó con Yashodhara. Ella era la prima de Siddhartha y la hermana de Devadatta. Posteriormente, Devadatta llegaría a ser el principal rival del Buda. 
Tuvieron un hijo llamado Rahula. 





Poco después del nacimiento de su hijo, el Buda dejó Kapilavatthu a la edad de 29 años y se dirigió a Magadha en busca de la verdad espiritual . Viajó a lo largo del camino norte y cruzó el río Ganges para llegar a Rajagaha. 
Buda abandona su hogar, a su mujer y a su hijo. 





Partió ataviado con un vestido amarillo de itinerante, sin dinero ni bienes de ninguna clase, en busca de la iluminación. Más tarde descubrió que todo extremo es malo. 






Se rapó la cabeza y se puso un Brahma, despojado de todos sus bienes. 
Aprendió diferentes técnicas de meditación y logró altos estados de conciencia. En esencia, las distintas ideas que examinó Siddharta intentaban redefinir la unión del individuo con un absoluto para así lograr la liberación. Pero a pesar de sus grandes logros con estas prácticas, no encontró en ellas satisfacción para sus preguntas. Entonces, en un intento por doblegar totalmente al mundo sensorial, Siddharta probó a someterse a austeridades tan extremas que casi ocasionaron su muerte, 







pero aun así tampoco encontró solución a su problema. Por esto decidió investigarlo de una manera nueva y diferente. 
Aprendió dos cosas de suma importancia: primero, que el ascetismo extremo no conducía a la liberación total, sino que era preciso algo más; y segundo, que, alcanzado cierto punto, ningún maestro era capaz de enseñar nada más. Siddhartha partió decidido a no seguir buscando fuentes externas de sabiduría, sino a encontrarlas dentro de sí mismo. 






Una versión mítica de esta etapa de su vida nos dice que Siddharta, en sus extremas prácticas de ascetismo, después de algunos días sin comer ni beber agua, pocos minutos antes de su muerte, escuchó a un maestro que estaba enseñándole a una niña a tocar la sítara. 
Dicho maestro le dijo que si la cuerda estaba muy floja no sonaría, pero si la cuerda del sitar se encontraba muy tensa se rompería: la cuerda debía estar en su justa tensión para que pudiera dar música y armonía. En ese momento Siddharta comprendió el camino del medio: tanto el ascetismo extremo como la vida de placeres del palacio eran dos extremos, y la verdad se hallaría en la justa medida entre el placer exacerbado y el ascetismo extremo. 






Al final de su periplo Siddharta caminó a un lugar llamado Bodhgaya, en el estado indio Bihar, hasta sentarse bajo la sombra de un árbol llamado bo o bodhi (ficus religiosa), considerado el árbol de la sabiduría. 
Una noche de luna llena decidió no levantarse hasta que hallara la respuesta al sufrimiento. Pasó varias semanas debajo de este árbol. Como empezó una terrible tormenta, de debajo de las raíces del árbol surgió Muchilinda, el rey de los nagas (serpientes), se enroscó alrededor de Gautama y lo cubrió con su caperuza. 





La fuerza de determinación de Buda hizo que pronto Mara (el rey de los demonios) se preocupase, enviando a sus ejércitos para quebrar la voluntad de Siddharta, quien respondiendo a la tentación de Mara describió a sus ejércitos de este modo: 
‹‹La sensualidad y los placeres forman tu primer ejército, el segundo se llama Aversión. Tu tercer ejército es el Hambre y la Sed, el cuarto, el Deseo. Tu quinto ejército es Pereza e Indolencia, el sexto, Cobardía. Tu séptimo ejército es la Duda, el octavo, la Hipocresía y la Estupidez. Ganancias, Fama, Honores y Gloria falsamente obtenidos, la Alabanza de uno mismo y el Menosprecio de los demás; éste es tu ejército››.




Viendo que Shakyamuni (nombre comúnmente usado para el Buda Siddhartha) no claudicaba, Mara envió a sus tres hermosas hijas para que lo seduzcan y lo desvíen de su búsqueda espiritual. Esas hijas eran Deseo, Satisfacción y Arrepentimiento. 
‹‹Al no tener éxito, Mara le envía a sus tres hijas para seducirlo sexualmente. Las tres hijas recurren a toda clase de ardides amorosos de que disponen, exhibiendo su piel semejante al alabastro, atrayéndolo con canciones y danzas, miradas de soslayo y dulces palabras de elogio. 






Se pasean frente a él levantando sus faldas y diciéndole cosas como: “Quisiera ser la servidora de un gran hombre como tú”. Pero, es innecesario decirlo, Shakyamuni permanece inmutable.›› 
Irritado ante el autocontrol de Siddhartha, Mara le dice que el asiento de la iluminación le corresponde por derecho a él. “¡Yo soy tu testigo!”, claman al unísono los demonios de Mara, quien desdeñoso interroga a Buda diciéndole: “¿Quién hablará por ti?” 
Entonces Siddhartha, conservando aún su postura meditativa de flor de loto, acerca la mano derecha a la tierra y la toca (la pone hacia abajo sobre su rodilla derecha, según otras fuentes). Tras ser tocada, la tierra tiembla, se abre y de ella sale la Diosa Tierra (personaje simbólico) con un jarrón de flores. “Yo doy testimonio”, dice la diosa, aunque las palabras que expresa en la versión de Joseph Campbell son más impactantes a la hora de entender el sentido de la budeidad: 
‹‹Éste es mi hijo amado, quien a través de innumerables vidas se ha entregado a sí mismo, por lo que no hay un cuerpo aquí››





Finalmente Gautama tomó conciencia de que ya se había liberado definitivamente. Comprendió las Cuatro Nobles Verdades. Ya no pesaba sobre él la ilusión del falso yo: su verdadero ser estaba más allá de las dualidades del aferramiento y la repulsión; había trascendido el espacio y el tiempo, la vida y la muerte. Comprendió que nunca más volvería a renacer, que había roto el eterno girar de la rueda del samsara. Esto es el nirvana. 
Contando para entonces 35 años, según la leyenda, Siddharta despertó de sus meditaciones como un Buda y siguió sentado bajo el árbol bodhi durante cierto tiempo, disfrutando de la dicha de la renunciación, de la liberación.





 
Después empezó a enseñar sobre el nirvana a quien le oyera; fundando lo que se conoce en Oriente como Buddha-Dharma (la enseñanza del buda); en occidente se conoce más comúnmente como el budismo. 
El Buda pasó la estación lluviosa en el Parque de los Venados con sus cinco compañeros y pronto atrajo a un pequeño número de seguidores que formaron una comunidad célibe, de la cual se hizo cargo. 






Pronto se unieron a la comunidad del Buda Shariputra y Moggallana los principales discípulos de un gurú local. Posteriormente, se volvieron los discípulos más cercanos del Buda. Shariputra le solicito al Buda que formulara los votos para la creciente comunidad monástica y el rey Bimbisara sugirió que adoptaran algunas de las costumbres de los grupos espirituales mendicantes, tales como los jainistas. 





