divendres, 29 d’abril de 2011

ARTE RUPESTRE EN ASTURIES /2

La cueva de Tito Bustillo




El Macizo de Ardines, localizado en la desembocadura del río Sella, constituye un importante sistema kárstico en el que el modelado del río San Miguel ha jugado un activo papel en la configuración de algunas de las cavidades existentes, como es el caso de Tito Bustillo. Junto a ésta, en el Macizo se localizan otras cuevas como La Lloseta, La Cuevona y la Cueva del Tenis o de Viesca.
Nos explica Rodrigo de Balbín, Catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alcalá de Henares que: “Ribadesella posee en sus proximidades, y en parte dentro casi de su mismo casco urbano, una riqueza que no es frecuente y que destaca el conceyu riosellano de los demás. Esa riqueza es el conjunto de Ardines, donde se encuentra la cueva principal de Tito Bustillo.
No es fácil, ni probablemente necesario, establecer un ranking de cuevas con Arte Paleolítico, pero si me viera obligado a hacerlo, colocaría a Tito Bustillo entre las cinco más importantes del mundo. Esa importancia se debe a la cantidad y calidad de sus representaciones artísticas y a un yacimiento excavado del Paleolítico Superior de gran condición. Pero, además, tenemos alrededor todo un conjunto de cuevas decoradas y habitadas que es muy difícil de encontrar en la época.
El conjunto de Ardines no ha sido valorado suficientemente hasta ahora. Se trata de un grupo al menos de diez cuevas, de las que todas tienen restos de habitación del Paleolítico, y cuatro de ellas arte de la misma época. Nos encontramos, por tanto, frente a un conjunto grande e importante de lugares de vivienda y representación, que no se remiten solamente a Tito Bustillo, el más importante de todos ellos.
El conjunto de Ardines no son un grupo de cuevas aisladas donde ocasionalmente vivieran familias paleolíticas, sino un espacio único habitado durante más de diez mil años en el Paleolítico Superior, pero durante otros tantos en el Paleolítico Medio anterior, y durante algunos miles más al terminar el Paleolítico y llegar la bonanza actual a partir del 8.000 antes de Cristo. Se trata de un lugar que nosotros llamamos de agregación, de un centro de referencia y reunión de los grupos sociales que lo habitaron, en diez cuevas al menos y al mismo tiempo. Es un sitio de poblamiento, relativamente estable, con habitaciones próximas desde el exterior y más próximas desde un interior por el que muy frecuentemente se podrían comunicar entre sí. Dentro de Ardines la cueva de Tito Bustillo es la más importante y mejor decorada a lo largo de todo el tiempo y la que probablemente daría cobijo a más personas y a más reuniones, en un espacio múltiple de vivienda, relación, reunión y actividades artísticas y sociales.
Ahora vemos Tito Bustillo de otra manera, engarzado en las otras cuevas y formando parte de un todo que es el importante…”



La Cueva de Tito Bustillo presenta una planta de unos 700 m de longitud articulada en una única galería en la que se abren diversas salas anexas. La entrada original, localizada en la parte noroccidental del macizo y sobre el curso del San Miguel, se encuentra cegada por un derrumbe ocurrido con posterioridad a la ocupación paleolítica de la cueva. El acceso actual, emplazado en el extremo opuesto del macizo, se realiza a través de un túnel artificial abierto en 1970 para facilitar el acceso a las visitas turísticas.
Si queréis hacer un amplio recorrido visual por la cueva, podéis seguir el siguiente enlace:


http://www.dormiren.com/elfrade/fichacercana/ribadesella/cueva-de-tito-bustillo

El Macizo de Ardines desempeñó un importante papel en época paleolítica y el conjunto de sus manifestaciones gráficas constituyen una de las mejores muestras del arte paleolítico de la Cornisa Cantábrica. Formando parte de la misma cuenca fluvial del Sella se encuentra otro importante conjunto artístico que puede visitarse: la Cueva de El Buxu (Cardes, Cangas de Onís).
En abril de 1968 miembros del ovetense grupo de montaña Torreblanca junto a dos jóvenes riosellanos se descolgaron por una sima conocida como Pozu´l Ramu, localizada en las cercanías del pueblo de Ardines. Tras el descenso recorrieron la galería de la cueva descubriendo algunas de sus representaciones más importantes (Camarín de las Vulvas y Panel Principal). El nombre de Tito Bustillo obedece al fallecimiento, pocas semanas después, de uno de los descubridores (Celestino Fernández Bustillo) en un accidente de montaña.



