dimecres, 9 de desembre del 2009

PAISAJES ONÍRICOS: GERARD DE NERVAL Y MAXFIELD PARRISH

“El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.”
Hölderlin

"Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra pequeña vida termina durmiendo"
William Shakespeare  

"Estamos muy cerca de despertar cuando soñamos que soñamos".
Novalis  

"Quienes piden lógica a la vida se olvidan de que es un sueño. Los sueños no tienen lógica".
Amado Nervo  

"Vivir quiere decir soñar; ser sabio significa soñar apaciblemente".
Friedrich von Schiller  

"Nada os pertenece en propiedad más que vuestros sueños."
Friedrich Nietzsche  

"Verdad son los sueños mientras duran, pero, ¿qué es vivir sino soñar?"
Alfred Tennyson  



“Revoloteaba alegremente; era una mariposa muy contenta de serlo. No sabía que era Chuang Tse. De repente despierta. Era Chuang Tse y se asombró de serlo. Ya no le era posible saber si era Chuang Tse que soñaba ser una mariposa, o era una mariposa que soñaba ser Chuang Tse.”

Chuang Tse
“Es quan dormo que hi veig clar”
JV. FOIX

"¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son".
Pedro Calderon de la Barca

“Todo vive, todo se agita, todo se corresponde; los rayos magnéticos emanados de mí mismo o de otros, atraviesan sin obstáculo la cadena infinita de las cosas creadas: es una red que cubre el mundo y cuyos hilos se comunican con los planetas y las estrellas”. 

Gerard de Nerval.






No a todo el mundo le parecerá coherente mezclar la obra y la biografía de los dos personajes que dan título a ésta entrada. Pero a poco que lo pensemos, la razón –evidente- saltará a la vista, los dos han dedicado los mejores años de su vida a transmitirnos ese universo que se abre a nuestros sentidos más allá de la lógica, cuando nos sumimos en esa “otra realidad” del mundo de los sueños.


Ésta entrada coincidente con las 45.000 visitas al blog, pretende sobretodo agradeceros vuestro interés por la tarea que me he impuesto, en los últimos meses, el aluvión de visitantes ha sido mayúsculo, desbordando todas mis previsiones. Por otra parte, venía dándole vueltas a la necesidad de dar a conocer el conjunto de la obra de Parrish y la “Aurelia” de Gerard de Nerval, 





obra capital de la literatura universal y del romanticismo en particular, prácticamente desconocida en nuestro país. Y como suele suceder -“no hay dos sin tres”- ésta entrada me permitirá así mismo, compartir con vosotros, un fragmento de uno de mis libros de cabecera, “El ocultismo y la creación poética” de Eduardo E. Azcuy, pensador argentino de altos vuelos, también ignorado en nuestras lares.


Lamento no poder incluir, como en otras ocasiones, ni la obra de Nerval, ni la de Azcuy, no he sido capaz de encontrarlas en la red, tenéis mi compromiso de que en cuanto lleguen a mis manos os pondré el link, mientras tanto os recomiendo efusivamente que los consigáis y los leáis, no solamente no os arrepentiréis, sino que pasaréis unas horas sumamente agradables.


Así pues, poneros cómodos y disponeros a emprender un viaje extraordinario, de la mano de la imagen y la palabra, atravesando el caótico océano de los sueños, guiados por dos de sus más expertos navegantes.


Empecemos por la breve biografía de Parrish que he tomado prestada del blog amigo “La gruta de los Lienzos”.







Maxfield Parrish (1879-1926) Pintor e ilustrador norteamericano, encuadrado en la Edad Dorada de la Ilustración. Nacido en Philadelphia, Pennsylvania, comenzó a dibujar por su cuenta cuando era niño. Su nombre era Frederick Parrish, pero luego adoptó el apellido de soltera de su abuela materna, Maxfield, como su nombre central, que se acabaría convirtiendo en su nombre profesional. Su padre era un artista grabador y paisajista; los padres del joven Parrish animaron su talento.


Estudió en el Haverford College y en la Pennsylvania Academy of the Fine Arts. Desarrolló una carrera artística que abarcó más de medio siglo, la cual ayudó a formar la Edad de Oro de la ilustración y las futuras artes visuales americanas. Recibiendo el encargo de ilustrar el “Mother Goose in Prose” de L. Frank Baum en 1897, su repertorio incluyó muchos proyectos prestigiososo como los "Poems of Childhood" de Eugene Field (1904), así como trabajos tradicionales como Arabian Nights (1909).







Los libros ilustrados por Parrish son objetos muy codiciados por los coleccionistas. Obtuvo también muchos encargos de populares revistas en las décadas de 1910 y 1920, incluyendo “Hearst's”, “Colliers”, y “Life”. 





Fue también uno de los ilustradores favoritos de algunos anunciantes, incluyendo Wanamaker's, Edison-Mazda Lamps, Fisk Tires, Colgate y Oneida Cutlery. 







En la década de1920, Parrish abandonó las ilustraciones y se concentró en pintar. Los desnudos andróginos en entornos fantásticos eran un tema recurrente. Continuó en esta línea muchos años, viviendo confortablemente de los beneficios obtenidos en la producción de láminas y calendarios.


Una de sus primeras modelos fue Kitty Owen, en los años 20.




  





Luego, otra de sus favoritas, Susan Lewin, posó en multitud de trabajos y fue empleada en el hogar de Parrish muchos años. Parrish posó para un gran número de figuras masculinas – y ocasionalmente femeninas.







En 1931, declaró a la Associated Press, "He acabado con las mujeres sobre rocas", y en su lugar optó por focos sobre paisajes. Aunque no fueron tan populares como sus primeros trabajos, sacó provecho de ellos. Usaría a menudo modelos de los paisajes que deseaba pintar, usando varias iluminaciones antes de decidir la visión preferida, la cual fotografiaría como una base para la pintura (como, por ejemplo, The Millpond). Se instaló en Cornish, New Hampshire, y pintó hasta los 91 años de edad.








 


Su obra adquiere una dimensión onírica, con unos colores y una textura que configuran unos espacios reconocibles a un nivel mucho más profundo más allá de la razón y que situariamos fuera de la "realidad ordinaria" 
A continuación veamos lo que sabemos de Gerard de Nerval según lo que nos explica Eduardo Azcuy, en su obra: “El ocultismo y la razón poética”, capítulo V, “La Unidad Cósmica y el sueño en la poética de Nerval”, acompañados de las sugerentes obras de Maxfield Parrish.











"El romanticismo francés tuvo, en Gerardo de Nerval, a uno de sus más puros representantes. Muy cercano a los románticos alemanes, que conferían al poeta una tarea metafísica, y pretendían acceder a un conocimiento objetivo y a una captación de lo real por medio de psicotécnicas y ascesis de tipo místico, Nerval perteneció a un romanticismo menor que mostraba marcada predilección por lo maravilloso, y tratando de expresar lo inexpresable, señalaba a la poesía nuevas y riesgosas posibilidades.


Gérard de Nerval (1808-1855) sigue siendo entre nosotros un escritor insuficientemente conocido.


Traductor, poeta, narrador, cuentista, libretista, Gérard de Nerval fue un escritor raro para su tiempo. Su obra más profunda e inquietante fue escrita en los últimos años de su vida como un testimonio de su particular descenso a los infiernos. Amigo y colaborador de Gautier, de Alejandro Dumas, de Victor Hugo, Nerval fue admirado por ellos, pero la rareza de su propósito literario y la rara calidad de su prosa y de su poesía sólo podían ser comprendidas a partir de Baudelaire, Rimbaud y, ya en el siglo XX, de André Breton, sin olvidar la admiración que le profesaron Apollinaire y Proust. Pocos como él pueden ser llamados en Francia románticos. Su interés por el romanticismo y por la literatura alemanas lo llevaron a traducir en 1828 el Fausto de Goethe, pero fue traductor también de Heine, Jean-Paul y Hoffmann. Quizás halló en ellos la afinidad no sólo por los poderes del sueño (Jean-Paul), sino la nostalgia por los orígenes, la pérdida de la infancia y la percepción de un mundo en perpetuo nacimiento y alteración.







La prosa de Aurelia (lo dijo Albert Béguin y podemos repetirlo hoy) pertenece a una poesía sorprendente en la historia de las letras francesas. Su sencillez, su carencia de oscuridad expresiva se funden con otro mérito difícil de definir: la capacidad de envolvernos en una abismal transparencia. Escrito como testimonio de uno de sus momentos de locura (Nerval estuvo internado varias veces desde 1841), es también el lugar donde ocurre la experiencia que relata. Su primera línea es ya famosa: "El sueño es una segunda vida". Para Nerval el sueño participa de una lógica y es otro momento de la experiencia del yo. Desentrañar esta vivencia es adentrase, lo dice explícitamente, en el misterio de la condición humana. A partir de que el sueño se prolonga, sin perder un sentido lógico, en la vigilia, el mundo se torna doble: los acontecimientos cotidianos parecen mostrar una señal que los trasciende y cuyo sentido está más allá de ellos. "No sé cómo explicar —dice Nerval— que, en mi interior, los acontecimientos terrestres podían coincidir con los del mundo sobrenatural". Este sueño de anabasis, tenido no en la ensoñación sino en la vigilia, desplegado gracias a la analogía (que asiste tanto a la poesía como a ciertos delirios) entre reinos distintos y a menudo en discordia, puede ser leído como uno de los mitos de la modernidad: el momento de tensión entre la idea de la muerte de Dios (Jean-Paul, de nuevo) y la exaltación de una razón, revolucionaria y cientificista, que no termina de responder a las demandas transcendentes de ser humano. 







El fuerte paganismo de la obra de Nerval estuvo siempre reñido con un no menor sentimiento de culpa que el psicoanálisis podría explicar por la pérdida, cuando tenía dos años, de su madre. Podrá explicar la psicología de Gérard Labrunie, verdadero nombre del poeta, pero no su obra, es decir, no puede explicar a Nerval. Ese paganismo consistió, además, como muy bien supo el poeta —uno de los más lúcidos de su siglo— en el endiosamiento de una criatura, actitud enfrentada con el cristianismo. La necesidad de limpiar esa culpa y, por lo tanto, de salvarse pasa en Nerval por el restablecimiento de la armonía universal. La expiación de su culpa individual (psicología) es en realidad la búsqueda denodada de una escisión fundamental, la ruptura del orden analógico. Lo que el poeta ve es que "todo vive, todo actúa, todo se corresponde". En su complejo combate, Nerval finalmente percibe que el cristianismo es esencialmente piedad, y parece aceptar la capacidad del Cristo para perdonar. No obstante, para el poeta sigue en pie la pregunta por la posibilidad de perpetuar el vínculo entre el sueño y la vigilia, entre el interior y el exterior. La respuesta, quizás, la encontramos sus lectores en esa "chanson d’amour... que toujours recommence" que atraviesa su "Délfica". Fue Nietzsche, afín en algunos extremos a Nerval, quien afirmó que “sólo quien lleva un gran caos en sí puede poner una estrella en el cielo”. 






Nerval lo hizo sin alzar la voz. Descendió a los infiernos con una sonrisa. Quizás no lo sabía, pero el libro que buscaba, único, lo había encontrado al inventarlo.


En Alemania, Novalis, Arnim, Tieck, Brentano y otros audaces exploradores del "yo", se esforzaban por llegar a lo desconocido, a una existencia más auténtica, a un nivel intemporal, en el que liberada de opuestos, la conciencia se fundiese en una unidad original, plena y viviente. La poesía, el sueño, la magia y la cima del amor, eran seguras "puertas en el muro" para penetrar el sendero de la posible liberación suprema. Todo el ser, y no sólo las facultades racionales, debían participar en esa gran aventura metafísica del revelamiento  del alma. Se trataba de un descenso a los oscuros estados de la mente desde donde fuese posible reencontrar el "Paraíso Perdido" e integrarse en la vida unida, presentida más allá del universo sensible. 







Los modernos estudios nervalianos identifican a Gerardo con esa familia de buscadores de infinito. Richer, Le Breton, Beguin y Marie han aportado elementos de juicio que contribuyen a perfilar la dimensión espiritual del poeta, aislándolo en cierto sentido de los prominentes románticos que se alinean detrás de Lamartine y de Vigny. No obstante, Gerardo no respondía enteramente a la vieja Alemania, "nuestra madre común", como él mismo la llamara. Francia registraba al respecto antecedentes ilustres y tanto con anterioridad a sus grandes románticos, como en la corriente posterior que partiendo de Gerardo, Petrus Borel y otros, alcanzaría su máxima cumbre en Baudelaire; muchos "horribles trabajadores", habían forzado las compuertas- del sueño, lanzándose hacia lo irracional o en un intento desesperado por develar lo incognoscible, pedían al ocultismo y a la magia las llaves sagradas para dominar la naturaleza. 