Específicamente, el rey recomendó que sostuvieran reuniones trimestrales para discutir las enseñanzas. El Buda accedió. 





Mientras tanto, el Buda viajó a visitar a su familia en Kapilavatthu. Su padre, Suddhodana, pronto se volvió uno de sus seguidores, y Rahula, su hijo de ocho años, se unió a la orden monástica como novicio. En los años siguientes, muchos nobles sakiyan se unieron; incluyendo a sus primos. 






La tía y madrasta del Buda, Pajapati, le solicitó ingresar a la creciente comunidad, pero inicialmente el Buda se negó. Sin desanimarse, ella se rasuró la cabeza, vistió los hábitos amarillos y, acompañada de un gran grupo de mujeres, siguió al Buda a donde quiera que fuera. Ella siguió pidiéndole la ordenación al Buda pero él se la negó por segunda y tercera vez. Finalmente, pocos años antes de morir el Buda aceptó ordenarla y fue el inicio de las órdenes de monjas en el budismo. 






Buda y su hijo 
Buddha vio que su padre estaba gravemente enfermo, y después de su muerte el Buda llevó personalmente el ataúd de su padre, dando un ejemplo para el mundo por ese entonces. 






El Buda salió una vez más después de las lluvias. En el se detuvo en una de las dos principales ciudades de Malla. Allí en la fiesta se sirvió carne de cerdo envenenada por un herrero llamado Chunda. Ante la sospecha de algo malo, el Buda les pidió a sus primos que no comieran el cerdo; en lugar de ello, se lo comió él y les pidió que enterraran el resto. 
Es muy posible que el veneno estuviera destinado para Ananda, quien era famoso por haber memorizado todas las enseñanzas del Buda. Si Ananda fuera asesinado, las enseñanzas y la comunidad del Buda no perdurarían. 






Al sufrir el Buda una diarrea hemorrágica aguda, le pidió a Ananda que lo llevara cerca de Kusinara. Allí, en una cama tendida entre dos árboles (hamaca), les preguntó a los pocos monjes que estaban con él si tenían más preguntas o dudas. 
Abrumados por el dolor, Ananda y los otros monjes permanecieron en silencio. 






Finalmente, se recostó en un bosque de mangos en Kushi-Nagara, a unos 175 kilómetros al noroeste de Patna. Allí, rodeado de sus discípulos, alcanzó la paz eterna de la extinción completa, el paranirvana. 





Este es un estado al que solo acceden después de morir los que han alcanzado el nirvana durante su vida. Antes de expirar dijo el Nirvana Sutra, donde resume toda su enseñanza y aclara los puntos que él vio que no estaban bien comprendidos. 
El budismo prácticamente desapareció de la India hace mil años. La enseñanza se expandió hacia el sur a Sri Lanka y el sudeste de Asia, donde la forma theravada de budismo aún sigue floreciendo. También se difundió al norte al Tíbet, China, Mongolia y Japón. Las formas majaianas de budismo se practican en estos países. En el siglo XX el budismo empezó a perder adeptos en Oriente, mientras que se ha difundido en Occidente. 






Debido a ciertas malas interpretaciones muy comunes, se debe enfatizar que Buda no es Dios. Esto no solo lo aseguró el mismo Buda Gautama, sino que la misma cosmología budista hace esta distinción al afirmar que el estado del budha únicamente lo pueden lograr los seres humanos (pero no se limita a esta humanidad en particular), en quienes reside el mayor potencial para la iluminación. 






Siddharta Gautama también afirmó que no existen intermediarios entre la humanidad y lo divino. Devas (dioses o ángeles), humanos y demonios se rigen por el karma, cuyas leyes dictan que la compasión y el amor por la existencia generan provecho tanto para las demás criaturas como para el que las ejerce, purificando su karma. Buda es tan solo un ejemplo, un guía y un maestro para aquellos seres que deben recorrer la senda por su cuenta, lograr el despertar espiritual y ver la verdad y la realidad tal como son. 






La doctrina budista de práctica meditativa no fue una revelación divina, sino más bien el entendimiento de la verdadera naturaleza de la mente y tal entendimiento puede ser descubierto por cualquiera. Es el adentrarse en la realidad lo que se logra al comprender que la ignorancia puede eliminarse. (tomado de http://www.taringa.net/comunidades/taringabudismo/8321449/La-vida-del-Buda-Shakyamuni.html) 
Posteriormente a esa experiencia crucial dudó sobre que hacer y, según la leyenda, los dioses del cielo le pidieron que no se quedara para sí esa experiencia sino que la compartiera con los demás hombres. Así fue como en el Parque de las Gacelas, en Isipatana (la actual Sarnath), el Buda se encontró nuevamente con los 5 ascetas que habían compartido con él parte de su búsqueda.
Al principio éstos se negaron a escucharle, convencidos que aceptar alimento (aquellas gotas de leche) había sido una claudicación. 





No obstante la serenidad y confianza del Buda se impuso y escucharon el primer sermón. De esta manera, cuenta la leyenda, empezó a girar la rueda de la ley: las cuatro nobles verdades que caracterizan al budismo con una identidad propia. Así fue como nació la Sangha.
La Sangha, la comunidad budista, es la consecuencia de la prédica del Buda. No resisto la tentación de transcribir las apasionadas palabras de Edward Conze, un reconocido estudioso del budismo:
"La comunidad budista es la institución más antigua de la humanidad. Ha sobrevivido más tiempo que ninguna otra institución, con excepción de la secta afín de los jainos. Allí están los grandes y orgullosos imperios de la historia, guardados por legiones de soldados, naves y magistrados. Apenas alguno de ellos duró más de unos tres siglos. Y allí tenemos un movimiento de mendigos voluntarios, que siempre apreciaron más la pobreza que la riqueza; que habían jurado no hacer daño ni matar a otros seres; que pasaban el tiempo soñando maravillosos sueños, inventando hermosas tierras de nunca jamás; que despreciaban todo lo que el mundo valorara; que valoraban todo lo que el mundo despreciara; la mansedumbre, la generosidad, la contemplación ociosa. Y sin embargo, mientras que esos poderosos imperios, construidos sobre la codicia, el odio y el engaño, duraron sólo unos cuantos siglos, el impulso de autonegación llevó a la comunidad budista a través de 2.500 años."
Volveremos a hablar de la Sangha al final de la segunda entrada dedicada a la palabra del Buda.





Durante 45 años Buda predicó a toda clase de personas: de ambos sexos, ricos, pobres, santos y ladrones. No hacía ninguna distinción de clase, de cultura, o de sexos. Tampoco de castas (con lo que se enfrentó directamente con el hinduismo, la religión dominante en la zona). También aceptó la admisión de mujeres al nuevo culto; siendo la primera gran religión que creó la categoría de monjas; algo que en su época causó verdadero horror porque las mujeres no podían entender ni aspirar al conocimiento religioso. Un detalle curioso es que las campanas, y su uso dentro del culto, también son de origen budista.
La personalidad del Buda histórico, Sidarta Gotama, tal como aparece en todos los relatos de la época, es avasallante. Su personalidad se proyecta a través de los tiempos en cada anécdota que leemos de él. El Buda murió en Kusinara (el actual Uttar Pradesh), a los 80 años, rodeado de una multitud de discípulos. Según los escritos budistas sus últimas palabra fueron: "todas las cosas son perecederas. Esforzaos por vuestra salvación".