Las investigaciones arqueológicas realizadas en la zona de la entrada original y bajo el Panel Principal remiten a una ocupación en momentos finales del Paleolítico Superior (época Magdaleniense) y han permitido la documentación de una importante colección de arte mueble que se muestra en el Museo Arqueológico de Asturias.
La visión tradicional del arte de la cueva en once conjuntos divididos en dos sectores diferenciados se ha visto superada por los nuevos estudios que interpretan las manifestaciones artísticas como un conjunto único en el que se diferencian dos etapas en su realización: una antigua o pre-magdaleniense, que comprende los conjuntos localizados en la identificada como Galería Larga junto con las primeras fases del Panel Principal, y otra Magdaleniense a la que pertenecen los conjuntos próximos a la entrada original y las últimas fases del Panel Principal.
La descripción de los conjuntos artísticos se realiza siguiendo el recorrido desde la entrada original.
Conjunto de la entrada: caracterizado por manchas de colorante en rojo y representaciones zoomorfas pintadas en el mismo color muy perdidas.
Representaciones del entronque: destaca la presencia de un signo en parrilla y un caballo violeta de idénticas características a los representados en el Panel Principal.



Conjunto del Panel Principal: es el único visitable. Formado por cerca de un centenar de figuras dentro de una compleja secuencia estratigráfica de representaciones grabadas y pintadas en la que se identifican dos fases: una antigua (Gravetense-Solutrense) caracterizada por signos en rojo y una escasa figuración animal y otra más moderna o Magdaleniense, que comprende pinturas zoomorfas (bóvidos, caballos, cérvidos) y grabados de signos y animales (cérvidos) en los que se reconocen técnicas de trazo simple, trazo múltiple, estriado y raspado. 






Junto a éstos, lo más representativo son las figuras de caballos y renos pintados en los que el empleo de color rojo, negro y violeta junto a raspados del contorno y lavados del pigmento otorgan al conjunto una sensación de policromía que convierten al conjunto en uno de los más espectaculares de la Cornisa Cantábrica. 






El inventario clásico reconoce un total de 91 figuras, de las cuales 43 están grabadas, 37 pintadas y en 11 se combinan ambas técnicas, Así 64 animales: 30 cérvidos, 13 caballos, 9 renos, 5 cabras, 4 bisontes, 1 uro, 2 indeterminados, 17 signos y 10 líneas sin interpretar.






La inmensa mayoría del contenido gráfico de ésta sala se encuentra en la pared derecha. Éste panel principal es una larga pared cóncava, con un techo no muy alto y abovedado hacia el espectador. A él acudieron durante miles de años los artístas prehistóricos creando un espació intenso de pintura y grabado en profusa en confusa superposición. A lo largo de toda la pared destaca una gran mancha roja que se superpone a las fases gráficas más antiguas, anteriores a las representaciones más visibles como los caballos y los renos, etc.






En lo que respecta a la pintura, la visión de conjunto del panel principal ofrece una evidente policromía, ya que se utilizan tres colores: negro, rojo y violeta.
No tenemos respuesta para una de las preguntas que nos surgen tras la observación de una pared tan profusa y lóngevamente utilizada. ¿Porqué a los largo de varias decenas de miles de años, cientos o quizás miles de generaciones de artístas paleolíticos fueron a pintar precisamente a esa pared, y no diez o quinze metros más a la derecha, o a la izquierda, o en otra parte de la cueva?






Seguramente no exista una respuesta, ni siquiera una probabilidad digna de tenerse en cuenta, pero algunos estudiosos empiezan a hablarnos de la importáncia del sonido en la selección de determinada pared. Explican que los chamanes-artistas cantaban determinadas canciones, acompañados o no con el sonido de determinados instrumentos: flautas, tambores, etc.,  y escogían precisamente aquellas partes de las cuevas en que las ondas sonoras, reverberaciones, resonancias, amplificaciones, etc., fuesen las adecuadas a sus finalidades. Quizás y sólo és una ocurrencia que se apoderó de mi in situ, la oquedad natural existente casi al nivel del suelo y con una forma semejante a una vulva, tuviera algo que ver con la elección de aquella pared en particular.