El siglo XVIII había tenido en el conde de Saint-Germain, en Fabre d'Olivet, en Claude de Saint-Martin o en Restif de la Brentonne (algunos de ellos figurará en Les Illuminés de Gerardo), a pensadores de la más pura línea tradicional que, partiendo de intuiciones y experiencias mentales, repensaban el ocultismo y estructuraban doctrinas interdictas, basándose en la percepción primitiva de la correspondencia universal.


Gerardo constituye, sin duda, el punto culminante de esa honda inquietud espiritual, pero su ámbito no es el de la especulación racional, sino el de la ensoñación y el éxtasis poético. Nerval interroga con terror a las tradiciones primitivas, pretende develar los antiguos arcanos y entabla a través de su obra una lucha decisiva por el conocimiento. La poesía es una revelación y fluye de las profundidades del sueño, mundo misterioso y trascendente que habrá que iluminar y forzar. La aventura interior de Gerardo lo acerca asimismo a los "maestros de la ensoñación", especialmente a Sénancour, Nodier y Guérin. Con ellos comparte gran número de temas, comunes también a los románticos alemanes. Albert Beguin los enumera: "analogía entre el hombre y la naturaleza, percepción de lo invisible a través de los objetos, esperanza de dominar sus propios estados de alma y de servirse de ellos a fin de conquistar un poder nuevo sobre el mundo, mística de los números y búsqueda de la unidad más allá de las apariencias múltiples". Estas afinidades presentaron -no obstante- una sensible diferencia, que podría esquematizarse en la oposición mística - magia. 










Mientras los prerrománticos franceses buscaron el éxtasis, la salida del tiempo, la inmersión del "yo" en un eterno presente atemporal libre de opuestos y la unificación de la vida en una suprema y fugaz aspiración de eternidad, los alemanes pretendieron, ante todo, poderes para modificar la naturaleza y fórmulas mágicas para poseer ese forzado paraíso. En esa tentativa sobrehumana habrá de acompañamos Nerval y posteriormente Baudelaire y Rimbaud, quien, por la magia del verso, pretendía captar la imagen real del universo y hallar los secretos para cambiar la vida.


En Obermann, Sénancour anticipa la aprehensión de esas correspondencias, que Nerval conocerá en momentos de exaltación dramática. Sénancour accedía a la conciencia impersonal siguiendo en el ambiente el sentido de los ritmos. Mediante particulares métodos de inducción (dispersión o repliegue del "yo") obtenía lentamente ese estado de gracia, verdadera fusión en el torrente de la vida cósmica. La realidad exterior se aniquilaba por sí misma, y el soñador, liberado de la continuidad, substraído de la vida separada, gozaba en la atemporalidad del ser. 





 




“Entregados a todo cuanto se agita y se sucede en torno nuestro, afectados por el pájaro que pasa, la piedra que cae, el viento que muge, la nube que avanza; accidentalmente modificados en esta esfera siempre móvil, somos lo que nos hacen ser la calma, la sombra, el ruido de un insecto, el olor que emana de una hierba, todo ese universo que vegeta y se mineraliza a nuestros pies; cambiamos según sus formas instantáneas, somos movidos por sus movimientos, vivimos con su vida”.


Esta pasividad de Sénancour lo aleja de Nodier, cuyo paisaje espiritual, aunque registra afinidades y coincidencias notables, rechaza la nolición y las incertidumbres de Obermann y busca en los sueños la materia para modelar un cosmos acorde con sus dramáticos reclamos. Nodier es un espíritu ávido de curiosidad para el que "el mapa del universo imaginable sólo se traza en sueños". Acuciado por sus propios conflictos, bucea las profundidades, liberando imágenes que lo angustian y transformándolas en mitos que enriquecen su obra y le permiten su reconciliación interior.









Pero ni el ensueño de Öbermann ni los mitos de Nodier en El Hada de las Migajas, alcanzan la profundidad mística que impregna las obras de Maurice de Guérin. El sentimiento de la vida cósmica que asoma en las últimas visiones de Hugo y que habrá de patentizarse en Aurelia, se anuncia ya en el Cuaderno Verde. Guérin es un niño maravillado que transita los límites del tiempo. Por momentos cruza su frontera y retorna impregnado de eternidad. No posee biografía ni alimenta pasiones terrestres. Vive en los ritmos cambiantes, en los rumores inaudibles y en los contraluces del crepúsculo. Como Michel, el demente de Nodier, es una criatura de desecho o de elección, que vive de invención, de fantasía y de amor en las regiones más puras de la inteligencia. Su sola felicidad es esa que consiste en renunciar al egotismo, y en lograr el "minuto fuera del tiempo" fundiéndose en el torrente de la vida cósmica.








“Habito con los elementos interiores de las cosas, subo a lo largo de los rayos de las estrellas y de la corriente de los ríos hasta el seno de los misterios de su generación. Soy admitido por la naturaleza en el más secreto de sus divinos recintos, en el punto de partida de la vida universal; ahí sorprendo la causa del movimiento y escucho el primer canto de los seres en toda su frescura”.


Su alma fluctúa entre esos anticipos de la eternidad y los crueles e inevitables descensos al universo de la experiencia sensoria y la captación condicionada. Llega entonces la hora de la decepción, del profundo sufrimiento. Su alma acostumbrada a penetrar las tinieblas más allá de las cuales "se ve cara a cara ciertos misterios o se disfruta de las más dulces visiones", cae, se condensa, sufre un súbito encogimiento, "se contrae y se enrolla sobre sí misma como una hoja tocada por el frío".


Guérin se nos presenta como un ser abierto a las divinidades del sueño. Su vida oscura, que se acerca por la intensidad de su experiencia al nivel de "sahaja samadhi" de los jivan-muktas hindúes, comunica con otra realidad más vasta que se prolonga de su propio ser. 





Las imágenes y los símbolos del inconsciente proyectan sus sombras en un universo total; el universo viviente de la tradición ocultista que el romanticismo recreará, exaltando los mitos del inconsciente, del alma del mundo, de la unidad universal y de las correspondencias invisibles.


También como Guérin, Gerardo tuvo a su alma como primer horizonte. Hijo de un cirujano mayor de los ejércitos imperiales, Gerardo Labrunie nació en París el 21 de mayo de 1808. El niño jamás conoció a su madre. "Nunca he visto a mi madre -escribió-; sus retratos han sido perdidos o robados." Fue criado en Loisy, municipio de Ver y pasó largas temporadas en la casa de su tío abuelo Boucher, en Mortefontaine, no lejos de aquel "cercado de Nerval". Allí, en casa del tío Boucher, halló la vieja biblioteca de ocultistas y mistagogos a la que hace referencia en Sylvie y en el prefacio de Les Illuminés. También allí bailó sobre el pasto, en medio de las niñas del pueblo y entró en la ronda con la hermosa Adriana, que venía del castillo a mezclarse con las campesinas. Esa impresión fue tan profunda que, a pesar de que no la volvió a ver y supo más tarde de su muerte, persistió en descubrirla en las mujeres que asomaron a su vida tato en la realidad o en el ensueño. Ella fue Silvia y Aurelia y fue también Jenny Colon, la actriz a la que Gerardo escribió diversas obras y fundó, para celebrarla, la revista Monde Dramatique. 







Su sensibilidad exacerbada, su descenso a los infiernos, y la dualidad desconcertante que se proyectó sobre su trágico destino, son los factores conformantes de una personalidad única en las letras francesas. De sólida formación clásica, romántico por temperamento y vocación, precursor del simbolismo y anunciador del surrealismo, Nerval parece hoy superior a Lamartine y a Musset y por lo menos igual a Hugo. En su Introduction à la poésie francaise, Thierry Maulnier ha escrito que la primera mitad del siglo XX en la historia de la poesía francesa, no es ni Hugo, ni Vigny, ni Lamartine ni Musset, sino Gerardo de Nerval, ese diamante de limpidez insondable, donde se refleja la parte invisible del mundo. "Tan atormentado como Baudelaire, pero sin sacrificar al gusto por la joyería macabra de Les Fleurs du Mal; tan punzante como Rimbaud, pero sin su risa provocativa; tan dolorido como Verlaine, sin su crápula; tan sabio como Mallarmé, sin su pose. Era por naturaleza lo que Valéry ha sido por oficio, un Valéry desinfatuado."







En Aurelia intentó penetrar el "más allá", atravesando los indescifrables y helados subterráneos del sueño. No conozco otra obra que esté tan vinculada con la existencia de su autor, escribió Béguin. Su nostalgia de la unidad esencial lo llevó a una búsqueda en la que puso en juego su propia vida y no retrocedió, como Rimbaud, ante "el mundo de los espíritus". 






Imperativo y trágico, con ese rostro consumido por fiebre de infinito, que la foto de Nadar muestra con implacable crudeza, Gerardo libró su última batalla espiritual la noche del 26 de enero de 1855. Cuando amaneció en la sórdida calleja de la Vieille Lanterne, su  cuerpo material, que albergara a un espíritu puro de poesía, se balanceaba entre el cielo y la tierra. La víspera, había escrito a su tía, madame Labiunie, una esquela esotérica y breve que terminaba con estas palabras: “Hoy no me esperes porque la noche será negra y blanca."


El genio que poseyó a Gerardo, impulsándolo a sus extrañas actitudes de alucinado, no guardó, seguramente, ninguna relación con la locura. La genialidad nervaliana, producto, tal vez, de una mezcla feliz de disposiciones biológicas discordantes, desarrolló su curva vital en esa zona imprecisa que se halla entre las fronteras del equilibrio mental y la perturbación psíquica. Un psiquiatra alemán se asombraba de que su "enfermedad' mental" hubiese sido notablemente creadora y constructiva. Existió en él la fría razón a la cabeza de la fiebre. 







Como decía Gautier, la alucinación analizándose a sí misma mediante un supremo esfuerzo filosófico. Nunca como en esos momentos de exaltación que le valieron reiteradas visitas al doctor Blanche, Gerardo se halló tan libre de inhibiciones y dueño de una fuerza que multiplicaba su comprensión y su agudeza. "Me parecía saberlo todo -escribe-, comprenderlo todo. La imaginación me aportaba delicias infinitas ...


Al recobrar lo que los hombres llaman la razón, ¿será preciso sentir haberla perdido?" Como Obermann, se abstraía de su contorno aniquilando la realidad exterior, "soñando con los ojos abiertos, atento a la caída de una hoja, al vuelo de un insecto, al paso de un ave, a la forma de una nube, a todo lo vagoroso que pasa por los aires". La vida universal le concedía su embriaguez y la contemplación, libertadora de la continuidad, era un método seguro de inducción para trasponer la conciencia ordinaria e integrarse en una infinitud independiente del tiempo.


“Algunas veces -escribió Gautier- se lo veía en la esquina de una calle, con el sombrero en la mano, en una especie de éxtasis, evidentemente ausente del lugar en que se hallaba . . . Cuando lo encontrábamos de esa manera absorta, tomábamos precauciones para no abordarlo bruscamente, de miedo de hacerlo caer de lo alto de su sueño, como un sonámbulo que se despierta sobresaltado, paseándose con los ojos cerrados y profundamente dormido al borde de un tejado. Nos situábamos en su campo visual y le dejábamos el tiempo necesario para volver del fondo de su sueño, esperando que su mirada nos encontrase por sí misma”. 







La sensación de esa experiencia, liberadora del principium individuationis, se proyecta en su obra poética mezclándose a sus lecturas y a sus recuerdos personales. La simbología tradicional se confunde con sus propias vivencias, los paranormales estados de su psiquis se agudizan. El poeta crea con febril premura y las raíces de su creación literaria se hunden en el maravilloso universo de las correspondencias invisibles, ese mundo simbólico, atormentado de augurios, donde los astros influyen a las flores y los espíritus de los ritos malditos animan la materia y dirigen la vida múltiple y cambiante de las esferas celestes.


Aurelia es una obra sin antecedentes en las letras francesas. Gerardo le ha conferido una misión que trasciende el marco de lo puramente artístico. Mediante el encantamiento literario pretende concretar un descenso a lo desconocido, "abrir puertas" en el muro que lo separa del universo invisible. Para ello, habrá de valerse del sueño que pone al hombre en comunicación con el reino de los espíritus. El sueño deviene, así, factor esencial en la búsqueda de esa realidad que se evade tras de cambiantes máscaras. Su concepción mística del mundo, derivada del pensamiento monista, y su frecuentación de las doctrinas esotéricas, le señalan que "el camino misterioso va hacia el interior", único lugar donde podrá realizar el hallazgo supremo.