El Dharma:La obra y enseñanzas de Buda.



Me gustaría comenzar recordando una preciosa conferencia, del muy admirado Jorge Luis Borges





Los occidentales, siempre interesados en el rigor histórico (a diferencia de los hindúes) también se han preocupado por la realidad de los hechos anteriormente mencionados. Como dice Borges "lo legendario envuelve toda la vida del Buddha, pero es más profuso en la etapa que antecede a la proclamación de su ley. El itinerario de sus viajes debe de ser auténtico, dada su precisa topografía. Nos queda pues a crónica minuciosa de cuarenta y cinco años de magisterio, de la que basta extirpar algunos milagros".
Luego agrega Borges un comentario muy interesante: "Acaso no sea inútil señalar que el siglo VI a.C., en que floreció el Buddha, fue un siglo de filósofos: Confucio, Lao Tse, Pitágoras y Heráclito fueron contemporáneos suyos".
Posteriormente el budismo se escindió en diversas ramas con sus propias variaciones; extendiéndose desde la India del Norte por todo el subcontinente, Ceilán, Birmania, Tailandia, Camboya, Laos, Vietnam, Pakistán, Tíbet, China, Japón, Mongolia, Corea, Formosa, y partes de lo que hasta hace poco fue la Unión Soviética.








¿Cómo llegó a Europa? Escribe el ya citado E. Conze que "en los siglos XVII y XVIII, los misioneros jesuitas habían adquirido un conocimiento bastante exacto del budismo chino y japonés, pero el primero que dio a conocer el budismo en Europa como una religión viva fue un filósofo alemán, Arturo Schopenhauer.
Sin embargo este filósofo no tuvo oportunidad de leer ninguna traducción directa de las escrituras budistas por lo que resulta difícil encontrar una figura claramente introductoria. Por ejemplo, se dice que Richard Wagner fue también profundamente impresionado por las enseñanzas búdicas.  Wagner en los últimos años de su vida sintió un vivo interés por las doctrinas orientales y dentro de sus proyectos de dramas musicales se hallaba uno titulado "Los Vencedores" cuyos protagonistas Savitrý y Amanda, formaban parte del mundo budista. 






En cualquier caso, la lenta infiltración de estas ideas fueron consecuencia, en el siglo pasado, de la propia acción imperialista europea. Muchos estudiosos se aplicaron a conocer a fondo estos antiguos pueblos que empezaba a formar parte del floreciente mercado inglés, y así se aplicaron a estudiar el budismo "como se observa a un enemigo, empeñados en probar la superioridad del cristianismo"
Pero el conocimiento trajo la comprensión y algunos descubrieron una doctrina con bondades desconocidas. Este proceso, derivado de la expansión europea, fue, como era de suponer, particularmente notable en el Reino Unido, Alemania y Francia; y de muy baja intensidad en los países periféricos.
Posteriormente se fueron instalando en las metrópolis de los países mencionados pequeños grupos mixtos, formados por estudiosos locales e inmigrantes del imperio colonial. Así crecieron nuevas sociedades, como la Sociedad Teosófica, fundada en 1875 por Madame Blavatsky y el coronel Olcott, que dieron un fuerte impulso a los estudios orientalistas en general y a los budistas en particular.





Se produjo un fenómeno muy curioso que fue, y es, totalmente desconocido en España. Con palabras de E. Conze: "En esa época [se refiere a la segunda mitad del siglo XIX], la civilización europea, una mezcla de ciencia y comercio, de cristianismo y militarismo, parecía enormemente fuerte. La dinamita latente de la guerra nacional y de la guerra de clases era percibida por muy pocos. Una creciente cantidad de hombres educados en la India y en Ceilán, sentía, al igual que los japoneses por la misma época, que no tenía más alternativa que adoptar el sistema occidental con todo lo que ello implicaba. Los misioneros cristianos esperaban rápidas conversiones masivas. Pero entonces cambió la corriente, en forma bastante súbita e inesperada. Unos cuantos miembros de la raza dominante, hombres y mujeres blancos de Rusia, América e Inglaterra, teósofos, aparecieron entre los hindúes y los singaleses para proclamar su admiración hacia la antigua sabiduría del oriente. Madame Blavatsky habló del budismo en términos de la más alta consideración, el coronel Olcott escribió un "catecismo budista" y A. P. Sinnett publicó un libro de gran éxito en el cual toda clase de ideas misteriosas, pero fascinantes, eran presentadas como "budismo esotérico".






De esta manera, y gracias indirectamente, a la expansión europea, entró el budismo en las grandes metrópolis coloniales. En este siglo volvió a darse un fenómeno también imprevisto: la invasión y posterior anexión del Tíbet por parte de la China comunista (agresión que se hizo y se consolidó con la absoluta indiferencia del mundo occidental) hizo volar por el aire el antiguo régimen tibetano, donde la religión estaba indisolublemente unida a todas las demás actividades sociales. Pronto se crearon movimientos guerrilleros para combatir al invasor chino; más fueron desautorizados por el Dala Lama, (hasta entonces gobernante del Tíbet) que, como budista, rechazaba cualquier forma de violencia para hacer valer sus derechos.
Se produjo la gran diáspora del pueblo tibetano, en parte presionado por una política deliberadamente terrorista del gobierno chino (con destrucción de monasterios y santuarios históricos), y sustitución de los habitantes nativos por chinos traídos de otras partes del imperio comunista. Política que está debidamente documentada en organismos internacionales y que cuenta con la indiferencia de las mismas potencias que se soliviantan cuando se amenazan las posesiones petrolíferas de cualquier jeque árabe. Sin embargo, este atentado a un pueblo pacífico y a la comunidad internacional trajo, como decíamos, un resultado inesperado: una nueva ola de difusión budista hacia occidente. 





Santuario Budista del Garraf (Barcelona)
Ahora localizada sobre todo en USA, y que, en menor medida ha alcanzado a Europa (sobre todo en el Reino Unido y Francia) donde se han fundado nuevos monasterios y consolidados los anteriores.

Los Canons budistas.

Dentro del budismo no existe la noción de libro sagrado inalterable como en el cristianismo o Islam. Tampoco la creencia de que la verdad sea una revelación divina inalterable. De ahí que al hablar de canon budista se debe tener cuidado. En el budismo el canon es considerado como la base de escritos de una escuela o grupo determinado que estructura la forma de tratar ciertos temas generales o específicos del budismo y debe ser comentado críticamente. Históricamente las escuelas budistas muchas veces producían traslados de sus respectivos cánones.
En la actualidad el budismo tiene tres cánones que corresponden aproximadamente a las tres grandes escuelas del budismo. El canon Pali asociada al Theravāda, el canon Chino que recopila los principales escritos del Mahāyāna y el canon Tibetano que es la base del Vajrayāna. Los dos últimos juntan una serie de escritos de las escuelas del mahayana y otras tradiciones anteriores ya extintas.