No lo sabemos. Quizás las cuevas estaban pintadas por todas partes y sólo nos han llegado esos pocos centenares y, el resto ha desaparecido bajo el peso del polvo de  miles y miles de años.
Galería de los Caballos: conjunto de animales grabados (principalmente caballos) en trazo simple o simple repetido donde algunas representaciones se adaptan al contorno del soporte para transmitir sensación de volumetría y naturalismo.




Conjunto de la Ballena: junto a manchas de colorante en rojo y violeta encontramos los grabados de varios cérvidos, un cetáceo y un posible antropomorfo.







Conjuntos de la Galería Larga: formados por varios paneles en los que encontramos restos de pintura roja, signos cuadrangulares, una mano en negativo y signos laciformes. Recientemente han sido descubiertos otros formados por bisontes pintados en rojo (Galería de los Bisontes), cuatro colgantes o contornos recortados en forma de cabeza de caballo depositados sobre una repisa y dos representaciones antropomorfas en rojo en una sala de difícil acceso (Galería de los Antropomorfos), con un marcado “aire” de antigüedad en su ejecución estilística.
Conjunto Final: engloba varios paneles o conjuntos de animales grabados con técnicas de trazo simple y estriado (bóvidos, cérvidos, caballos), signos pintados en rojo y uno de los conjuntos más singulares de toda la cueva, y uno de los que más ilusión me hacía visitar, por razones obvias:





el Camarín de las Vulvas que, junto a numerosas puntuaciones rojas (un total de 24 figuras), contiene representaciones esquematizadas del sexo femenino (vulvas) en idéntico color. En lo que se ha convenido en denominar invocaciones mágicas a la fecundidad. Una de las figuras que presenta una problemática más acentuada, pero que al mismo tiempo puede aportar una información más valiosa. Se trata de una representación femenina de perfil, a la que falta la cabeza y la parte inferior de las extremidades. Ésta circunstancia es normal en los perfiles de mujer grabados sobre piedra o recortados en marfil y se encuentran ampliamente representados en yacimientos magdalenienses europeos. En su interior se inscribe una vulva en visión frontal, semejante a las otras del camarín. El paralelo más próximo dentro del arte rupestre cantábrico puede ser la figura femenina de Llonín. En aquel caso se ha dibujado la cabeza y el pecho, aunque faltan también los pies.
Éste tipo de figuraciones no es exclusivo del Auriñaciense y del Perigordiense, sino que las vulvas están representadas en otros del Paleolítico Superior. Posiblemente, de la misma forma que en las representaciones de animales se da prioridad a la reproducción fiel del tren delantero y –sobre todo- de la cabeza, la figura vulvar podría simbilizar la imagen de la mujer. Quizás sea significativo que estos signos, lo mismo que les claviformes y en los perfiles femeninos grabados o esculpidos, se concentren en dos momentos: Auriñaciense, Perigordiense Superior y Magdaleniense. Los triángulos, círculos y óvalos, que en todos los casos parecen representar el triángulo púbico o vulvas.




Por la posición que ocupa en la parte más profunda de la cueva, por lo inaccesible, por el reducido tamaño del camarín, a buen seguro, debería de ser uno de los lugares más poderosos -desde el punto de vista ritual- de toda la cueva, lugar específico para efectuar ceremónias vinculadas a la fecundidad y a la fertilidad.
El mejor conocimiento de las representaciones artísticas junto al análisis y comparación con otros  conjuntos regionales (Cueva de La Peña de Candamo, Llonín, Castillo, Pasiega y Altamira) permiten el establecimiento de una actividad artística de larga duración en Tito Bustillo que comenzaría con anterioridad a los 20.000 BP (before present, antes del presente) y finalizaría hacia el 13-12.000 BP concentrándose la fase más intensa de actividad gráfica en los 15.000-14.000 BP.


La Cueva del Pindal

La cueva de El Pindal se localiza en la desembocadura del río Cares-Deva. Está situada en un sector de la rasa caliza costera conocido con el nombre de Cabo de San Emeterio, en un privilegiado enclave natural y paisajístico que forma parte de la Red Regional de Espacios Naturales Protegidos: el Paisaje Protegido de la Costa Oriental.