El hombre, en su remoto origen, poseía esa intuición primordial que, por analogía, le permitía conocer en sí mismo la imagen real del universo. Gerardo ambicionaba reencontrar una vía de acceso, un modo seguro de inducción; por eso concibió su vida como la búsqueda del alfabeto mágico, de la carta perdida o el signo borrado que le permitirían recuperar fuerzas en el invisible "más allá". "Mi misión -escribió- me pareció ser la de restablecer la armonía universal por arte cabalística y buscar una solución, evocando las fuerzas ocultas de las antiguas religiones." El triunfo del "Logos" sobre el "Mytos", de la visión racional sobre la visión indivisa; "la caída" en lo condicionado y en la existencia separada, que cierra al hombre las puertas de la infinitud, atormentaron siempre a Gerardo. 





De ahí que forjara a la literatura como instrumento válido de búsqueda, especialmente si la obra literaria se concibe en un estado en que la vigilia y el sueño se toman porosos y ambos planos se interpenetran y confunden.


Aurelia contiene la suma del conocimiento nervaliano y es el ejemplo más notable de esa literatura-actividad del espíritu que se inserta en el mismo corazón de la experiencia humana. En su comienzo, Gerardo relató esos momentos inefables en que el sueño, envolviendo a sus sentidos, lo arrastraba hacia regiones desconocidas donde se movían fantásticas sombras.


“El sueño es una segunda vida. No he podido penetrar sin estremecerme esas puertas de marfil o de cuerno que nos separan del mundo invisible. Los primeros instantes del sueño son la imagen de la muerte; un adormecimiento nebuloso embarga nuestro pensamiento y no podemos determinar el instante en que el yo, bajo otra forma, continúa la obra de la existencia. Es un subterráneo indefinido que se ilumina poco a poco, y donde se desenvuelven, a la sombra de la noche, las pálidas figuras gravemente inmóviles que habitan en la mansión del limbo. Después el cuadro se forma, una nueva claridad lo ilumina y las apariciones fabulosas se mueven: el mundo de los Espíritus se abre ante nosotros”.


Ese es el mundo que Gerardo pretendía dominar, analizando su estructura y descifrando su lenguaje simbólico. Un mundo interdicto, donde no rige la causalidad y caducan las nociones comunes del espacio y el tiempo, pero donde sí, es posible, identificarse con el sentido de la vida cósmica, realizando un anticipo de reintegración en la unidad presentida más allá del universo sensible. 







Nerval rechazó siempre las explicaciones psicológicas del sueño. Los conflictos inconscientes, las motivaciones irracionales y los deseos reprimidos que emergen en nuestra vida onírica en asociaciones extrañas, constituyeron para él sólo un aspecto de esa actividad misteriosa. El hombre es el microcosmo en el macrocosmo, y el inconsciente donde se mueven los sueños, la raíz del ser, verdadero nexo con el alma universal omnipresente. Su propósito confesado consistió en internarse en el sueño, para penetrar más allá en el misterio.


“Me lancé a una audaz tentativa. Resolví capturar el sueño y arrancarle su secreto. ¿Por qué, me dije, no forzar por fin esas puertas místicas, armado de toda mi voluntad y dominar mis sensaciones en vez de soportarlas pasivamente? . . . Nunca he sentido que el dormir sea un descanso. Después de un sopor de algunos minutos, comienza una nueva vida emancipada de las condiciones del tiempo y el espacio y semejante, sin duda, a la que nos aguarda después de la muerte. ¿Quién sabe si será posible al alma, unir desde ahora esas dos existencias? Desde ese momento me esforcé en buscar el sentido de mis sueños y esa inquietud influyó sobre mis reflexiones del estado de vigilia. Creí comprender que entre el .mundo externo y el mundo, interno existía un vínculo ...” 







Sin embargo, la experiencia de Gerardo no quedó localizada en esa aspiración de unidad mística, en ese retorno al gran Tiempo que servía de fuente a sus creaciones literarias. Junto a los éxtasis profundos y a los accesos a una conciencia modificada en la que "el . alma más exaltada y sutil halla relaciones invisibles, coincidencias no percibidas y goza de espectáculos que escapan a los ojos materiales", Gerardo conoció esos estados singulares en los que la emergencia de un nuevo "yo" conduce a un proceso de desdoblamiento. Esa doble personalidad, además de caracterizar a ciertos estados patológicos, se puede inducir mediante el empleo del hipnotismo. Generalmente esas "personalidades alternantes", espontáneas o inducidas, obedecen a una fragmentación de la conciencia; a la emergencia de los contenidos del inconsciente perso¬nal, producido por la traslación del foco de la conciencia (Freud) o a la personificación de procesos mentales inestables (los complejos), que se agrupan en torno de pensamientos activos o fuertes experiencias emocionales (Jung). Sin embargo, no puede descartarse totalmente la posibilidad de que en algunos casos, personas particularmente sensibles efectúen, consciente o inconscientemente, cierto tipo de proyecciones paranormales, conocidas como fenómenos de bilocación. 







Una noche, cuando el "épanchement du songe dans la vie réelle" había alcanzado un grado peligroso, Gerardo vio por primera vez a su doble. Fue, tal vez, un sueño, y en todo caso una premonición. Detenido por una ronda nocturna, vio, recostado en su celda, cómo dos de sus amigos lo reclamaban y alguien de su estatura -él mismo- partía acompañándolos. "Pero se equivocan -se decía-, es a mí a quien han venido a buscar y es otro el que sale." Por fin los dos amigos Vinieron a llevarlo y al conocer el relato de Gerardo, negaron que hubiesen estado durante la noche.


“¿Quién era pues ese espíritu que estaba en mí y fuera de mí? ¿Era el doble en cuestión o el hermano místico que los orientaies llaman feruer? ... Sea cual fuere, creo que la imaginación humana no ha inventado nada que no sea verdad en este mundo o en los otros y no podía dudar de lo que había visto tan perfectamente. Una idea terrible me asaltó: "el hombre es doble", me dije.


Pero Gerardo era doble, no cuando él lo deseaba, como los antiguos iniciados, sino cuando lo quería esa fuerza misteriosa que se disociaba espontáneamente en su interior y le producía euforias memorables o penosas angustias. De acuerdo con las antiguas creencias animistas, que el ocultismo moderno en parte reivindica, el hombre posee una contraparte fluídica, "cuerpo astral" o "doble", que se interpenetraría totalmente en el cuerpo físico, de manera tal que, si pudiésemos verlo cuando se separa del organismo durante el estado de ensueño, nos parecería semejante a nosotros. Ese "doble" (posible intermediario invisible en el proceso extrasensorial de captación), al que modernos parapsicólogos (H. Carrington, Hornell Hart) intentan incorporar en el contexto de la ciencia, como proyección de una modalidad energética no física (campo o energía psi), se mantendría unido al cuerpo del sujeto por un vínculo fluídico de igual naturaleza: el fabuloso cordón de plata. 







Identificado con el principio vital y reconocido por todos los pueblos arcaicos, el "doble" fue llamado ka por los egipcios y carro sutil por los pitagóricos, que lo consideraron destinado a llevar el alma después de la muerte. La posibilidad de disociarlo del cuerpo físico mediante un acto voluntario, fue uno de los secretos mayores de los antiguos sacerdotes y formó parte de los "grandes misterios". Los iniciados se hacían acreedores de ese nombre cuando por medio de una rigurosa preparación psicofísica lograban desprenderlo del cuerpo y proyectarlo conscientemente más allá de los límites del espacio y del tiempo. Gerardo, que gustaba llamarse a sí mismo "iniciado", "vestal", e "hijo del fuego", anheló, y no sabemos hasta qué punto fue recompensado, esa preparación gradual de todo el ser hacia las cumbres vertiginosas del espíritu, desde donde es posible colocarse en relación consciente con las potencias del universo. La iniciación despierta los sentidos dormidos del alma. Es la "muerte" y la "resurrección". El ser se purifica transformando su psiquis. Se ilumina y accede al Conocimiento perfecto, encuentra el "alfabeto mágico", como decía Gerardo, y finalmente se reintegra a la época atemporal, anterior a "la caída".


“Desde el momento en que me invadió la seguridad de estar sometido a las pruebas de la iniciación sagrada, una fuerza invencible se apoderó de mi espíritu. Me consideraba un héroe viviente bajo la mirada de los dioses; todo en la naturaleza tomaba nuevos aspectos, Y voces sagradas salían de la planta, del árbol, de los animales, de los más humildes insectos, para avisarme y darme aliento”.


Como en las antiguas pruebas de Eleusis, en que los sacerdotes preparaban el temple de los futuros depositarios de la ciencia sometiéndolos a peligrosísimas pruebas, Gerardo ganó su derecho a conocer las voces de la intuición y de la música del alma. Su predisposición orgánica para transitar las misteriosas sendas del "mundo intermedio" parece confirmarlo. ¿Sería Gerardo un dotado parapsíquico? ¿El doble que lo atormentaba guardaría relación con ese ente no concebible como físico, denominado energía psi? .








Estos interrogantes nos acercan a otro aspecto de la vida mística del autor de Les Chimeres. El hombre que crea, que sueña o que alcanza estados de conciencia más sutiles, intuye que la mente, trascendiendo el razonamiento y los sentidos ordinarios, puede enfrentarse a una realidad de índole desconocida. Esa experiencia vital se logra merced a progresiones intrapsíquicas que superando diversos niveles acceden más allá de las apariencias y las formas, a un plano en que se extinguen el espacio y el tiempo. En el hombre vive inmanentemente la posibilidad de realizar esa aprehensión de lo absoluto, que brota ante las grandes conmociones del espíritu, en la exaltación creadora o en la plenitud del amor. Partiendo de esa vivencia fundamental, el ocultismo racionalizó el contacto del hombre con la infinitud de la visión del mundo que postula un universo viviente donde todo se corresponde por sutiles y misteriosos lazos. Gerardo, identificado con la naturaleza, sintió de esa manera la eterna omnipresencia de la Existencia Una. Dios está en todas partes le contestó una vez su hermano místico. "El está en ti y en todos. Te escucha y aconseja; eres tú y yo que pensamos y soñamos juntos, que jamás nos hemos abandonado y somos eternos."


Para él todas las religiones poseían fragmentos de la verdad primitiva, y a las imágenes y signos del culto, los consideraba "símbolos de apoyo", destinados a sostener vivencias esenciales realizadas por hombres espiritualmente superiores. De ahí su aceptación de los credos más diversos. Cierta vez que discurría en casa de Víctor Hugo, alguien le dijo: "¡Pero, Gerardo, usted no tiene ninguna religión!" "¿Yo, no tengo religión? Tengo diecisiete ... por lo  menos." 








 




Mago y cabalista, pagano y cristiano, trazador de horóscopos y fabricante de talismanes, Gerardo pudo haberse dotado de poderes parapsíquicos, si hubiese logrado dirigir esa facultad misteriosa que se manifestaba al alcanzar su psique cierto nivel de internalización. Empero, su fracaso lo arrastró a peligrosos desbordes. Influido por mágicos relatos, conjuraba espíritus por medio de ritos extraños que en otra época le hubiesen valido la hoguera, o siguiendo la dirección de una estrella por oscuras callejas, terminaba con los brazos abiertos esperando el momento en que su alma, separándose del cuerpo, fuese a penetrar en el astro lejano atraído magnéticamente. Su relación con las doctrinas esotéricas es tan evidente, que no se descarta la posibilidad de que hubiese sido realmente "iniciado". Generalmente este interrogante se considera resuelto en forma negativa, pero, de todos modos, evidencia el alcance de los conocimientos nervalianos en el terreno del ocultismo. "Más que un iniciado estrechamente unido a una doctrina -escriben Amadou y Kanters- Nerval es en ocultismo un apasionado autodidacta. Inquieto por todos los misterios, él ha ensayado ver en todas las fuentes de la tradición las fuentes pitagóricas y neoplatónicas, alquimistas y cabalistas-.


Un indicio de su vinculación con Sociedad secretas parece constituirlo su conocimiento del Traite de Réintégration, de Martínez de Pasqual, que por aquella época circulaba en manuscrito y solamente entre grupos martinistas. Las Memorabilia de Emmanuel Swedenborg, fue una de sus lecturas favoritas y por sus sueños transitaron a menudo las Sombras de Jacob Boehme y Paracelso. Sus libros, "montón desordenado de la ciencia de todos los tiempos, historia, viajes, religiones, cábala y astrología, dignos de impresionar los manes de Pico della Mirandola y de Nicolás de Cusa", acentuaron en Gerardo esa natural propensión a interpretar el mundo desde el punto de vista de la filosofía esotérica. "La convicción que me había formado de la existencia del mundo exterior -escribió- coincidía demasiado bien con mis lecturas de modo que no podía dudar de las revelaciones del pasado." 