El canon budista, siguiendo el modelo del canon Pali, se divide en tres partes. La primera recopila las enseñanzas del Buda Gautama o Dharma, así como escritos relacionados con sus anteriores vidas y relatos de su vida. Estos escritos formaron parte de la tradición oral hasta su fijación en escritura, siendo el Sutta-pitaka (cesto de los discursos) la colección de textos más antigua disponible. Un segundo grupo corresponde a las reglas y normas del Sangha (la orden de monjes y monjas). Éste contiene todos los textos relacionados con las reglas de la orden, así como los comentarios que explican dichas normas. Un tercer conjunto de escritos corresponde al comentario sobre aspectos doctrinales del budismo. Muchos de éstos son exploraciones filosóficas sobre temas planteados por los discursos del Buda, así como teorías psicológicas y epistemológicas derivadas de dichos comentarios. También se compone de manuales de enseñanza de las técnicas de meditación, así como sus comentarios. Este tercer grupo de escritos es de fecha reciente y en general le otorga un alto grado de diferenciación a los distintos grupos budistas.
Se calcula que entre todos los canones, existen cientos de volúmenes, hasta superar en 160 veces al contenido de la Biblia cristiana.


El Canon Palí

Tipitaka (del pali ti , "tres" + pitaka , "canastas"), conocido también como el Canon Pali, es la colección de los antiguos textos budistas escritos en el idioma pali, que constituye el cuerpo doctrinal y fundacional del budismo Theravada.





Según la tradición, la metáfora de las "canastas" se remonta a la época, en la cual estas enseñanzas han sido escritas por primera vez en hojas de palma en Sri Lanka, luego de ser transmitidas a lo largo de cinco siglos por vía oral: las hojas fueron colocadas luego en tres canastas de acuerdo con su contenido, conformando, de esta manera, la gran división del Canon Pali consistente en tres principales partes: Vinaya Pitaka (Canasta de la Disciplina), Sutta Pitaka (Canasta de los Discursos) y Abhidhamma Pitaka (Canasta de la Enseñanza Superior). Según otra interpretación, la alegoría de las "canastas" denota la portabilidad de estas escrituras: las canastas, repletas de unas valiosas enseñanzas liberadoras del Buda, pueden ser llevadas alrededor del mundo y ser compartidas con los demás.
La totalidad de los escritos del Tipitaka conforma un vasto conjunto de literatura proveniente de las más diversas épocas. En su última edición autorizada del Gran Concilio Budista de los años 1955-1957 (World Tipitaka Edition) el Canon Pali cuenta con 40 volúmenes de un total de unas 12.000 páginas. 
Hagamos un alto. Me gustaria compartir con vosotros una extraordinaria película no muy conocida El Latido del Tambor:



Por ser ésta la más antigua és la que utilizaremos para reproducir algunos de los discursos o sermones del Buda.
En 1951 escribía Edward Conze: "El impulso creador del pensamiento budista hizo un alto unos 1.500 años después del Nirvana de Buda. Durante los últimos 1.000 años no ha surgido ninguna nueva escuela importante, y los budistas simplemente han conservado, como mejor han podido, la gran herencia del pasado".. A juzgar por lo que se ve en la segunda mitad de este siglo, diera la impresión que la "Sangha" ha comenzado un nuevo ciclo de expansión.
Para terminar una pequeño fragmento de un budista que se acerca bastante al tipo de doctrina que nos gustaría compartir:
"Buda afirmó que aquí, en esta vida, se podía conseguir plenamente un estado de paz, no por sacrificio a los dioses, ni por oraciones, sino por un esfuerzo incesante y por la abnegación lentamente perfeccionada.





El Budismo no es una religión que se acepta ciegamente de una vez por todas; tiene que ser comprendida y constantemente investigada. Buda dijo 'Aceptad mis palabras sólo y después de haberlas comprobado vosotros mismos; no las aceptéis simplemente por la veneración que me profesáis (Tattvasangraha). Aunque en el transcurso del tiempo el budismo ha sido a veces afectado por la tradición, ritos, etc., su fundador no pretendió que fuera otra cosa que un método que había que comprobar. La confianza en sí mismo y la tolerancia son las claves del pensamiento budista. Buda dijo muchas veces: 'Vosotros mismos sois los que tenéis que hacer el esfuerzo, los Budas sólo indican el camino' (Dhammapada). Por consiguiente, el budismo nunca podría ser una fe proselitista. Ciertamente, el seguidor de la enseñanza de Buda es exhortado a usar dicha enseñanza únicamente "como balsa para cruzar la corriente". Una vez conseguido el objetivo, Nibbána, la balsa, debe ser abandonada.
Las últimas palabras de Buda fueron éstas: "Perseverad atentamente". Perseverar en la atención es ver el mundo claramente y ver a nuestros prójimos claramente, sin juicio, sin envidia, sin odio. Para lograr esto es necesario que nos conozcamos íntimamente y que conozcamos la fuente de felicidad e infelicidad que yace en nuestro interior"


Diferencias entre el Budismo y las religiones occidentales









Nosotros, a menudo confundimos ideas al creer que todas las religiones buscan explicar cómo se creó el universo y quién lo hizo.
En cierta forma el error se justifica porque lo anterior es aplicable a algunas importantes religiones mundiales, tales como el cristianismo y el islamismo; pero cometemos el pecado de "etnocentrismo" al suponer que lo que pensamos y creemos es un supuesto generalmente admitido por todos los humanos. No es así.
"Cuando corresponde definir la actitud de una religión con respecto a otra en un sentido más específico, es observable una diferencia entre las surgidas del gran tronco semita, incluido el Cristianismo, y la mayoría de las demás, puesto que las primeras tendieron a excluir de su punto de vista la posibilidad de que la espiritualidad, para diversos sectores de la humanidad, pudiese asumir formas diferentes; mientras en el segundo caso, para el cual las tradiciones hindúes proporcionan el modelo, se acepta y no se teme que una pluralidad de senderos espirituales, en el nivel formal, pueda, al seguírselos, implicar de por sí perjuicio para la propia tradición"





Jesús en imagen semejante a  Buda


Un ejemplo de esta amplia tolerancia para concepciones religiosas radicalmente diferentes es el Budismo. Esta religión que fue fundada por Sidarta Gotama, en el siglo V antes de Cristo, y que se ha mantenido durante estos 2500 años merece ser investigada. Su conocimiento no puede traer ningún perjuicio, y quizá (dependiendo de la actitud del buscador) puede allegar algunas concepciones interesantes para interpretar lo que observamos.
En un mundo donde, para un occidental, comunicarse con Japón no resulta extravagante; donde Internet teje una tela cada vez más tupida, no deja de ser un anacronismo sostener generalizaciones "etnocéntricas". Esto no quita que cada cual prefiera sus creencias. El conocimiento de otras religiones no tiene porque modificar nuestros supuestos básicos; sin embargo una visión más amplia no sólo hace justicia con otras perspectivas, también enriquece nuestra visión. Recuerdo el caso de un brillante epistemólogo argentino (con el cual tuve la oportunidad de conversar sobre "religiones...") que me las criticaba "todas" basándose únicamente en su erudición del tronco común judeo-cristiano-islámico.
Esto sucedió hace unos años... pero es probable que, si la conversación volviera a darse, se mantuviera en los mismos términos. Se trata, en todo caso, de incluir todo el mundo en nuestro análisis, cuando emitimos opiniones que abarcan todo el mundo. No es mucho pedir, me parece.