Su única entrada se abre ampliamente hacia el mar en el acantilado oriental de dicho cabo, lugar desde el que se domina una extensa línea costera que alcanza hasta Santander. En los alrededores, se encuentran la ermita de San Emeterio, el faro del mismo nombre y, un poco más alejadas, las ruinas del monasterio medieval de Santa María de Tina.
La cavidad es una larga galería longitudinal de dirección este-oeste, según el sentido de la visita, con dos zonas topográficas bien diferenciadas: el sector turístico y el sector oculto. El primero es un tramo de aproximadamente 300 m, amplio y de cómodo recorrido, donde se sitúa la práctica totalidad del repertorio parietal paleolítico. El segundo, no visitable, constituye la mitad occidental de la cavidad y es un pasillo estrecho y muy accidentado de unos 260 m de longitud. Toda la cueva está recorrida por un cauce fluvial que se activa estacionalmente, en respuesta al agua de lluvia del exterior.
Aunque la cavidad ha sido conocida históricamente, el descubrimiento científico de su arte rupestre, en el temprano año de 1908, se debió al profesor cántabro Hermilio Alcalde del Río. Su exploración formó parte de un proyecto de inspección sistemática de la zona oriental de Asturias a partir del cual también se descubrieron las cuevas de La Loja (Peñamellera Baja), Mazaculos (Ribadedeva) y Quintanal (Llanes).





El primer estudio de sus manifestaciones rupestres fue publicado en 1911, incluido en Les Cavernes de la Région Cantabrique, obra patrocinada por el Príncipe Alberto de Mónaco y de la que fueron autores el propio H. Alcalde del Río, H. Breuil y L. Sierra. En 1954, F. Jordá y M. Berenguer publicaron una completa revisión de las pinturas y grabados, así como las conclusiones de la infructuosa prospección arqueológica realizada por el primero de ellos en el vestíbulo de la cueva. En 1957 se realizan en el vestíbulo trabajos de acondicionamiento y limpieza que permitieron el hallazgo de un canto rodado pintado perimetralmente con una banda de color rojo, pieza hoy conservada en el Museo Arqueológico de Asturias y atribuida por Jordá al periodo Aziliense, fase posterior a la presencia paleolítica de la cueva.
El contenido artístico de la cueva de El Pindal se reparte fundamentalmente en cinco zonas, dos al sur y tres al norte de la galería turística. En el lado sur se localizan dos sectores: el primero, a unos 120 m de la entrada, constituido por una pequeña cabeza de caballo pintada en color rojo, en el techo. El segundo, al final de la galería turística, en un nivel alto de  la cueva, está formado por un conjunto de representaciones en negro en muy mal estado de conservación. Se trata de la cabeza de un caballo, un ciervo y los cuartos traseros de un zoomorfo localizados en un bloque desprendido de la pared y de dos signos lineales, uno ramiforme y otro escaleriforme, pintados en el techo a unos metros del bloque anterior.



En el lado norte se distinguen tres sectores. A unos 200 m de la entrada está el Panel Principal que concentra la gran mayoría de las pinturas y grabados de la cueva. Se trata de una pared de unos 10 m de longitud en la que se observa, con mayor o menor claridad, una serie de representaciones pintadas en color rojo. Se trata de seis figuras animales (tres bisontes, una cabeza de caballo, una cierva y una representación de mamut) y de diversos motivos de carácter abstracto, agrupados en conjuntos ordenados o individualmente repartidos por la pared: trazos lineales y bastoncillos, puntos, un laciforme, dos escutiformes y el significativo conjunto de claviformes. A todo ello hay que añadir un amplio número de representaciones grabadas (nueve bisontes y cuatro caballos) que completan el dispositivo pintado.
Así en total en ésta fantástica cueva, aparecen:
14 bisontes: 2 pintados, 9 grabados y 3 pintados y grabados.
8 caballos: 2 pintados, 4 grabados y 2 pintados y grabados.
4 cérvidos: 3 pintados y uno grabado.
1 pez grabado.
2 mamuts pintados.
Además de un número considerable de signos de hasta siete tipos diferentes.
El Panel Principal de El Pindal es un lugar extraordinario, especialmente por la disposición y la escenografía muy cuidada de las representaciones.








Se encuentra a unos 250 metros de la entrada y en el se concentra la mayor parte de las pinturas y grabados de la cueva. Se inscribe en una pared cóncava de unos 10 metros de longitud rodeada por toda una serie deresaltes rocosos y oquedades que favorecen su lectura en diversos planos de profundidad. Casi todas las representaciones son en rojo, se realizaron a la misma altura y su tamaño es homogéneo, por lo que se percibe una gran sensación de equilibrio. En la zona derecha del panel dominan los signos, diversos trazos lineales así como otras reprentaciones grabadas de animales. 