Los últimos estudios sobre la obra de Gerardo han comprobado el influjo, en muchos casos ostensible, de tratados famosos de alquimia y ocultismo. Es seguro que Nerval ha leído los cuatro tomos de Edipus Egipt¡acus, de Kircher; la Bibliotheque Orientale, d d'Herbelot de Molainville y el Traité sur la vie de l’homme, et l'homme posthume, de Desvines de Valgay. Asimismo, ha tomado numerosos apuntes del Dictionnaire Mytho-Hermétique y Les Tables Egyptiennes et Grecques, de Dom Pernety; de Monde Primitif, de Court de Gebelin y de Religions de l'Antiquité, traducción de la Symbolique; de Creuzer. Cotejando textos, Jean Richer ha señalado notables coincidencias, especialmente entre la descripción del comienzo de las iniciaciones egipcias que hace Nerval en los capítulos La plateforme y Les épreuves de su Voyage en Orient y la obra Sethos, del abate Terrason. Por su parte Georges Le Breton afirma, como veremos más adelante, que el soneto Vers Dorés, le ha sido inspirado por el relato Les Douze surprises de Pythagore, de Delisle de Sales. Todo ese bagaje de conocimientos cabalísticos esotéricos -en colaboración con Henri Delaage, redactó el almanaque cabalístico para 1850- otorgó a Gerardo la posesión de una fuente inagotable de figuras y símbolos, la que fusionada con sus íntimas experiencias de introvertido dieron por resultado las páginas sibilinas de Aurelia y los herméticos sonetos de sus Chimeres.


Les Chimeres reúnen todos sus materiales poéticos, y no han hallado mejor definición que la que él mismo les da, en el prefacio de Les Filles du Feu, dirigida a Alejandro Dumas . 








“. . . Y, puesto que usted ha tenido la imprudencia de citar uno de los sonetos compuestos en ese estado de ensueño supernaturalista, como dirían los alemanes, será necesario que los oiga todos ... No son más oscuros que la metafísica de Hegel o que las memorables de Swedenborg, y perderían su encanto al ser explicados, si la cosa fuese posible; concédame al menos el mérito de la expresión; la última locura que me restará, será probablemente la de creerme poeta: tocará a la crítica curarme”.


No obstante el riesgo a que alude Gerardo, veremos a la luz de los más recientes estudios, algunos de los recuerdos que más concretamente pueden haberlo influido. En general todas Les Chimeres responden al mismo sistema; son producto del ensueño nervaliano donde las referencias mágicas dan el toque de misteriosa sugestión. Entre ellas, Vers dorés y El Desdichado, han sido objeto de prolijos comentarios. Vers Dorés, como su nombre y el epígrafe lo indica, se relaciona con la filosofía de Pitágoras, el profundo conocedor de la antigua ciencia de los sacerdotes, cuyos versos del mismo nombre constituyen, de acuerdo con Eliphas Levi, las leyes preliminares de la iniciación mágica. No debe olvidarse que, en el espíritu de los adeptos, el oro espiritual es el gran arcano, la luz condensada, y que a los sagrados números de la cábala los denominaban números de oro. Esta relación se hace extensiva a los versos pitagóricos y se vincula, asimismo, con El Asno de Oro, el enigmático libro de Apuleyo. El tema fundamental del soneto es la presencia de la vida universal: 







“¿Cómo? ¡Todo es sensible!”


Pitágoras ,


“¡Pensador, hombre libre! no sólo piensas tú en un mundo libre en que estalla la vida en cada cosa. Tu libertad dispone de tus múltiples fuerzas, pero de tus consejos está ausente la tierra.


Un espíritu que obra respeta en todo bruto, cada flor es un alma que se abre silenciosa, un misterio de amor en el metal descansa, "Todo es sensible". Y todo, sobre ti, poderoso.


Teme en los muros ciegos al ojo que te espía:


A la misma materia se haila ligado el verbo . . . ¡No permitas que sirva para algún uso impío!


Pues en el ser oscuro suele ocultarse un Dios, y cual ojo naciente por su párpado preso un espíritu puro se agita en el guijarro ...”


El hombre se halla inmerso en un océano de vida inteligente. Todo se agita y piensa: Mens agitat malem. Una esencia común se revela tras la multiplicidad aparente. El universo es un organismo animado, un Todo intencional ligado por las analogías. Un animal vivo -como dice Jámblico- cuyas partes, cualquiera sea su separación, se hallan unidas entre sí de modo conveniente. Esta certidumbre común a los "filósofos de la naturaleza" y a los "físicos románticos", es la que Gerardo había experimentado en su propia conciencia. El hombre puede reencontrar la Unidad perdida porque él es un microcosmo que posee sutilizadas todas las partes del universo y su alma es una porción del alma divina. Si la "caída" lo condenó a la vida separada, la transformación y el acceso al estado intemporal de la psique lo conducirá al Supremo Conocimiento (gnosis) y a la identificación con la Causa Primera. 





Por eso, al vivenciar esa intuición primordial y acceder a la Unidad primitiva que in illo tempore se ofrecía espontánea a la mente del hombre arcaico, el poeta se libera del tiempo y por breves momentos obtiene la aprehensión del universo animado y la certeza de hallarse conectado con todos los seres y las cosas.


"No es dudoso que la grandeza de Nerval -expresa Roland de Réneville- consista precisamente en el hecho de que revivió, por su propia cuenta, los mitos en que se inspiró, y logró darles una nueva vida, su propia vida." Gerardo vivía la Tradición y se ubica conscientemente entre sus heraldos. El ocultismo que impregnaba su particular cosmovisión fue de la misma índole que el de Hugo y el de Novalis; el de Pasqually y el de Saint Martin; el de Schlegel y el de Schelling. Pero los alemanes no habían hecho otra cosa que repensar una primitiva Wesensschau ("intuición esencial"). Hamman, Herder, Baader y tantos otros seguían una constante de pensamiento subyacente, común a Boehme y a Paracelso, a Lulio, a Flamel, a Vilanova, a Bacon, y siempre retrocediendo en la cronología, a Plotino y los neoplatónicos; a los gnósticos, a los filósofos presocráticos y de ahí al oriente fabuloso de Hermes Trismegisto, de Zoroastro, de los Upanishads y del Rig-Veda. La intuición permanecía idéntica a despecho de la multiplicidad de sus máscaras. El ocultismo, según Cornelio Agrippa, es una hidra de Lerna. "La sangre que anima todas las cabezas es la misma. Son innumerables los filósofos que tomaron a la fuente original del conocimiento ... En todos ellos se halla la doctrina tradicional del universo Uno, regido por la ley de las correspondencias." 


Gerardo ha expresado como ninguno esa estética de las analogías que más tarde postulará Baudelaire, esa identidad de esencia entre la conciencia del hombre y la conciencia del cosmos, experimentando el universo como una sentida presencia. 







“El lenguaje de mis compañeros tenía giros misteriosos que yo comprendía perfectamente, y los' objetos sin forma ni vida se sometían a los cálculos de mi espíritu: combinaciones de guijarros, de figuras angulares, de hendiduras y aberturas, de hojas recortadas, de colores, olores y sonidos, veía surgir con armonías hasta entonces desconocidas.


¿Cómo -me decía- he podido existir tanto tiempo fuera de la naturaleza y sin identificarme con ella? Todo vive, todo se agita, todo se corresponde; los rayos magnéticos emanados de mí mismo o de otros, atraviesan sin obstáculo la cadena infinita de las cosas creadas: es una red que cubre el mundo y cuyos hilos se comunican con los planetas y las estrellas. Cautivo en la tierra en este momento converso con el corazón de los astros que toman parte en mis penas y en mis alegrías”. 


Aquí se identifican el ocultista y el poeta. La intuición de las analogías, la voluntad antiintelectualista de captar la totalidad de las cosas, acerca los caminos y ambos marchan unidos hacia el reencuentro de un modo primitivo de conocimiento que se revela más allá de las oposiciones. Lo esencial de esta relación radica en el hecho de que, tanto la poesía considerada como experiencia cognoscitiva, como la tradición esotérica, que ha contribuido a esclarecer no pocas obras de arte, coinciden en el plano ascendente donde pugnan por penetrar el misterio de la naturaleza y el sentido de la creación. Experimentada o presentida, esa aprehensión del universo animado y consciente, ha colmado de secreta alegría a los grandes poetas de todos los tiempos. El surrealismo la considera como un medio seguro de reconciliación con el cosmos. Su estética predica el retorno al simultaneísmo y el rechazo de toda distinción entre objeto y sujeto. Más allá de sus "juegos", permanece vigente su apetencia de unidad universal y su afán por penetrar en lo para-normal y suprarreal. Breton ha escrito que el sentido del surrealismo tiende hacia la recuperación total de nuestra fuerza psíquica, mediante el descenso vertiginoso en nuestro interior y la iluminación sistemática de los lugares ocultos. Sin embargo, nadie como Gerardo "que se adelantó desde siempre a Breton", se ha internado con tanta audacia en el país del que no se retorna. Su aventura, de acuerdo con Raymond, es un caso límite en el corazón del ámbito francés. 







En sus estudios sobre los Vers Dorés, Georges Le Breton afirma haber hallado la fuente inmediata de la inspiración de Gerardo, en el relato de Delisle de Sales, Les Douze surprises de Pythagore, que figura al final del tomo segundo, en la edición en seis volúmenes de De la philosophie de la nature, publicada en 1777. La primera página del relato se ilustra con un grabado que representa a Pitágoras escribiendo sobre una roca junto al mar. Debajo se halla la leyenda:


"Quoy tout est sensible?", que coincide con el epí¬grafe de la versión original de Vers Dorés, en L’Artiste: "Eh quoi, tout est sensible!" Más adelante, Delisle narra las meditaciones del filósofo y su sorpresa ante las palabras que le dirigen los animales, las plantas y las rocas. El lenguaje que emplea y ciertos versos de Gerardo ofrecen notables coincidencias, por lo que Le Breton concluye expresando que, de un relato mediocre, Nerval ha extraído un soneto que por su lenguaje de oráculo y su influencia sobre Baudelaire y Hugo, funda en el dominio poético, un pitagorismo moderno.


Más discutible es el estudio que Le Breton dedica al soneto El Desdichado, una de las piezas más difundidas de Gerardo. El crítico supone que la clave de Les Chimeres y especialmente de El Desdichado, obedece a un doble origen: el simbolismo de la alquimia y el simbolismo del Tarot, conocidos por Nerval a través del Dictionnaire Mytho-Hermétique, de Pernety y del volumen octavo de Monde Primitif, de Court de Gebelin, donde se encuentra el grabado de las 22 figuras del Tarot y se demuestra la perfecta analogía existente entre los símbolos de la antigüedad. Si bien, en los tres primeros versos, puede admitirse la relación con respecto a las figuras del Tarot, la pretensión de que todo el soneto fuese concebido como una exitosa operación de alquimia, resulta injustificada. 







Recordemos que el Tarot, llamado también “Libro de Thot", compendia y oculta bajo símbolos y alegorías los temas fundamentales de la filosofía y la cosmogonía hermética. Su origen es sumamente misterioso y fue introducido en Europa por los bohemios a fines del siglo XIV. Concretamente se trata de un extraño juego de naipes cuyas veintidós figuras mayores y cincuenta y seis menores, representan ideas universales y absolutas. Los dioses son letras; las letras, ideas; las ideas, números y los números signos perfectos. Tres de esos jeroglíficos, para ser más exactos, los números XV (Tifón o el Diablo), XVI (La torre ful¬minada) y XVII (La Estrella rutilante), se corresponden de manera especial con los tres primeros versos de El Desdichado.


“Yo soy el 'tenebroso, el viudo, el desdichado, príncipe de Aquitania de la torre abatida: mi sola estrella ha muerto, y mi laúd constelado va mostrando


el sol negro de la Melancolía.


En la noche mortuoria, tú que has sido un consuelo, vuélveme el Pausilipo y el viejo mar de Italia, la flor que tanto anhela mi corazón herido, y el árbol donde se unen el pámpano y la rosa.


¿Soy Amor o soy Febo? . . . ¿Byron o Lusignán? Mi frente aún está roja del beso de la reina. He soñado en la gruta que alberga a la sirena . . .


y dos veces triunfante navegué el Aqueronte, modulando a intervalos, en la lira de Orfeo, las voces de la santa y los gritos del hada”.