La palabra "ateo" ha tenido muchos avatares en su significado. Muchos desconocen que los cristianos primitivos fueron así clasificados en la Roma imperial: "porque no creían en los dioses del Estado". Al negar el carácter de divinidad, por ejemplo, a Cesar Augusto, eran considerados no-creyentes. Una manera sencilla de cortar la tarta: los buenos aquí, y los malos allá.
La palabra evolucionó para significar a los que niegan la existencia de un Dios creador (del cielo y de la tierra). Es en este sentido que Von Glassenap habla del Budismo como "una religión sin Dios" ya que si bien esta religión admite la existencia de dioses, no acepta la concepción de un creador del universo.
"El budismo considera insoluble la pregunta por un primer comienzo del mundo y rechaza todas las especulaciones referentes a ello. La pregunta acerca del gobierno del mundo se resuelve para el budismo, por medio de la teoría de la ley del Karma, inmanente al mundo, que es efectiva en forma mecánica y automática, y no requiere de ningún dios que la mantenga en marcha. (...) Como no cree [el budismo] en un proceso histórico que conduzca a una futura terminación del mundo, falta en él la creencia en una conducción providencial.
En este respecto el budismo se apartó de la concepción propia de la antigua India: "Para las Unapishadas, el proceso cósmico es el sueño de un dios; para el Budismo, hay un sueño sin soñador. Detrás del sueño y bajo el sueño no hay nada."






Algunos autores se han extrañado de la aparente similitud entre la mentalidad budista y la científica contemporánea. Llevar esta coincidencia más allá de un paralelismo sería demasiado atrevido. No se pueden comparar ballenas y elefantes, excepto en algunos aspectos que pueden tener en común como organismos vivos (por ejemplo, la necesidad de respirar). Cada especie tiene sus propias reglas de juego y hay una esencial diferencia, creemos, entre ciencia y religión. Sin embargo no deja de ser impresionante el hecho de que, para una mente entrenada en cualquier disciplina científica, resulten más "creíbles" algunas de las posturas esenciales del budismo que las equivalentes en nuestras religiones occidentales.
"La creencia en un orden moral universal que se manifiesta en la retribución kármica, releva al budismo de la aceptación de un creador de los preceptos morales y de un juez riguroso que vele por el mantenimiento de las prescripciones morales dejadas por él y se haga cargo de la recompensa y del castigo en el más allá."
No hay juicio final, ni contabilización de los pecados. De la misma manera que la "ley de gravedad" funciona sin tribunales ni organismos ocupados de su mantenimiento, la ley del "karma" funciona según la cadena de consecuencias que provoca cada hecho. Si haces el mal, recibirás, en algún momento de la cadena, las consecuencias de tus propios actos. No hay ninguna posibilidad de remediar este hecho; como no existe ninguna posibilidad de frenar la marea cuando empieza a crecer.
La diferencia esencial con la ciencia moderna, está en que para el budismo existe un orden moral inmanente al universo. No es una creación humana o divina. La retribución kármica es una ley de la naturaleza. Según la mentalidad budista el universo es "ético" de la misma manera que es "físico". No hay necesidad de montar tribunales para hacer respetar que el sol salga cada mañana por el Este. Dios, (el dios de la concepción judaica-cristiana-islámica), no tiene necesidad de existir.





Por otro lado, si insistiéramos en mantenerlo (por aquello de que le hemos tomado cariño) podría tener diversas funciones asignadas; sólo que no debería ser reconocido como "creador del universo", ya que, aparte de la indemostrabibilidad de esta hipótesis, originaría un nuevo problema ¿quién creó a Dios?. Y de admitir que la propia naturaleza divina hace que se haya generado así misma, se podría argumentar que, entonces, no es necesario pensar en Dios. La misma hipótesis podría aplicarse al universo, concluyendo que éste se generó a si mismo.
Esta clase de discusiones Sidarta Gotama las condenó expresamente por no conducir a nada útil: no solucionan los problemas del dolor, la enfermedad y la muerte. Sólo sirven para mentes ociosas que evitan enfrentarse con los más graves problemas de la existencia.
Personalmente pienso que es muy discutible que las religiones influyan decisivamente en la conducta humana. Y si influyen ... no parece que tengan grandes consecuencias para predecir el comportamiento diario, ya que en todas partes, (no importa sus creencias religiosas), la gente suele comportarse razonablemente bien y, en algunos momentos, desagradablemente mal.
De todas formas cabe la posibilidad que algunas dificultades sean favorecidas por cierto tipo de creencias. Opinan algunos psiquiatras que una formación demasiado puritana puede perjudicar el desarrollo de una sexualidad equilibrada (no dejan en claro lo que significa "equilibrada", aunque puede entenderse que implica practicar el sexo sin pensar que tu vida post-mortem cambie a causa de ello). En este caso el budismo no incentiva ninguna clase de "culpa". Dado que la ley kármica opera sobre la base de que "se recibe lo que se entrega", la clave ética de una relación sexual (o de cualquier otra conducta social) estará dada por la situación específica en la que se sitúa.




En el caso del sexo, según algunas autoridades budistas que he tenido oportunidad de consultar, si es practicado sin causar dolor a nadie no origina consecuencias kármicas negativas. Otra cosa sería, por ejemplo, el adulterio; ya que aquí se está causando dolor (o pesar) al cónyuge extraño a la relación. En cambio, (y esta es una deducción personal, porque no se me ocurrió preguntar en su momento) una relación que lo incluya (un "menage à trois" que dicen los franceses) no sería negativa, ya que nadie es perjudicado. Insólitas consecuencias de la ley kármica.
Quizá es por esta concepción de la vida que el budismo constituye la única religión que ha recorrido muchos pueblos de lenguas y costumbres diferentes sin ocasionar ninguna guerra religiosa. No existe ningún testimonio conocido de que monjes budistas hayan participado como tales en una guerra por su Fe. El budismo, luego de muchos siglos de esplendor, fue batiéndose en retirada en su propia tierra de origen, hasta llegar a ser una religión puramente testimonial en la India. El golpe de gracia se lo dió el islamismo persiguiéndolo cruelmente (sus monjes eran eliminados sin más trámite). A pesar de ello no hubo reacción violenta. Simplemente se limitaron a extenderse por otros lugares, abandonando la tierra ancestral que les había dado la espalda. De esta manera fueron llegando a otros países donde predicaron su particular visión del mundo. Poco a poco, siglo tras siglo, fueron extendiéndose lentamente por el centro, el sur y el este de Asia hasta llegar al Japón.
No hay mejor prueba, dicen, que la de "los hechos"... y en los hechos históricos el budismo obtendría "matrícula de honor" en su rechazo permanente e inviolable de la violencia física por causa de creencias religiosas o políticas. "Si se insultara al Buda, un budista vería muy poca razón para torturar o matar a la persona que lo "insultara". ¿Para qué indignarse cuando se insulta a los Budas? A los Budas no los alcanzan las blasfemias".