La zona central, delimitada por resaltes y crestones, todos ellos marcados con trazos lineales y puntualizaciones de color rojo y, excepcionalmente en negro. Doce bisontes, cuatro caballos, una cierva, y una cornamenta de cérvido inacabada. Destaca sobre todo los seis signos claviformes, con un abultamiento a la derecha que encontramos tambien en algunas cuevas francesas a más de 700 Kms. de distancia.



Impresiona particularmente la gran cierva roja debajo del saliente decorado con impresiones digitales rojas que sin duda sería el lugar preferente de todo el panel. También aquí, los artistas recurrieron a la misma pared a lo largo de miles de años y, tambien aquí, encontramos, como en Tito Bustillo, una oquedad con una forma particularmente sugerente:




Cerca del Panel Principal, caminando hacia el oeste, se encuentra el Panel del Pez, constituido por una figura grabada de este tipo, un gran bisonte acéfalo también grabado y algunas marcas digitales de color rojo.
Siguiendo hacia el oeste, pocos metros antes del estrechamiento que da paso al sector oculto, se conserva precariamente una de las figuras más conocidas de la cueva: la representación del mamut clásico, pintada en rojo y acompañada por un par de haces de líneas paralelas del mismo color de los cuales sólo uno de ellos se observa con claridad.



El contenido artístico de la cueva debió ser realizado en distintas fases, a lo largo de un tiempo amplio que iría desde momentos antiguos pre-magdalenienses (anteriores a 20.000 BP-before present-antes del presente) hasta otros más recientes del periodo pleno Magdaleniense (en torno a los 14.000 BP).


La Cueva de la Peña de Cándamo

 La cueva se localiza en el curso bajo del río Nalón, muy cerca de su desembocadura, y constituye la cavidad con arte paleolítico más occidental del continente europeo.



Se abre en la base de un cerro calizo, conocido como La Peña, y presenta una planta de unos 70 m de longitud. El acceso se realiza a través de una pequeña sala agrandada artificialmente para la recepción de los visitantes que comunica con una galería en la que en su pared derecha, 








y a una cota inferior, se encuentra una pequeña sala en cuyo techo se conservan diversas representaciones de carácter esquemático en color rojo (Sala de los Signos Rojos). 
Esta galería conduce hacia el espacio o sala principal de la cavidad donde se encuentra la práctica totalidad del conjunto artístico de la cueva (Salón de los Grabados).



Esta sala, que sorprende tanto por su amplitud como por su altura, se encuentra delimitada perimetralmente por un conjunto de imponentes formaciones geológicas (columnas, coladas y concreciones estalagmíticas). En uno de sus extremos se abre una pequeña sala (Galería de las Batiscias), denominada así por la abundancia de insectos cavernarios presentes en la misma; tradicionalmente se indicaba la ausencia de representaciones paleolíticas en la misma, pero investigaciones recientes apuntan la existencia de un pequeño contenido gráfico.
Conocida desde antiguo por los habitantes de la zona, el descubrimiento científico tiene lugar en 1914 cuando Eduardo Hernández Pacheco (catedrático de Geología de la Universidad Complutense) identifica la existencia de pinturas y grabados. Casi simultáneamente, el Conde de La Vega del Sella (importante prehistoriador asturiano) reconoce la cavidad identificando su arte. Tras un intercambio de informaciones entre ambos, será el primero de ellos el que se encargue de su investigación y de la publicación del arte en 1919, constituyendo una de las más completas monografías publicadas sobre el arte paleolítico del área cantábrica.



La importancia de su arte fue rápidamente reconocida y motivó la declaración del Monumento Nacional en 1942.
Acondicionada para la visita pública y sin un control efectivo sobre la misma, el trato recibido por los grabados y las pinturas motivó un gravísimo deterioro que obligó, en 1980, al cierre de la cueva y a la realización de estudios centrados en la conservación y recuperación medioambiental de la cavidad. Tras más de una década de reposo y recuperado su equilibrio interno, la cueva fue reabierta al público a finales de los años 90 del pasado siglo.
Salón de los Grabados.
La amplitud del mismo hace que sean identificados un total de seis espacios gráficos de derecha a izquierda de la sala.
Mogote Estalagmítico: pequeña colada con grabados anchos y profundos en los que se identifican dos cabezas de caballo y una cierva.