El número XV de la clavícula del Tarot representa al tenebroso emperador de la noche: el demonio. Dragón en las teogonías antiguas, Arimán de los persas y Tifón de los egipcios, encarnaría más tarde al Baphomet de los Templarios y al macho cabrío del Sabbat. La figura correspondiente al número XVI muestra una torre fulminada por el rayo, desde donde se pre¬cipitan dos personajes, que se supone representen a Nemrod y a su falso profeta. En cuanto al jeroglífico XVII, denominado La Estrella, lo constituye una mujer que simboliza simultáneamente a la Verdad, a la Sabiduría y a la Naturaleza. Por sobre su cabeza brilla el septenario estrellado, alrededor de la estrella de Venus. Es evidente que al iniciar el poema, Gerardo ha combinado conscientemente estos símbolos, asociándolos a sus propios sentimientos. "Sin un conocimiento preciso en ese dominio -afirma Richer-, no habría podido atribuir, en cada caso, un significado espiritual correcto. " 







Insistiendo en el simbolismo de la alquimia, Le Breton supone que el personaje que dice "yo" en el primer verso, es el Plutón alquímico, que representa a la tierra filosófica oculta bajo el color negro. Por nuestra parte, consideramos a la primera cuarteta relacionada exclusivamente con el Tarot. Nerval, identificado con el ídolo tenebroso, lamenta no poder alcanzar la verdad representada por La Estrella y predice mediante el "sol negro", el término de su vida. El cuarto verso es preciso referirlo a un párrafo de Aurelia, en el que Gerardo, obsesionado por el suicidio, relata una visión extraña: "Creí que nuestros días estaban cumplidos y que tocábamos el fin del mundo anunciado en el Apocalipsis de San Juan. Creí ver un sol negro en el cielo desierto ... "


Los antiguos alquimistas, a pesar de que se expresaron en metáforas, fábulas y alegorías, coincidieron siempre en diversos principios fundamentales: una doctrina secreta, la filosofía hermética; una práctica, la trasmutación de los metales en oro (crisopea) o en plata (argiropea) mediante el descubrimiento de la Piedra Filosofal o gran agente mágico; y una mística el Ars Magna o Arte Regia, la que de acuerdo con la definición de de Savoret -uno de sus intérpretes modernos- “consistía en el conocimiento de las leyes de la vida en el hombre y la naturaleza y la reconstrucción del proceso mediante el cual esta vida, adulterada aquí abajo por la caída de Adán, puede recobrar su pureza perdida, su plenitud y sus prerrogativas primordiales”. 







La Alquimia mística fue entonces la ciencia de la transformación espiritual, el camino hacia el superombre, hacia el "hombre despierto", "curado" de la percepción tridimensional. Para esa Alquimia verdadera, el hombre constituyó' la materia misma de la obra, que podía consumarse siguiendo las fórmulas perfectas contenidas en la fabulosa Tabula Smaradigna. Este texto de origen incierto, del que Eliphas Levi afirma que condensa toda la magia en una sola página, se atribuye a Hermes Trismegisto (el Thoth de los egipcios); el "tres veces grande", encarnación de la Suprema Sabiduría y custodio y trasmisor de la Tradición. En las trece proposiciones grabadas sobre la "tabla de esmeralda" el iniciado hallaba la doctrina de la unidad del cosmos y las leyes de la analogía entre todas las partes de la Creación.


“Verdadero, sin falsedad, cierto y muy verdadero:


lo que está de abajo es como lo que está arriba,


y lo que está arriba es como lo que está abajo,


para realizar el milagro de la Cosa Unica.


Y así como todas las cosas provinieron del Uno, por mediación del Uno,


así todas las cosas nacieron de esta Unica Cosa, por adaptación.


Su padre es el Sol, su madre la Luna,


el Viento lo llevó en su vientre,


la Tierra fué su nodriza.


El Padre de toda la Perfección de todo el Mundo está aquí.


Su fuerza permanecerá íntegra aunque fuera vertida en la tierra.


Separarás la Tierra del Fuego,


lo sutil de lo grosero,


suavemente,


con mucho ingenio.


Asciende de la Tierra al Cielo,


y de nuevo desciende a la Tierra,


y recibe la fuerza de las cosas superiores y de las inferiores.


Así lograrás la gloria del Mundo entero.


Entonces toda oscuridad huirá de ti.


Aquí está la fuerza fuerte de toda fortaleza,


porque vencerá a todo lo sutil


y en todo lo sólido penetrará.


Así fue creado el Mundo.


Habrán aquí admirables adaptaciones,


cuyo modo es el que se ha dicho.


Por esto fui llamado Hermes Tres veces Grande,


poseedor de las tres partes de la filosofía de todo el Mundo.


Se completa así lo que tenía que decir de la obra del Sol”.













Pero volvamos al poema de Gerardo. Si bien en el vaso sellado del adepto, la mezcla secreta o compost muere y resucita, purificándose en metamorfosis sucesivas para culminar en la Piedra, no creemos que El Desdichado represente exactamente el mismo proceso regenerativo, referido al espíritu del poeta. Le Breton insiste en las alegorías relativas al nacimiento de la Piedra, como producto del incesto cometido entre el sol y la luna. El sol representa al azufre, principio masculino y la luna al mercurio, principio femenino. De allí, concluye, que el Fausilipo es la piedra roja o azufre y que el mar, en el lenguaje de los alquimistas, podría ser el mercurio. En el octavo verso encuentra que la unión, en este caso del pámpanos y la rosa, que también podrían representarse por Marte y Venus, respectivamente, da lugar al nacimiento de la piedra filosofal: Amor o Febo.


Esta interpretación es evidentemente forzada. Gerardo no ha pretendido en su poema lograr una operación alquímica; sólo se ha limitado a enmascarar sus dramáticas vivencias con símbolos herméticos. Como dice Richer, actúan allí los grandes sueños arquetípicos que no son particulares de Gerardo, sino que se hallan ligados a un fondo muy antiguo y común a todos los hombres. Algunos se remontan a las imágenes de los  Arcanos del Tarot: Isis, La Muerte, La Estrella, etc., junto a ellos aparecen los sueños individuales, más personales, nacidos de sus sentimientos y deseos. Lo prueban los dos tercetos en los que volvemos a encontrar símbolos conocidos que se aplican fácilmente a  su propio sistema poético. En el primero, Gerardo parece identificarse con Lusignán, caballero del siglo XI enamorado de Berta, la joven Isis gala, reina de las iniciaciones que, bajo la forma de sirena, tomaba  nombre de Melusina, la cantora o reveladora de harmonías. En la leyenda, Lusignán, atormentado por los celos, perdió el amor de Melusina al quebrar su juramento y sorprenderla durante una de sus metamorfosis, lo cual constituye una alusión a las iniciaciones sacrílegas y a la profanación de los misterios de la magia y del amor. El verso duodécimo, igual que los dos restantes que cierran el soneto, se explica fácilmente. El Aqueronte es el río de corriente rápida e irresistible que todo lo arrastra y que corre en sentido opuesto al Phlegeton, un río de fuego. Ambos, junto al Coyto, que es el río de los dolores y los gemidos, el Leteo, cuyas aguas simbolizan el olvido y a un quinto que serpentea siete veces entre los otros, figuran en la descripción alegórica que los hierofantes griegos hacían el infierno. Gerardo ha navegado dos veces sus aguas frías y negras. No es imposible que esto sea una referencia a las temporadas que debió pasar en la clínica del doctor Blanche o, en todo caso, a cualquiera de sus penosas crisis espirituales. Por último, la presencia de Orfeo acentúa el carácter esotérico del poema. El poeta griego es uno de los héroes de la fábula que liga a la magia hermética con las iniciaciones de Grecia. La búsqueda del vellocino de oro, es la búsqueda de la luz apropiada a los usos del hombre, el gran agente mágico, la "luz astral". 







Como Orfeo, Gerardo trató de poseerla y dirigirla, explorando la noche y descendiendo a bucear las tinieblas del "yo". Verdadero "ladrón de fuego", en el sentido rimbaudiano, peregrino de la Gnosis, construyó su poesía, con la esperanza de reflejar en ella fragmentos de esa realidad invisible, que escapa a la percepción condicionada, pero se halla siempre presente y abierta ante nosotros. Nada mejor que sintetizar su ambición prometeica con aquellas líneas en las que Hugo, "que ha visto bien en los últimos volúmenes", señala la obsesión del buscador de infinito, "supremo sabio", que ansía el retorno al paraíso y permanece junto al abismo con el nostálgico deseo de huir del tiempo y establecer profundas y armónicas correspondencias con el universo que habita:


“Se obstina en ese abismo atrayente, en ese sondeo de lo inexplorado en ese desinterés por la tierra y por la vida, en esa entrada en lo prohibido, en ese esfuerzo por palpar lo impalpable, en esa mirada sobre lo invisible; a él viene, a él vuelve, a él se asoma, sobre él se inclina; da en él un paso, luego dos, y así penetra en lo impenetrable, y así avanza en las extensiones sin fronteras de la meditación infinita”.















A continuación os ofrezco una presentación  con una buena parte de las obras de Maxfield Parrish.

 

dijous, 3 de desembre del 2009

LES PEDRES CANTEN: LA MÚSICA DELS CAPITELLS ROMÀNICS.

“Tot va néixer del Verb i per a les cultures antigues, les forces divines són sons, per tant, el ritme essencial amagat és acústic. Si el so representa la substància primera comú a tots els éssers i a totes les coses i que, desenvolupada pel cant, és la força vibrant que mou el Cosmos, de la mateixa forma, el cant representaria l’únic mitjà d'entrar en relació d'intercanvi directe i substancial amb les potències mes llunyanes".
Marius Schneider: “L'origen musical dels animals, símbols en la mitologia i l'escultura antigues” (Editorial Siruela),




Crec que va ser en una revista "Integral" de fa uns quants -molts- anys, vaig trobar un article que va ser una veritable revolució en les meves idees sobre l'art romànic. Segons l'autor d'aquell article, els claustres romànics de Ripoll, Sant Cugat del Vallès i de la Catedral de Girona, havien estat  concebuts amb una finalitat que inclouria les notes musicals... en els capitells, els monjos trobarien els sons que els permetrien compassar els cants dedicats als sants patrons del monestir o de la catedral.
Aquesta hipòtesi - doncs com a tal ha de ser pressa -  evidentment no ha estat acceptada per tots els estudiosos del romànic - gòtic, però malgrat tot no deixa de ser atractiva i suggerent, es aquest el motiu que m'ha empés a publicar-ho en el bloc, després d'una llarga recerca de la informació.





Avui sabem que la música és capaç de modificar el nostre estat d’ànim, pot potenciar la nostra ment i, fins i tot alguns, suposen que el seu so és capaç de modificar la matèria. Això ho sabien bé els antics egipcis que van incorporar la música als seus ritus màgics per alterar el curs de la Naturalesa o tractar certes malalties. Els grecs, per la seva banda, tenien la convicció que la música modelava la personalitat.
Plató, per exemple, afirmava que la influència de determinats ritmes i melodies provocaven un beneficiós estat mental que no era assequible per altres mitjans. Tots aquests coneixements van ser absorbits per l'esoterisme medieval i dut a les catedrals. Els set sons de l'escala es van convertir, també, en una poderosa clau per a introduir als iniciats en els misteris de la màgia i, com és lògic, aquests plantejaments van quedar xifrats en diferents arts com l'arquitectura o la pintura.



Pitàgores no només va ensenyar als seus deixebles a guarir malalties a través dels sons sinó que va establir una íntima relació entre els astres, els colors i les notes musicals. Aquest filòsof i matemàtic va constatar que l'essència de l'Univers eren els números i possibilità l’afinació de l'escala musical occidental prenent com base l’octava, perquè una corda dividida per la meitat donaria el mateix so exactament vuit tons mes alt que una corda del doble de llarg. Un dels seus secrets era que un cinquè musical (cinc notes diatòniques) deuria de regressar a la nota original vuit octaves mes alta quan es repeteix dotze vegades en una seqüència ascendent. Però quan ho va provar, hi havia una diferència d'un vuitè de nota… de manera que l'escala ascendent també era una espiral. Gràcies a ella va descobrir l'anomenada “secció áurea” una proporció present en totes les manifestacions de la Naturalesa i que, a mes, formava part de figures geomètriques, com el pentacle i el dodecaedre que eren considerades sagrades pels seus coetanis. Per aquestes i d’altres raons el pentagrama es va convertir en la contrasenya secreta dels pitagòrics.
La seva teoria postulava, a mes, que l'Univers està format per números i que cadascun d'aquests números té propietats divines. Aquestes proporcions màgiques dels números apareixeran pertot arreu en la Naturalesa, incloent els sons emesos pels planetes en vibració mentre es traslladen pel buit. “Hi ha geometria en el cantussol de les cordes -va escriure Pitàgores -. Hi ha música en l’ espai que separa les esferes.”