De todas formas siempre habrá excepciones, como la siguiente: “Resulta imposible no vincular la violencia, con centenares de muertos en las calles, a una campaña emprendida por varios monjes budistas para proteger la nación – Birmania- de una supuesta amenaza islamista. La campaña se llama 969, tres números que representan las “tres joyas” del budismo: los nueve atributos del Buda, los seis atributos del Dhamma (sus enseñanzas) y los nueve atributos de la Sangha (la comunidad monástica budista). A lo largo y ancho del país se pueden ver pegatinas con el símbolo de la campaña en tiendas y taxis. Su propósito es identificar los negocios en los que los “buenos budistas” deben gastar su dinero. El mensaje implícito es que los budistas deben evitar las tiendas de los kalar, un término ofensivo similar al inglés nigger con el que los birmanos se refieren a los descendientes de indios en general y a los musulmanes en particular.
Ashin Wirathu es la cara más visible del movimiento 969. Este monje de 45 años, que se autodenomina el “Bin Laden birmano” por su discurso ultra-nacionalista, se ha hecho famoso hasta el punto de ser la portada de la revista Time, lo que ha provocado una gran polémica en Birmania. En su monasterio de Mandalay. Sentado en una silla, y con varios retratos enormes de sí mismo a su espalda, habla de la conspiración para conquistar Birmania a lo largo de este siglo que, según él, han urdido los musulmanes y los acusó de obligar a mujeres budistas a casarse con ellos y convertirse al islam. De todas maneras, aunque me falta mucha información para poder precisar una opinión, me da la sensación de que detrás de lo que parece un conflicto religioso, entre musulmanes y budistas, se esconde como casi siempre, un conflicto de clases sociales. He querido dejar constancia de éstos hechos como una excepción notoria, pero evidentemente el budismo, los budistas y en particular los monjes budistas, nunca han sido una masa resignada dispuesta a soportar la opresión sin protestar o defenderse, la ahimsa –no violencia- no quiere decir sometimiento borreguil, recuérdese la firme defensa de su identidad que hicieron los monjes budistas en Vietnam.


Pero volvamos a nuestro tema.


Una de las consecuencias de esta "tolerancia" histórica que siempre, (insisto), ha practicado el budismo lleva a no negar a los dioses del lugar, siempre que no representen ideas contrarias a los principios básicos, se los integra. Al fin de cuentas todos los hombres santos lo han sido en virtud de sus obras, no por decreto divino; algo que ninguna creencia debería rechazar.





"En las religiones occidentales (Parsismo, Judaísmo, Cristianismo, Islamismo) se halla, en el punto central de las creencias, un creador y gobernador del mundo, personal y superior a todo, junto al cual no se piensa ningún otro ser divino efectivo en la naturaleza. El budismo ha conservado la idea de los dioses naturales de la India y de los otros países a los que llegó, ya que considera también a los devas como arraigados al Samsára".
Si Italia se convirtiera al budismo (es un decir) San Genaro seguiría siendo un excelente santo o "deva" para los napolitanos.
Podría seguir haciendo sus milagros dentro del nuevo orden. Los devas ayudan a los seres humanos, a cambio de devoción y ofrendas, en sus negocios particulares "pero el poder de las divinidades se limita a la satisfacción de esa clase de deseos mundanos; crear el mundo, alterar su orden u otorgar al que se vuelve hacia ellas la salvación o una reencarnación favorable, no está en su poder.
Y de todas maneras como ningún devoto suele pedirle a su santo que cambie la ley de gravedad, o equivalente, casi nadie se daría cuenta del cambio.
La necesidad de santos o devas parece ser generalizada en todas las tribus humanas. Quizá venga a cuento la reflexión que sobre este asunto hace Conze: "Debemos darnos cuenta de que la gente religiosa de todas partes también espera obtener beneficios inmediatos de su religión. Vi recientemente, en la vidriera de una tienda anglicana en Oxford, que en la actualidad San Cristóbal parece ser el único santo que tiene atractivo para esos círculos. Sus medallas protegen de los accidentes automovilísticos. En forma semejante, el budista esperaba de su religión que lo protegiera de las enfermedades y del fuego, que les diera hijos y otros beneficios".
Eso sí, y esto es algo que en principio no afectaría a la feligresía, pero cambiaría radicalmente la situación de nuestros queridos protectores: los santos budistas... son mortales.




"Los dioses budistas se diferencian de los de otras religiones por el hecho de que han nacido y morirán." Los santos, según el budismo, duran más y están en mejor condición que los humanos. Son una especie de aristocracia de los seres vivientes; más también les llega su hora.
"Los dioses están libres de enfermedad hasta que expiran."
Como se ve los santos, o mejor dicho "devas", han logrado su situación gracias a sus excelentes virtudes practicadas en otras vidas anteriores; esto los coloca en un nivel de existencia privilegiada. Con podéres especiales que pueden hacer servir para el bien; pero todo lo compuesto está destinado a deshacerse, y en algún momento, por diversas razones, terminan como todos: en el hoyo.
Dejo constancia que la concepción budista es mucho más compleja que lo descrito más arriba; un superficial resumen de divulgación. No obstante hago notar que esta "mortalidad" de los "seres superiores" (que están en otro plano de la existencia) junto con el reconocimiento de su "importancia" para los hombres, es un hecho fundamental para definir al budismo como una religión y no sólo como una filosofía y una práctica de vida. Algo que algunos intelectuales occidentales, que se han visto deslumbrados por la filosofía budista, les cuesta aceptar, ya que, básicamente, tienen una mentalidad no-religiosa.
A esta altura debe estar suficientemente claro que el budismo no arrasa las tradiciones locales; simplemente las va subsumiendo en una estructura mayor, con la mínima violencia para que encajen en su visión del universo. Una explicación de por qué se fueron desarrollando tantas variedades de budismo. Cada una ligada a una zona concreta donde se instaló y creció.
No existe nada parecido en el mundo occidental. No existe una rama del cristianismo que no reconozca la existencia histórica y crucial de Jesús, mientras otra cree que si bien existió no fue el único ni el más importante; que "Cristos" hubo muchos en la historia, antes y después de Jesús (en el budismo, el Buda que vendrá recibe el nombre de "Maitreya").