Muro de los Grabados: las representaciones se articulan en dos sectores individualizados por una concreción calcítica que recorre la pared. En el sector derecho y en su esquina superior derecha, destacan las figuras de varios uros en tonalidad ocre asociados a una serie de puntuaciones en negro. A la izquierda de éstas se encuentran representaciones incompletas de uros, algunas de las cuales se reducen sólo a la cornamenta. El resto del panel muestra un confuso conjunto de representaciones a base de puntuaciones y trazos lineales pintados junto a grabados zoomorfos en los que se identifican varios uros, bisontes, ciervos, caballos, cápridos y un dudoso jabalí. Entre ellos destacan dos figuras: el gran uro central 




y el ciervo con la cabeza vuelta que muestra la presencia de trazos lineales que convergen en el cuerpo del animal e identificados como posibles lanzas. 






En el sector izquierdo, las representaciones se distribuyen en tres zonas diferenciadas. La superior muestra una cierva estilizada; la central contiene un completo conjunto de representaciones pintadas y grabadas en las que se reconocen uros, ciervos, cabras, caballos, un antropomorfo y una posible foca. En el extremo izquierdo del sector se documenta una importante superposición de figuras pintadas y grabadas en las que se identifican varios cérvidos, rebecos, bisontes (uno simplificado en su cabeza y que muestra rasgos humanos) y un antropomorfo.





Talud Estalagmítico:
Formando parte de una gran colada estalagmítica se documentan diversos trazos en negro y la figura de un caballo parcialmente grabado y pintado en rojo.
Pero sin lugar a dudas, la obra más impactante y maravillosa de la cueva de La Peña es el Camarín,



pequeña oquedad localizada a gran altura y enmarcada por dos coladas estalagmíticas. Aunque el contenido gráfico se reduce a seis animales (cuatro caballos, un uro y un bisonte), la calidad artística de uno de los caballos hace que este espacio sea uno de los más singulares de toda la cueva. 






Dicho caballo, pintado en ocre y que ocupa una posición central dentro del Camarín, fue realizado dentro de un auténtico proyecto escenográfico que implicó la ruptura de elementos naturales (pequeños crestones calcíticos) para hacer que la figura fuese perfectamente visible desde el suelo de la Sala Principal.




El aspecto particularmente llamativo de éste caballo se lo ofrece su ubicación topográfica, al estar expuesta como una espectacular escenografía, claramente concebida para ser vista desde el suelo de la sala y con un foco de iluminación oscilante -quizás una lámpara de sebo- en el interior mismo del camerin, lo que conferiría una particular vitalidad y sensación de movimiento al caballo.







El artista paleolítico, conjugó aquí los tres elementos esenciales de la creación artística de su tiempo: roca-soporte, color y luz, con el fin de crear una composición fuertemente efectista, cuya finalidad era, sin lugar a dudas provocar un fuerte impacto visual y emocional en el espectador.
Ninguna fotografía, por extraordinaria que fuera, puede captar las sensaciones e impresiones que provoca la observación directa de ésta magnífica obra de arte.
Panel de la Cabra:
Formando parte de un conjunto de importantes formaciones geológicas y elevada sobre el suelo de la sala se encuentra la figura aislada de una cabra.
Columnas:
Conjunto formado por varias columnas calcíticas que contienen discos de color rojo distribuidos de forma rítmica a lo largo de su tercio inferior.
Galería de las Batiscias.
Estudios recientes apuntan la existencia de manchas y trazos rojos asociados a espeleotemas y también de trazos grabados que podrían corresponderse con representaciones zoomorfas.



Tanto el análisis estilístico de las representaciones como las dataciones radiocarbónicas realizadas en algunas de ellas, permiten definir un ciclo artístico de larga duración en la cueva de La Peña de Candamo y que abarcaría desde momentos gravetienses a fases finales del Magdaleniense (22.590-10.870 BP-before present, antes del presente). Esta amplia cronología unida a la calidad de algunas de las representaciones hace que la cueva de La Peña pueda ser considerada como uno de los grandes santuarios del arte paleolítico europeo.


BIBLIOGRAFIA


























Bueno, espero haber conseguido transmitiros algunas de las muchas sensaciones que me ofrecieron las visitas a éstos lugares extraordinarios.