És evident que els pedres no canten, son objectes inanimats. Però poden servir, i de fet, així ha estat sovint, per escriure-hi de forma perdurable. Doncs des de fa segles, la pedra s'ha fet servir per gravar-hi textos, missatges, oracions o qualsevol altra cosa que l'autor, o qui pagava l'autor, volia que perdurés a través dels segles.
Aquestes escultures, aparentment, semblen deixades a l'atzar de l'escultor que hi elaborava les imatges amb una finalitat purament estètica o decorativa. Però, això, normalment no és així: normalment, els capitells, les portalades, les columnes, són mitjans de transmissió d'informació, encara que, de vegades, se'ns escapi el missatge o no siguem conscients de la seva transcendència, perquè ens ho impedeix la llunyania del context en què van ser creats.
Les columnes dels claustres romànics, amb els seus capitells poblats d'animals mítics i figures fantàstiques, constituïxen veritables missatges de pedra, el significat de la qual jeu ocult sota el ritme de les seves escultures. Aquest ritme no només relata la història d'un miracle o d'un esdeveniment bíblic; en la majoria dels casos va molt més lluny. Arriba, fins i tot, fins a contenir una simfonia musical completa que, al seu torn, es relaciona amb colors, mites, nombres, planetes, costums i altres significacions simbòliques. Els claustres són, per si sols, tot un univers al que únicament té accés aquell que sigui capaç de desxifrar-los.

El simbolisme del claustre.





Simbòlicament el claustre és un centre sagrat o microcosmos, ja que el simbolisme tradicional considera com a microcosmos no només el temple sinó també «cada un dels conjunts on s'efectuen misteris semblants», segons Champeaux. El claustre és un d'ells, per tant està construït com una ciutat sagrada: és la Jerusalem celeste, aquest nou món descrit en l'Apocalipsi (cap. 21), en el centre es creuen les coordenades espacials i s'assenyala per un pou, arbre, font o columna, indicant que allà hi ha un “omphalos” o centre del cosmos, per allà passa un eix del món a manera d'escala celeste, que uneix els nivells còsmics.
El claustre constituïa la representació del Paradís. Així ho havia comprès Sant Bernat quan ho anomenava en el seu Sermó “De diversis” com "Vere Claustrum Est Paradisus ..." (Veritablement el claustre és un Paradís). També Sant Isidor al•ludia a ell com la representació paradisíaca per excel•lència "... el Paradís és un lloc situat en terres orientals. Paradís traduït del grec al llatí significa jardí, en llengua hebrea s'anomena Edèn, que vol dir delícies, d'aquí el jardí de les delícies ...".



El claustre és per tant el símbol d'un paradís reconstruït al centre de la clausura monacal, on tot ha de ser un món ordenat i harmònic que faci referència a la tasca a la qual està destinat: la recerca de la perfecció dels éssers que a hi habiten i desenvolupen la seva vida diària de servei, de reflexió.
Està constituït físicament per quatre crugies, pandes o ales que formen una estructura quadrada enganxada al mur sud de l'església. Encara que hi hagi excepcions a aquesta disposició només seran excepcions a la regla. Aquestes pandes estan obertes a l'exterior per arcades que allotgen capitells amb escultura de gran valor, per la qual cosa ambdues formacions, l'escultòrica i la arquitectònica, aconsegueixen un dels conjunts més bells de la planimetria general dels monestirs.
El claustre és realitzat com a quadrat, però interpretat a semblança de la ciutat de Déu amb els quatre rius evangèlics: el Tigris, l’Èufrates, el Pisó i el Guijó, amb les seves quatre fonts que són la representació simbòlica dels evangelis, de les quatre virtuts cardinals, dels quatre elements de la creació, dels quatre punts cardinals.



Al monestir el claustre és el cor de la casa, des d'on s'accedeix a les diferents dependències de l'edifici. Però també és el lloc de les reunions, el lloc comú de la vida cenobítica i solitària, el lloc que ofereix millors condicions per a la reflexió serena i tranquil. En ell es desenvolupava la meditació dels textos divins, la veritat revelada que havia de portar els monjos pel sender adequat fins a la ciutat santa, en una caravana on uns ja haurien arribat a la meta mentre que altres encara havien d'esperar a la fila.
En el recolliment del claustre el monjo sostenia, alimentava i enfortia l'ànima per endinsar-se en els profunds mons de la meditació, de l'ascesi o cerca de la perfecció que havia de realitzar individualment, però en companyia de la comunitat en la qual s'havia inserit per arribar tots al mateix punt i tornar a construir-hi el monestir celeste que tots desitjaven després d'haver travessat les dificultats de la vida terrenal.



Conseqüentment era un lloc tancat, de cloenda, com advertia el Cànon III del Concili de Saragossa (691) "... cap seglar pot penetrar, ni pel seu propi compte, ni tan sols amb permís dels monjos o de l'abat ... ".
Era per tant un microcosmos sacralitzat i harmònic, la Casa de la saviesa cristiana, on convivia una comunitat d'homes o dones amb l'objectiu de practicar la virtut, que era el cap suprem per aconseguir l'accés a la Jerusalem Celeste a la qual tant ens hem referit en aquest article. Allà s'encaminava el monjo, en la regularitat del treball i de l'esperit, a una lenta progressió cap a l'etern després d'haver renunciat al terreny. Tot estava governat per l'ordre, el silenci i la pau.
Braunfels ens ha recordat que al segle XII es creia que l'origen del claustre derivava d'una sala amb pòrtics del temple de Salomó, en la qual, segons Els Fets dels Apòstols (cap. 4) allà es van reunir els deixebles de Crist per primera vegada per organitzar una «Vita communis».



Esta fora de dubte que els claustres de galeries amb capitells historiats del romànic van exercir una gran atracció, ja que oferien a les processons i als passejos meditatius dels monjos un camp ric i complex de suggeriments religiosos: eren com un llibre obert, la lectura i meditació no s'esgotava.
«Representa la contemplació en què l'ànima es plega sobre si mateixa, i on ella s'oculta per apartar-se dels pensaments carnals i on medita sobre els únics béns celestes». Hi ha, doncs, que suggerir que l'estudiós o el visitant s'apropi a aquest espai monacal o catedralici deposant tot racionalisme, i que es deixi penetrar l'ordre del silenci i de la pau d'aquests llocs si vol gaudir de l'alegria cognoscitiva, i potser sense saber-ho veurà com les pedres comencen a parlar.
El programa que s'exposa en cada claustre és diferent, i especialment els claustres monacals estan dedicats a presentar els temes més importants de l'espiritualitat de cada ordre.
Imatge del Paradís pels seus rius en nombre de quatre i pel simbolisme dels arbres fàcilment l'acomoden a la doctrina de l'Església, com ja va assenyalar Sant Agustí, en tant que tals objectes eren com figures de l'esdevenidor, així el Paradís vindria a ser la mateixa Església, els arbres plens de fruits serien els sants, els quatre rius es correspondrien amb els quatre Evangelis, i l'arbre de la vida era Jesucrist, el més sant dels sants. Els esmentats quatre rius en la geografia simbòlica del Paradís corrien en les quatre direccions dels punts cardinals per indicar el caràcter ecumènic de l'Església, i d'altra banda el nombre de quatre, segons Honori d'Autun, es trobava en les lletres del nom de Adam, ja que cada una d'elles era la inicial de les paraules gregues que designaven els punts cardinals: Anatol, dy'sis, arktos i Mesembria.



"La ment humana", explica el famós antropòleg estructuralista Lévi-Strauss, "es troba presonera d'un codi secret que es troba tancat en el seu inconscient i que concorda molt poc amb la realitat conscient. Igual que existeix un ordre físic preestablert que es reflecteix en el comportament de l'àtom i en l'òrbita de les estrelles, ha d'existir també un ordre dintre de la ment de l'home". Para Lévi-Strauss a comunicació és la base de tota societat, zero el llenguatge verbal resulta insuficient cara expressar aquest desig d'ordre. Per això, l'home, a través de la música i la simbologia, busca la clau del codi.
És la recerca, juntament amb un desig de comunicació, van impulsar a l'artista de l’Edat Mitjana a realitzar obres plenes d'un significat que s’escapa a la majoria dels homes d'avui. Aquests, cada vegada més materialistes i especialitzats, ens limitem a admirar l'art d'uns éssers que, per contra perseguien una síntesi entre el material i l'espiritual. El missatge, incomprès, s'ha transmès a través de les catedrals gòtiques, els càntics gregorians i el món romànic.
Cóm a exemple el pòrtic de St. Pere d'Echano posseeix una iconografia absolutament musical, us deixo un interessant enllaç en la qual pots veure dovella per dovella a Jano i la seva cort.




Podeu veure detingudament una descripció d’aquest pòrtic, analitzada amb gran atenció:

http://personal.telefonica.terra.es/web ... ro/ECHANO/

No crec que es pugui subestimar la música en el pensament medieval, des del "Pòrtic de la Glòria", d'on s'han pogut reconèixer i reconstruir instruments de la época del mestre Mateo, fins a l'estudi que obre aquest post, passant per la música litúrgica,els cants gregorians..etc. "Quan l'home canta Déu s'alegra" va dir un savi que no recordo.
No tan sols connotacions musicals, sinó en bona lògica de la època, també cabalístiques, astronòmiques, astrològiques i si m'apuren alquímiques. Al fer-ho l’únic que afirmem és que la portada està muntada amb un ordre concret en el qual encaixen diferents lectures coherents des d'un plantejament pitagòric. Res d’estrany si tenim en compte els vincles culturals en el moment de la construcció d'Echano, entre l'escola Catedralícia de Pamplona ( Almenys dos magíster) i la universitat de Chartres amb el pitagòric Teodoric com a gran Canceller.
Aquests vincles es van plasmar en col•laboracions culturals molt especialment en el terreny de la astronomia. Per això i per diversos motius mes, aquesta arquivolta havia de tenir connotacions relatives a aquesta ciència i com era lògic, tingués una lectura musical.
Fins al segle XVII no es van conèixer les correspondències entre les notes musicals i els animals, classes de àngels, pedres o plantes. En aquestes dates Athanasius Kricher va perpetuar la seva Musurgia Universali, una tradició relacionada amb la gamma de la música grega segons la qual cada so es correspon amb un animal o una planta.


El món secret dels claustres romànics




“Al llarg de les galeries del silenciós claustre, un monjo, amb un llibre d'hores en la mà, la caputxa tirada sobre el cap pel fred, es passeja mentre medita... Un llamp de sol joguineja amb els capitells de les columnes romàniques. Aquí, descobreix un drac alat; allà, sorgeix un àguila que remunta el vol... Una espècie de ritme se succeeix d'escultura en escultura, l'harmonia de la naturalesa es fa present en l'art. El monjo ha deixat caure la caputxa; esbalaeixo, creu escoltar uns sons musicals que es corresponen perfectament amb els estranys éssers que, encimbellats sobre els pilars, li contemplen. El temps s'ha detingut, els claustres han començat a parlar...”
Conxita Palacios, del Col•lectiu Ciència i Cultura.


Marius Schneider

'Quan, per primera vegada, vaig visitar el monestir de la Nostra Senyora de Ripoll", relata el professor alemany Marius Schneider, escriptor i musicòleg, "vaig quedar molt sorprès a la vista dels animals esculpits en els capitells del claustre. El seu estrany ritme de successió em va recordar una antiga teoria hindú pertanyent al segle XIII, en la qual s'identificaven certs animals amb determinats sons musicals. Em vaig ratificar en la idea al contemplar el claustre de la catedral de Girona, construït en el segle XI, i el de Sant Cugat del Vallés, que data del Xll". El professor Schneider, després de nombrosos estudis i investigacions, va demostrar que els animals pertanyents als capitells romànics dels claustres citats eren la representació simbòlica de notes musicals; les quals, al seu torn, mantenien una correlació rítmica amb planetes, nombres, sentits corporals, colors i tota classe de categories temporals i ideològiques.



D'aquesta manera, al so Fa corresponia l'element foc, que simbolitza, al seu torn, als cabells; el seu color era el vermell; el seu signe del Zodíac, Lleó; els seus astres, el Sol i la Lluna nova. El seu dia de la setmana resultava ser el diumenge; els seus personatges equivalents, els metges i màrtirs. Els símbols que ho representaven eren el cercle, l'espasa, el llampec, el bastó i l'oval. Quant als animals, es reflectia en el lleó, l'aranya, el drac, la serp, el jaguar, el gall i el peix de foc.
El so Do enllaçava l'element foc amb l'aire (cabells, plomes, metalls) el que suposa una transició entre el so anterior, Fa, i el següent, Sol. Els seus colors eren el vermell i el groc, dels quals s'obté el taronja; els signes zodiacals, Àries, Càncer i Bessons; el planeta, Mart; astre, la Lluna creixent. Els sentits corporals corresponien a la vista i a l'olfacte; els nombres al 2, 11 i 12; dia, al dijous. Els personatges eren herois, reis i profetes; els símbols, la mandorla, el destral doble, la porta, la parella, l'escala, l'arc, l'espiral, la lletra S, l'arbre cremat i el coll. Els animals que representava eren elefants, braus alats, cavalls, àguiles, cabres, colomes, cignes, caragols, carners, llops i cérvols.
La nota Sol ostentava com element l'aire (metall, plomes, cant, xiulada); el seu color corresponia al groc; signe, Escorpí; astre, la Lluna creixent; sentit, l'olfacte. El seu nombre era el 3; dia de la setmana, divendres; els personatges, en aquesta ocasió, pertanyien a la categoria celestial. Els seus símbols eren triangles de vèrtex aixafats i martells; els animals, totes les aus petites i, també, la serp alada i l'oca.
El so Re tornava a constituir un enllaç entre la nota anterior i la qual li seguia. La terra i l'aire (fusta i metall) constituïen els seus elements; el seu signe del Zodíac era Balança; astre, la Lluna creixent; sentit corporal, el gust; nombres, 4 i 5. El dia corresponia al dissabte; els personatges equivalents eren àngels, nens, homes i savis; els símbols, totes les formes còniques i rectangulars i, a més, el plànol inclinat, el cor, la roda, l'escut, el llac i la cresta del gall dindi real. El grup animal estava constituït per dracs verds, galls dindis reals, balenes, “abubilles”, ocells fusters, cigonyes, orenetes i teuladins.