La variedad del budismo es tal que desconcierta y abruma a quien se ha metido en su estudio con el modelo inconsciente del cristianismo. Por supuesto que todos los budismos aceptan la existencia y la importancia del Buda histórico (Sidarta Gotama); pero existen radicales diferencias cuando llega la hora de considerarlo el "primer" hombre que alcanzó "el despertar" en vida. Y pongo el "primero" porque para el budismo cualquiera, si sigue el camino adecuado, puede convertirse en Buda a partir de su naturaleza humana. Algo que curiosamente no pueden hacer los santos o devas. Si quisieran alcanzar la naturaleza de Buda, no tendrían más remedio que morir y reencarnarse en un humano: el único tipo de ser consciente que por sus virtudes y debilidades puede luchar y llegar a ser iluminado, convertirse en un Buda, si tiene la suficiente voluntad y constancia para ello.
Esta última afirmación, que yo sepa, es única del Budismo: todos los seres sintientes (incluyendo los santos y las lagartijas) son dignos de respeto y protección... pero únicamente los humanos, en tanto sienten, sufren y tienen conciencia de sí, pueden alcanzar la iluminación. Los demás organismos tendrán que esperar una reencarnación favorable que los haga humanos para tener esta magnífica posibilidad. 




De aquí se pueden deducir muchas cosas, yo prefiero deducir una sola: los humanos tenemos el deber de protección de todos los seres del universo; si los dañamos o los destruimos... ese mal se volverá contra nosotros irremediablemente. No sé si la ley kármica existe, pero, si algo de esta intuición religiosa fuera cierta... tal como tratamos a la naturaleza e incluso a nuestros semejantes, tendremos problemas para rato.

Diversas tendencias en el budismo  


Luego de la muerte del Buda su doctrina se fue diseminando por diversas naciones." Bajo el reino de Asoka se reunió un primer concilio budista -alrededor del 240 a.C.- con el objeto de zanjar disputas sectarias. Está claro que ya habían surgido herejías, pues algunos de los edictos de Asoka tratan de la expulsión de los cismáticos; y en verdad sabemos que se proclamaron herejías aun durante la vida del mismo Buddha. Con el transcurso del tiempo aparecieron muchísimas sectas y todas por igual se proclamaban a sí mismas las seguidoras de la verdadera doctrina, tal como ha sucedido con el cristianismo y toda otra gran fe.
Las tendencias budistas se dividen en dos grupos principales: las del Hinayana y el Mahayana. Las primeras cuyas escrituras se preservan en Pali, sostienen que representan las puras y originales enseñanzas de Gautama, y en general conservan en alto grado sus características racionalistas, monásticas y puritanas; las segundas, cuyas escrituras están en sánscrito, interpretan la doctrina de otra manera, con un desarrollo místico, teológico y devocional. El Hinayana ha mantenido su supremacía principalmente en el sur, en particular en Ceylán y Birmania; 








el Mahayana en el norte, en Nepal y China. Pero es un error ubicar a las dos escuelas como definidamente del sur y del norte".
Los términos de Hinayana y Mahayana (Pequeño y Gran Vehículo) son -según cuenta Borges- "metáforas [que] se refieren al caso de un incendio hipotético, del cual una persona se salva sola, en un carrito tirado por una cabra [El Hinayana], mientras otra salva a una multitud en un carromato conducido por bueyes [El Mahayana]" 






Se comprende que los budistas del sur no vean con buenos ojos la denominación de "Hinayana" y prefieran la de "Theravada".
"Ambos Vehículos tienen en común: las tres características de ser (impermanencia o fugacidad, sufrimiento e irrealidad del Yo), las cuatro nobles verdades, la transmigración, el karma y la via media"
Sin embargo las diferencias se fueron haciendo cada vez más notables. Desde un punto de vista occidental (es decir, poco habituado a diferencias doctrinales tan grandes dentro de una misma creencia), se podría decir que constituyen dos religiones diferentes atendiendo a sus escritos canónicos. Pero quizá esta afirmación sea algo exagerada, porque comparten algunas ideas fundamentales: que el humano es el único camino para alcanzar la budeidad, que ningún dios puede eliminar las consecuencias kármicas (lo que significa que las consecuencias de nuestras acciones son irredimibles), y que no existe ningún creador de cielo y tierra, supremo legislador y juez del universo.





Monje  budista tibetano

La escuela Theravada se desarrolla por el sur de la India, la isla de Ceilán y toda la península Indochina. Es la más antigua y actualmente se mantiene con todo vigor en los países que surgieron luego de la descomposición del imperio colonial inglés y francés.
Como dice Coomaraswamy sus adeptos consideran que mantienen los principios del más temprano budismo. En este sentido consideran a el Buda Sidarta "como un hombre igual a otros y que sólo se lo distinguía de los demás por su penetración intuitiva de los secretos de la vida y del dolor, en su percepción de las cosas tal como verdaderamente son, como una eterna Transformación; con este conocimiento alcanzó el Nibbana [Nirvana en sánscrito] y para él se extinguieron las causas del nacimiento" .
En esta escuela no se admite especulación de si Buda y los demás Arahats (persona que ha alcanzado la budeidad) subsisten después de la muerte física. Es, en cierto sentido, una religión estrictamente racionalista aunque, naturalmente, tiene su culto y rituales para todas las principales situaciones de la vida humana.
"El Mahayana, o "Gran Barca" es así llamado por sus adherentes como réplica al Hinayana o "Pequeña Barca" del budismo primitivo, pues ofrece a todos los seres de todos los mundos la salvación por medio de la fe y el amor, así como por el conocimiento, mientras que el segundo sólo puede llevar, a través del proceloso mar de las Transformación a la lejana orilla del Nibbana, a aquellas pocas almas fuertes que o no requieren ninguna ayuda espiritual exterior ni el consuelo del culto"
La escuela Mahayana se extendió por el Tíbet, donde tomó el nombre de Vrajayana (El camino del Diamante), China y Japón. En occidente es muy conocido el Zen, que es una rama del Mahayana nacido en China (con el nombre de "Chan"), para luego japonizarse. Posteriormente alcanzó en la isla del sol naciente su máximo esplendor.




Monje budista vietnamita

Sin embargo esta localización geográfica es errónea si se entiende que ambas tendencias nacieron de un desplazamiento geográfico. Según diversos autores el Theravada también alcanzó el Tíbet, simplemente que no arraigó en él, probablemente porque no conciliaba con la mentalidad de sus habitantes, aunque parece, que esto puede empezar a estar cambiando.
Dibujando un esquema de trazos gruesos, sin detalle, podríamos decir que para un intelectual occidental, ateo (en el sentido de no creer en ninguna clase de dioses grandes o pequeños, creadores o protectores), la rama Theravada seduce por su mensaje empírico, basándose en la experiencia y en el análisis personal antes de dar el siguiente paso. En cambio el Mahayana resulta, para esta mentalidad, más similar al cristianismo u otras grandes religiones universales. De todos modos, incluso en el Mahayana, como ya dijimos más arriba, se excluye la visión de un Dios modelo judeo-cristiano-islámico: creador, legislador, juez y perdonador de los pecados, si llega el caso.
Ya en nuestra época además de estas dos corrientes fundamentales han aparecido intentos de acomodar, o de síntesis, protagonizados por budistas occidentales. La primera experiencia en este sentido fue la sociedad Teosófica, de origen inglés, allá por 1875; y una de las últimas (que tenga noticia) es la protagonizada por otro inglés: Dennis Lingwood, (Londres, 1925) que luego de vivir 20 años en oriente volvió a su tierra en 1967 para fundar los "Amigos de la Orden Budista Occidental". El D.Lingwood, más conocido por Sangharakshita, ha creado centros en diferentes partes del mundo. En nuestro país se encuentra uno de ellos en la provincia de Alicante ("Gujialoka"). La síntesis que ha hecho resulta bastante atractiva, a juzgar por la cantidad de centros que se han abierto siguiendo esta visión del budismo. 
De todas formas es evidente que todas las variedades del budismo se encuentran en expansión y cambio.
Veamos el conocido Tercer sermón de Buda:

El sermón del fuego
Adittapariyaya Sutta

Esto he escuchado. En una ocasión el Bienaventurado estaba en Gaya, en la Cabeza de Gaya, junto a un grupo de mil monjes. Estando ahí, se dirigió a ellos con estas palabras:
Monjes, todo está ardiendo. ¿Qué significa que todo está ardiendo?
El ojo está ardiendo, las formas están ardiendo, la conciencia del ojo está ardiendo, el contacto del ojo está ardiendo; también toda sensación placentera o penosa, y la que no es ni placentera ni penosa que depende del ojo como su condición indispensable, está ardiendo. ¿Ardiendo con qué? Ardiendo con el fuego de la codicia, con el fuego de la animadversión, con el fuego de la falsa ilusión; ardiendo con el nacimiento,  la vejez y la muerte; con las penas, lamentaciones, dolores, con la angustia y desesperación.
El oído está ardiendo..., la nariz está ardiendo…, la lengua está ardiendo..., el cuerpo está ardiendo..., la mente está ardiendo, las ideas están ardiendo, la conciencia de la mente está ardiendo, el contacto de la mente está ardiendo; también toda sensación placentera o penosa, y la que no es ni placentera ni penosa que depende de la mente como su condición indispensable, está ardiendo. (…)
Podemos escucharlo en el idioma Palí (no es el que Buda usaba)



Monjes, viendo esto, el bien instruido noble discípulo experimenta desapego hacia el ojo,  hacia las formas, hacia la consciencia del ojo, hacia el contacto del ojo y hacia toda la sensación placentera o penosa, y hacia la que no es ni placentera ni penosa que depende del ojo como su condición indispensable. Experimenta desapego hacia el oído..., hacia la nariz..., hacia la lengua..., hacia el cuerpo..., hacia la mente, hacia las ideas, hacia la consciencia de la mente, hacia el contacto de la mente y hacia toda sensación placentera o penosa, y hacia la que no es ni placentera ni penosa que depende de la mente como su condición indispensable.
Experimentando desapego se vuelve desapasionado. Mediante el desapasionamiento, su mente se libera. Alcanzada esta libertad, aparece en él el conocimiento de que está liberado. Entonces entiende: el nacimiento está destruido, la vida santa ha sido realizada, la tarea ha culminado. No queda nada más por delante.
Esto dijo el Bienaventurado y aquellos monjes se sintieron deleitados y elevados por las palabras del Bienaventurado. Y las mentes de aquellos mil monjes fueron plenamente liberadas de las contaminaciones a través del no-apego.


La Ley del Karma 

H. Saddhatissa, nació en Ceilán y fue ordenado monje budista en 1926. Posteriormente se desempeñó como profesor de budismo en la Universidad de Benarés (India) y en Toronto (Canadá). Es un representante calificado de la escuela Theravada.
Kamma o Karma, según lo escribamos en Pali o en Sánscrito, está producido -para Saddhatissa- por todas las acciones que cada individuo efectúa. Karma es la manera como "el pasado influye sobre el presente, pues 'Kamma' es pasado al igual que presente. El pasado y el presente influyen sobre el futuro -en esta vida o en la venidera-. Buda ha dicho: 'Es al acto mental de la voluntad, oh monjes, al que llamo Kamma. Después del deseo viene la acción mediante el cuerpo, la palabra o el pensamiento' (Anguttaranikaya)".
Habitualmente, y no sólo en el budismo, se usa "Karma" como nombre genérico para denotar la conducta y sus resultados. Dichas consecuencias forman una intrincada madeja, interactuando entre si hasta el punto de no poder seguir la cadena causal. Cadena que puede llegar a ser muy compleja dado que nuevos efectos reaccionan con los anteriores, generando consecuencias de toda clase.
Es de hacer notar que, según el budismo (Theravada), no todas las acciones humanas son provocadoras de Karma: "la voz Pali "Kamma" (...) significa literalmente "acción", "actuar". Pero en la teoría buddhista del karma tiene un sentido específico: expresa únicamente la "acción volitiva", y no todas las acciones. Además, esta palabra no significa, como muchos suelen emplearla errónea y libremente, el resultado del karma, pues en la terminología buddhista, el karma no significa nunca su propio efecto, sino que éste es conocido con el nombre de "fruto" o "resultado" del karma (Kamma-phala o Kamma-vipaka).




Tampoco debe confundirse la acción de la ley kármica con "recompensa" o "castigo" por la conducta llevada a cabo. No es la acción de la justicia humana o divina, es el resultado de una ley natural. Una clase de acción volitiva genera unos efectos, otra clase genera distintos. "La idea de justicia moral o de recompensa y castigo, proviene de la concepción de un ser supremo o de un Dios que juzga, dicta sentencia y decide qué es lo bueno y qué es lo malo"
El budismo considera que no se pueden eliminar las consecuencias kármicas que operan hasta su extinción; como las ondas provocadas por lanzar una piedra en un lago se extienden hasta llegar a la orilla o perderse en la distancia. Las consecuencias (vipaka) de la conducta volitiva se extienden hasta que sus efectos quedan cumplidos. Esta acción puede abarcar más de una vida. De ahí la dificultad para establecer la cadena causal en la determinación del estado presente; deberíamos incluir también vidas anteriores, con los inconvenientes de no saber qué hechos son los que provocaron los actuales efectos.
Siendo una cuestión básica para la comprensión no sólo del budismo sino de las tradiciones orientales este concepto ha sido bastante mal entendido, al asimilarlo incorrectamente al destino; a una especie de predestinación que está más allá de la voluntad humana.





No es el "destino", porque éste se nos impone. En cambio la ley kármica es el resultado de acciones que pueden ser cambiadas por la acción de la libertad humana. "Nuestra vida -dice Saddhatisa- es, a la vez, vipaka [resultado] del pasado y Kamma [productora de consecuencias] del futuro. La ley del "Kamma/vipaka" explica la razón por la que el Budismo es frecuentemente considerado como la doctrina del aquí y del ahora. Pues el aquí y el ahora es el único campo de acción en el que el hombre puede influir sobre la cadena del Kamma/vipaka y, finalmente interrumpirla.

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