La nota La representava a la terra. El seu color era el verd; el seu signe, Verge; el seu planeta, Venus; astre, la Lluna plena. El sentit corporal pertanyia al tacte; els nombres eren el 5 i el 6; el seu dia de la setmana, el dimecres. Aquesta nota simbolitzava a les dones i als caçadors. Al seu torn, tenia com símbols a la pell, l'ou, el “pote” i l'oval travessat per l'eix Fa-La. Els animals eren rossinyols, sargantanes i cocodrils o serps terrestres.
Mi enllaçava les notes La i Si. Eren, per tant, els seus elements la terra i l'aigua, els seus colors el verd i el blau, que produeixen el violeta. Com a signe tenia a Taure; com planeta a Saturn; com astre a la Lluna minvant. Els sentits corresponents eren el tacte i l'oïda; dia setmanal, dimarts; personatges, sacerdots i pastors. Els símbols que ostentava, el trapezi, la maça, el martell, el jou, l'arc, la cuirassa, el llombrígol i el ventre. En el grup animal es trobaven la vaca, l'ovella, la tortuga, el búfal, el lleó i el gripau.
L'última nota, Si, tenia com element l'aigua (escates). El seu color era el blau nit; signe zodiacal, Peixos; astre, Lluna minvant; sentit, l'oïda; nombre, 8. Els personatges representats eren sants, ascetes, pescadors i músics. Els seus símbols, el triangle de vèrtex cap avall, els òrgans genitals i el bambú. Els animals, peixos, garses, serps d'aigua i aranyes aquàtiques.




El professor Schneider va seguir fidelment aquestes analogies i va trobar que, començant pel pilar de la columna nombre u i substituint ordenadament cada animal per la nota musical que li corresponia, s'obtenia un himne religiós. El de la catedral de Girona estava dedicat a la Mare de Déu; el de Sant Cugat del Vallès, que encara no havia estat trobat quan Schneider ho va desxifrar, va resultar ser un càntic en honor de Sant Cugat, patró del monestir. Curiosament, algun temps després, entre els documents sense classificar del seu arxiu, es va trobar un himne al costat de la seva corresponent partitura musical que datava del segle XII i coincidia, exactament, amb tot el que havia exposat pel professor alemany.

Santa Maria de Ripoll: Un monestir únic en el món.





No obstant això, què ocorria amb el monestir de Ripoll, desencadenant d'aquestes troballes? El principal problema residia que el nombre d'animals esculpits en els seus capitells era inferior al dels altres claustres i, per tant, el ritme musical al que estava subjecte era molt més difícil de determinar. El professor Schneider, sense donar-se per vençut, va continuar amb les seves investigacions. "Els tres claustres'; va explicar després, "tanquen de manera simbòlica el curs de l'any i, per analogia, el cicle de la vida humana. El simbolisme de Nostra Senyora de Ripoll no descansa només en una base musical, sinó que constitueix, així mateix, la representació d'una curació. El que suposa un exemple d'art romànic únic en el món, tant pel seu significat com per la seva antiguitat". El monestir de Ripoll, fundat per Wifred el Vellós en l'any 879, ha tingut una enorme importància des del moment mateix de la seva creació. En primer lloc, pel seu enclavament estratègic en ple Pirineus català, envoltat de riscos i de valls, que el van protegir en aquells difícils temps de la Reconquesta.




Va ser, a més, bressol de la independència del principat i focus cultural de la increïble comarca del Ripollès, que va créixer i es va desenvolupar sota la seva influència i protecció; sobretot, en època del famós abat Oliva, qui, fidel seguidor de la reforma de Cluny, va fomentar el comerç i l'intercanvi cultural amb els altres cenobis del segle XI. Sota la seva direcció, monjos i erudits es reunien en la biblioteca, el seu famós scriptorium en el que es realitzaven magnífiques còpies de manuscrits dispersos i oblidats.
La meravellosa portada romànica del segle XII està presidida per l'escultura d'un Crist en Majestat. La resta de les figures representen l'íntima relació entre les visions del profeta Daniel i el somni de l'Apocalipsi de San Juan. Davant aquests relleus, els alumnes dels monjos benedictins de Ripoll van aprendre, de viva 'veu, les lliçons bíbliques. A l'arribar al doble claustre trapezoïdal del segle XII apareix un bosc de columnes que tanca, simbòlicament, un dels conceptes fonamentals de l'època medieval: el significat de la malaltia.
"El tema central", exposa Marius Schneider, "es basa en una antiga creença de les cultures semítiques, segons la qual la malaltia és el resultat d’una impuresa moral que aparta a qui la sofreix de la divinitat i li fa mereixedor d'un càstig. El pecat, per tant, constitueix una falta de salut i la seva remissió va aparellada a la curació i la convalescència. Els assiris, concretament, creien que l'home podia pecar sense adonar-se, ni desitjar-lo, idea que pot constituir l'antecedent de l'inconscient col•lectiu de Jung". Per aquesta causa, cada cultura utilitzava un determinat tractament a força de pregàries, sacrificis, ofrenes i, fins i tot, exorcismes a fi de lliurar-se de la impuresa moral i, sobretot, de la seva conseqüència immediata, la malaltia.


Podeu veure informació detallada del Claustre de Ripoll aquí:
http://www.romanicocatalan.com/Ripolles/Ripoll/Ripoll02.htm


Història d'una curació






La història que es conta en el claustre del monestir de Ripoll, arrenca, segons Schneider, de la columna 33, en el capitell de la qual es veu a un home en un jaç mortuori acompanyat de dues sirenes que, amb el seu plor, l’arrosseguen cap a un món subterrani. La columna 34 que, a més, representa a l'u de novembre, dia dels difunts, mostra el cos del malalt entrant en la boca d'un caimà, mentre un àguila marina sembla emparar la seva ànima.
Els quatre costats del capitell 35 tenen esculpides dues cares i dos dorsos. L'aparició d'un dors significava una marxa o partida; en cas de malaltia, es presentava l'esquena al metge perquè tracés una creu, ja que els esperits de la mort solien atacar a les seves víctimes per darrere. En la columna 40, un cavall medicinal condueix al malalt fins a la muntanya a través del purgatori. Davant d'ell apareix un home amb un instrument que pot semblar tant un arc com un arpa.
Quan el malalt entra en el mar de flames de l'interior de la muntanya es troba a Sant Pere i Sant Pau amb l'espasa, que simbolitza la nota Fa. Entre els capitells 44 i 45 s'inicia el descens de la muntanya, indicat per la posició invertida dels animals dels relleus. Entre les columnes 44 i 57 una sèrie d'animals fantàstics indiquen el mar de flames: dracs, lleons, àguiles marines i sirenes de dues cues simbolitzen el sol nocturn sortint del foc. A igual distància del Sol, en els capitells 47 i 57, es veu al profeta Daniel en la fossa dels lleons. Els àngels dels capitells 51 i 53 formen un rotlle, que correspon al mar de flames i a la nota Fa. Un segon rotlle està compost pel grup de dones de la columna 22, que simbolitzen la posada de sol, i les noies del capitell 24, que equivalen a la convalescència i abasten l'àrea de la vall i la muntanya. La línia Fa-La indica el foc purificador i també el foc eròtic, que correspon al període comprès entre febrer i agost, en el qual es troba la dansa d'espases.



El so Fa representa la sortida del Sol, símbol del foc del purgatori. El Sol travessa la porta de la columna 49, formada per dos lleons amb un cap comú; entra en el carro dels àngels del purgatori cap a les sis o set del matí i, quan es posa, es troba a l'altura de la columna 22, on es troba el rotlle de dones. S'oculta definitivament després de les noies del capitell nombre 24. La columna 23 representa el seu ocàs i es diu que el diable apunta per ella cap a les sis o set de la tarda.
La columna 52 representa altra vegada al Sol i ha estat interpretada com un naufragi. Apareixen uns homes ficats en l'aigua fins a la cintura. Aquests figuren ser malalts o penitents que se submergeixen en el mar de flames per a purificar-se dels seus mals. La columna 53 és la més difícil de comprendre: uns homes, amb les cames separades i les mans unides sota el ventre, semblen estar lligats per una soga. Seran pecadores o condemnats? No se sap amb certesa, però en els balls d'espases de Lifú, relacionats amb ritus medicinals, es veuen figures en actituds idèntiques a aquestes.
Els animals dels capitells compresos entre les columnes 54 i 65 són grifons i ocells amb cota de serp, que simbolitzen a la primavera i indiquen la proximitat del cim de la muntanya. A l'acostar-se el mes de maig el malalt s'encamina cap a la zona dels metges.
Es troba amb Sant Jordi, el drac i la princesa; sosté una lluita contra el drac i les sirenes que s'agafen al seu vaixell per a enfonsar-lo (columna 6); mentre és ajudat pels metges bufons de les columnes setena i vuitena, que corresponen al doble signe de Bessons. Aquestes dues columnes representen la batalla de la dansa d'espases, en la qual el malalt passa un moment crític durant el primer quart creixent de la Lluna de primavera. El pacient duu en cada mà un mirall. En ell es miren les sirenes mentre intenten fer sotsobrar la nau perquè el malalt caigui en el llac del drac. La història acaba amb el capitell que simbolitza el sacrifici que ofereixen els pares del convalescent al finalitzar la curació. En ell està representada la Lluna que, al seu torn, simbolitza el divuit d'octubre, dia de Sant Lluc, metge.



Tots els complicats símbols i analogies de la narració estan connectats amb les imatges arquetípiques de Jung. Alguns es reconeixen fàcilment: la lluita amb el drac, símbol del mal; la intervenció de les sirenes, que són temptacions; el bé, encarnat per els àngels que acudeixen a ajudar al malalt-pecador... El relat constitueix el cicle d'una vida, al final de com el bé surt triomfant de tots els problemes que li surten al pas.


Claustre del Monestir de Sant Cugat del Vallès






No és així en el cas del claustre romànic del monestir de Sant Cugat del Vallès, on els motius dels capitells venen donats pel lloc on estan col•locats i marquen el decurs dels estacions, depenent en quin punt cardinal estiguin situats. Intercalats entre els capitells que assenyalen el pas de l'any, n'hi ha d'altres que representen les notes musicals de l'himne del monestir. Tot i ser enginyosa, aquesta combinació no te cap de bestiar d'extraordinari.
Annex a l'església de Sant Cugat del Vallès, en les proximitats de Barcelona, existeix un claustre de singular bellesa els capitells de la qual criden immediatament la atenció del visitant. Cap a l’any 1945, va anar a parar a aquest lloc Marius Schneider, musicòleg alemany considerat heterodox pels seus col•legues; a poc a poc va ser interessant-se pels capitells, en els quals va intuir un ritme i una harmonia. Bona part de les figures gravades en pedra representaven animals en diferents actituds.



El claustre, obra d'Arnau Gatell, té una longitud de 30 metres. Circumdat per 72 parells de columnes, amb capitells decorats elegantment amb representacions d'animals i escenes bíbliques. L’edifici que ho envolta és d'estil gòtic.
Schneider va tenir la idea d'associar cada animal a un so específic: l'ós representaria un so baix, la hiena agut, el corb estaria entre l'un i l'altre, i així successivament.
L'actitud dels animals representats en els capitells marcaria un ritme. Com a conclusió dels seus treballs, Schneider va intentar dur totes aquestes observacions al pentagrama i d'aquí va sortir una partitura musical. Anys després -quan l'erudit alemany ja havia mort -, en el curs d'uns treballs de remodelació en el citat monestir de Sant Cugat del Vallès, van ser trobats uns còdexs medievals i, entre ells, la partitura del que va ser l'himne perdut del lloc; doncs bé, es tractava de la mateixa música que Schneider habita intuït en la pedra.



Això és molt mes que una bella història. És la mostra fefaent que res en l'art medieval és gratuït o superflu, res motivat per raons frívolament estilístiques o per una religiositat ingènua i devota. Les correspondències que aquest autor fa entre la vuitena musical, els animals - símbols i les principals hores del dia, per descomptat, estan també en relació amb les estacions de l’any i els punts cardinals de l'espai són les següents:
FA: Gall – Lleó - Animal fabulós – Matí – Primavera - Est.
DO: Àguila – Migdia – Estiu -Sud.
SOL: Garsa.
RE: Gall dindi – Migdia passat.
La: Ocell cantor.
MI: Bou sacrificial - Lleó domat – Ovella – Bou – Tarda – Tardor - Oest.
SI: Peix – Granota – Nit – Hivern - Nord.
Música i arquitectura impliquen coneixements tècnics específics, lleis objectives de ritme, harmonia, resistència de materials, mesura, proporció, etc. i, a mes, la capacitat de combinar-los entre si.
Aquestes construccions medievals, segons l'estructura zodiacal, és a dir conforme a un model celestial, segueixen el pla amb el qual es construiran en gairebé totes les ciutats i els temples de les civilitzacions tradicionals, ja que intentaven reflectir en la Terra la imatge de la Ciutat Celeste.



En el cas concret d'aquest claustre intervé així mateix la composició musical, això és, l'element sonor que reprodueix, conforme a pautes numèriques, la cadència del ritme còsmic i la harmonia o música de les esferes, possibilitant la comunicació i la identitat gràcies a les lleis de correspondència entre el de dalt i el de baix, recreant constantment el món mitjançant el cant, la paraula o la música.
Amb quina fi?Para què? Segons l'investigador d'aquest treball, membre del Consell Superior d'Investigacions Científiques d’Espanya, conformen una melodia o lletania a la Verge (símbol de la puresa i la fecunditat de la Substància primordial), que, al cantar-la els antics monjos constituiria la participació activa en el ritu (o ritme) còsmic, la comunicació amb les energies reveladores de la realitat del sagrat, al crear un pont entre el cel i la terra fundat sobre la substància sonora dels dos mons.


El claustre de la Catedral de Girona.





En els claustres de Sant Cugat i Girona, el recorregut només té sentit si seguim el moviment de l'astre rei pel firmament.
La semblança entre els tres claustres és tan evident que alguns dels animals que es troben esculpits en les seves columnes semblen haver sortit de la mateixa mà creadora.
Es distingeixen en elles tres grups: Els animals fantàstics, els mitològics i els convencionals.
“Avui coneixem mes o menys el que representaven -explica Schneider- però és molt difícil endevinar el que en altre temps volia dir o cantar la seva boca. Les imatges són mudes -afegeix- perquè estan fetes d'un material inert. En l'actualitat -conclou- ens hem habituat a un art sense ressonància i gairebé no pensem a contemplar, per exemple, les gàrgoles gòtiques, que la pluja amb el seu murmuri feia reviure.” Pot ser que per aquesta raó la veu callada dels capitells del claustre, replets d'animals fabulosos, d'horripilants caps i mandíbules obertes tingui, conseqüentment, poc impacte en la consciència estilística de l'espectador modern però, per descomptat, sí ho va tenir per als picapedrers per una banda i per als monjos per un altre.



El bou, la nota “Mi” i Saturn

Alberto Durero, per exemple, en el seu cèlebre quadre La Melancolia, mostra una part essencial del pensament pitagòric quan pinta una campana sobre un paisatge amb mar i l’arc de Sant Martí al fons en el qual destaca una torre. En ella pengen un rellotge de sorra, una bàscula, la campana descrita i una quadrícula amb números. Sobre la torre es dóna suport una escala de rude fusta amb 7 esglaons (just les notes del pentagrama) i, en primer pla, on l’àngel pensador amb un compàs i un bou recolzat sobre el sòl. Segons les concepcions místiques antigues la campana està sota el signe de Saturn: el Mi, tercer so de l'element terra, és el lloc de l'ofrena d'un sacrifici violent, la expressió del dolor i de la consciència del deure. Entre els seus símbols mes acusats es troben el martell i la maça i un cap de bou.
Schneider va advertir que el bou, l'animal del sacrifici, va ser utilitzat en la teologia cristiana com símbol de la passió de Crist i que en l'antic Orient se li representava amb una forma geomètrica: el trapezi.
Aquesta és, curiosament, la forma del claustre gòtic de la catedral de Girona i el que li va conduir a deduir que les notes contingudes en els seus capitells era un himne a la Verge Dolorosa.
L'actual basílica va començar a construir-se a la fi del segle XIII sobre el solar que ja havia ocupat altre temple romànic. Podem admirar la seva nau de 77 metres de llarg i gairebé 23 metres d'ample, la delicadesa de la seva trifori, la complexitat de la seva girola, les seves antigues vidrieres policromades. El retaule i el baldaquí de plata repujada del segle XI que cobreix l'altar amb notables elements com un ara romànica i, coronant dos trams d'una petita escala, l’anomenada cadira de Carlemany, llaurada en marbre.



Cinquanta-tres sons que componen la melodia del claustre, trenta-un d'ells facilitats pels capitells. La seqüència lleó/brau és una de les mes freqüents. En general, el lleó simbolitza el Sol victoriós, li correspon el so fa. El bou/toro, per la seva banda, representa la nit, la humilitat, el sacrifici. El seu so és el Mi.
Si Schneider té raó cada matí deuria d’escoltar-se un murmuri en el claustre, una melodia màgica, la dels símbols, capaç de modificar l'estat de consciència d'aquells religiosos, d'invocar les energies que els constructors de les catedrals amplificaven amb la seva obra procedent de l’interior de la terra, una força capaç d'obrar fenòmens inexplicables, de moure destins, la força de la vibració.
”A la zona crítica Si-Fa, pertanyen els éssers amb naturalesa dual, com el centaure i la cabra. (Per la seva veu i el seu aspecte exterior –banyes i pits- també la cabra es considerava en la mitologia indo-ària com un ésser doble.) Per a identificar els altres éssers fabulosos cal prendre en consideració una sèrie d'elements simbòlics específics, a saber: cabells, plomes (ales), pell i escates, els quals són equivalències místiques dels elements foc, aire, terra i aigua. Tots aquests animals fabulosos semblen representar éssers mixts que manquen de caràcter <> i tanquen alhora dos elements diferents, encara que no falti certa preponderància d'un o altre element en el seu aspecte total. Ja hem esmentat el centaure com a tal ésser doble. Veurem mes tard que aquest animal, àdhuc ser clarament mixt, s'inclina mes cap a l'element foc (Fa) que no cap a l'element aigua (Si). El tipus amb predomini de l'element foc es troba en les escultures del monestir de Sant Cugat, en les columnes 17 i 40. Són cossos de lleons que duen ales i un cap fantàstic amb barba. 



El lleó encarna l'element foc i les ales l'element aire. Però com la barba (=cabells=foc) accentua l'element foc, atribuïm aquest animal fabulós al so de Fa (foc). (…) Queda per tractar la qüestió de la presència de dos lleons diferents, un normal, generalment lligat al tema de Samsó, i l’altre alat. Aquest lleó alat actiu, d'un ritme victoriós o que persegueix a un bou, es col•loca en el Fa, so del matí ocupat pel tigre en la tradició índia. En canvi el lleó sense ales, un lleó normal, representa mi, encara que aquest so ja estigui ocupat pel bou. Cóm explicar aquesta forma doble del lleó? La mística primitiva només va conèixer timbres de veus naturals i animals normals. Ara bé, considerant la evolució històrica esbossada en la segona part del primer capítol, sembla molt probable que mes tard, una vegada creats els animals fabulosos (com divinitats que deurien superar el dualisme còsmic en el so Fa), la figura del lleó natural tenia que sofrir algunes transformacions per a poder mantenir-se en el Fa. 



Es va crear un lleó alat que, a causa de aquesta circumstància, podia seguir participant del grup dels animals amb forces metafísiques i llavors el lleó natural (sense ales) va ser relegat a un altre lloc i assimilat al bou. Però només era possible aquesta assimilació al bou per al lleó domat (lleó normal sense ales) que representava (igual que el bou) la idea de l’omissió i de l'obediència. El lleó alat (Fa) és l'animal solar (foc) del dia, el lleó terrestre (Mi) és l'animal de la nit domat per el <>, és a dir, per Samsó. Aquest canvi de posició, que veurem mes tard correspon a un canvi anàleg en l'ordre dels planetes i dels déus vèdics, es confirma la transcripció musical, sinó també pel fet que, al ser mistificat, el bou (Mi) ocuparà el Fa sota la forma del brau, o (com veurem mes tard) el Mi bemoll como Àries. Igual que el centaure, el lleó alat és un ésser doble que reuneix en si la obscuritat i la llum. Per això el lleó és unes vegades l'enemic natural del Taure (nit) i unes altres ho és d'Àries (llum). Aquest paper dual tan clarament exposat per C. Intes s'expressa per les seves posicions musicals Mi i Fa.”

 

Conclusió




Tant el claustre del monestir de Ripoll com el de Sant Cugat, o el de la catedral de Girona indiquen la importància metafísica i religiosa que la música tenia en la Catalunya de l'Edat Mitjana, així com la comprensió simbòlica dels homes de llavors. En l'actualitat, la majoria dels éssers humans s'atenen al que poden veure i tocar sense aprofundir en els temes. No obstant això, els secrets del passat esperen ser desxifrats perquè l'home pugui comprendre realment qui és i on va...
Durant la investigació, Schneider va advertir que els animals dels claustres romànics catalans abans al•ludits mantenien una correlació rítmica amb els números, els planetes, els signes del zodíac, els colors i els sentiments, és a dir, evocaven el pensament pitagòric.



El que sí ho és, d'extraordinari, és que, les notes musicals estan escrites amb símbols hindús. Aquest fet extraordinari seria una prova de que van existir relacions amb la Índia durant els primer segles del segon mil•lenni i que van ser prou importants i intenses com perquè a Catalunya algú conegués la manera d'escriure les notes musicals amb símbols hindús. Així ha quedat demostrat per l'estudiós alemany Marius Schneider, expert en trobar relacions entre la simbologia musical i la cultura i religió.
I encara és més extraordinari és que ho trobem en altres dos claustres del país: el de la catedral de Santa Maria de Girona i el del monestir de Ripoll, on les notes representen un himne a Maria, com a homenatge a la santa a la qual és dediquin tots dos edificis.
Schneider no ho va trobar en cap altre lloc d'Europa. A Cluny, per exemple, on també hi ha expressions musicals als capitells, no és fan servir símbols hindús.





Tot aquest immens esforç decoratiu, tota aquesta fantasia orientada a ensenyar els misteris de la religió a uns espectadors "indoctes", incultes, acabaria ràpidament a partir de l'aparició en escena de l'orde del Cister, que reformaria la manera de construir els cenobis o monestirs, molt particularment les decoracions pictòriques i escultòriques que recobrien tots els racons de les esglésies, de les portalades, dels claustres, San Bernat de Clarevall deia:
"Però no sé de què poden servir una quantitat de monstres ridículs, una certa bellesa deforme i una deformitat agradable que es presenta sobre totes les parets dels claustres als ulls dels monjos que s'apliquen allà a la lectura. ¿Quin profit ofereixen aquestes rústiques mones, aquests lleons furiosos, aquests monstruosos centaures, aquests semihomes, aquests tigres clapejats, aquestes gents armades que es combaten, aquests caçadors que toquen les trompetes? Es veuen aquí molts cossos sota un sol cap, i molts caps sobre un mateix cos. D'una banda es representa una bèstia de quatre peus amb el cap d'una serp, de l'altre, el cap d'un quadrúpede amb cua de peix, en aquest lloc, un animal representa un cavall, que és meitat cabra per darrere, en aquest , un altre amb banyes al cap, que és meitat cavall per el restant del cos. En fi, es veu aquí per tot arreu una gran i tan prodigiosa diversitat de tota mena d'animals, que els marbres, més aviat que els llibres, podrien servir de lectura, i es passaria aquí tot el dia amb més gust a admirar cada obra en particular que a meditar la llei del Senyor. Ah! Déu meu! Ja que no es te vergonya per aquestes misèries, ¿per què al menys no hi ha pesar per unes despeses tan nècies? ".
I amb aquesta sentència, i la seva adopció com estil estètic i arquitectònic, donaria una empenta definitiva per endinsar nos en el món del nou període artístic que coneixem com a Gòtic.



Ah!… i els capitells no canten, ni les pedres parlen, les fem cantar i parlar els humans.