dilluns, 6 de juny de 2016

NOVÍSIMAS IMAGENES HERÉTICAS DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

La cultura matriarcal —como veremos con más detalles posteriormente— está llena de divinidades femeninas, especialmente maternas. La cultura hebrea es básicamente masculina, pero el Espíritu es femenino. El mismo Jesús, en un ágrafo del evangelio apócrifo a los hebreos, se refiere al Espíritu Santo en sentido femenino: «Ahora me tomó mi madre, el Santo Espíritu, por uno de mis cabellos y me llevó al gran monte Tabor» (38). En los evangelios, las referencias de Jesús al Espíritu tienen acentos maternales: él no permitirá que quedemos huérfanos (Jn 14,18); él consuela —como suele hacerlo característicamente la madre—, exhorta y alienta (Jn 14,26). Es él el que, como la madre en el hogar, nos enseña el nombre de Dios-Padre (Rom 8,15) y nos dice cómo hemos de pedir (Rom 8,26). La historia nos enseña y la psicología religiosa nos demuestra que la divinidad ha sido siempre representada culturalmente bajo el simbolismo paterno y materno. Este simbolismo está al servicio de dos tipos religiosos fundamentales: uno ctónico (telúrico), orientado a la tierra, a la vida, a la generación, a los misterios de la muerte: es la religión maternal. El otro tipo es más bien uránico (celestial), orientado al cielo, a la infinitud, a la trascendencia: es la religión paternal. Un tipo se dirige más bien al origen, al paraíso terrenal y a la reconciliación primordial; el otro se orienta más hacia el final de la historia, busca la salvación y el reino de Dios que vendrá en el futuro. Uno acentúa la generación y otro el nacimiento; uno la concepción y otro el parto. Leonardo Boff.

¡Poco me imaginaba yo que el tema iba a dar para tanto!…
Cuando en junio del 2011 hice la primera de las entradas sobre éste tema, pensé que si bien el tema podía ser curioso, interesante, incluso revelador de algunos aspectos significativos del cristianismo, lo cierto es que hoy cinco años después, sigo descubriendo aspectos y novedades.
A continuación os pongo los enlaces a las entradas anteriores por si queréis recordar lo hablado hasta ahora:

Entrada 2011


Entrada 3/2016


Hace unos pocos días tuve la oportunidad de desplazarme hasta la Selva Negra y Baviera, en viaje de vacaciones. Lógicamente, la pequeña iglesia de St. Jackobus en Urschalling, de la que ya os hablé en la entrada anterior estaba incluida entre las visitas obligadas del periplo (imatges).









Como lecturas para el viaje me acompañaron “La filla del Capità Groc” de Víctor Amela y “La llama de la Sabiduría” de Juan Francisco Ferrandiz,  excelente libro  que os podéis descargar aquí:





No suelo incluir reseñas de libros editadas por las editoriales o por particulares, aunque haré una excepción en éste caso para facilitar al lector una mayor comprensión de la sorpresa que me aguardaba casi al final de la novela.
"Valencia, finales del siglo XV. En una época en que la mujer era considerada un ser sin alma, una joven decide sacar adelante el hospital fundado por sus padres, ahora asediado por las deudas y por una misteriosa conspiración. ¿Tienen alma las mujeres? Así es como todo empezó, con esa pregunta. En la opulenta Valencia del siglo XV, una joven mujer emprende su propia lucha para preservar el legado de sus padres: En Sorell, un hospital célebre por atender a los más desposeídos. Acosada por leyes injustas y por los poderes fácticos de la ciudad, ella pronto comprenderá que se enfrenta a algo más peligroso que la incomprensión o la intolerancia. Porque una sombra letal se pasea impune por la ciudad dispuesta a propagar la muerte entre quienes se atrevan a desafiarla, entre todos aquellos que conocen los verdaderos secretos del hospital y de la extraordinaria mujer que lo fundó.Una novela ambiciosa y apasionante, llena de acción e intriga, que nos habla del valor de unas mujeres cuyo único pecado fue defender su dignidad en un mundo que las consideraba seres moralmente defectuosos... Seres sin alma"





"¿Tienen alma las mujeres?" 
Así empieza La Llama de la Sabiduría. Con una pregunta que en el S. XIX ni siquiera deberíamos plantearnos pero que en siglos anteriores ha dado mucho que hablar. Como ya sabéis, en épocas pasadas (y lamentablemente aún ahora en algunos países) la mujer siempre ha sido considerada un ser inferior, pecaminoso y que hay que mantener bajo el yugo del hombre. Y, sobre todo, hay que mantenerla en la ignorancia ya que, como bien dice el refrán "El saber es poder". En esta novela nos encontramos ante una novela histórica ambientada en la Valencia del Siglo XV, donde las mujeres, y en concreto Irene Bellvent, luchan para hacerse oír, para ser tratadas como realmente se merecen y que demuestran su gran valía en cada uno de sus actos. No solo como hijas, esposas y madres sino como personas.
En esta novela se nos presenta a las mujeres como seres fuertes y unidos entre sí por la Sabiduría. Una sabiduría que no se esconde en los libros sino en la fuerza interior de cada una. En su maestría para poder sacar adelante a sus familias, superar las adversidades y no dejarle amilanar por el hombre, aunque esto les lleve a estar perseguidas por la ley y ser consideradas brujas por la Inquisición.
A parte de este gran hilo conductor, la novela nos sitúa en una importante etapa histórica de España: la lucha de los Reyes Católicos por reconquistar el país y, en concreto, el Reino de Granada. Nos enseña las penurias que el reino español pasó, cómo superó la peste Negra, cómo se encontró solo ante las injusticias propias de la época porque los reyes estaban demasiado ocupados con la reconquista. El pueblo se moría de hambre y peste y nadie podía socorrerlos justo para socorrer a los más necesitados, en aquella Valencia del XV, se encuentra nuestra protagonista, Irene, que intenta por todos los medios mantener el hospital que le dejaron sus padres: En Sorell.





Muchos serán los personajes que desearán que ella deje de luchar por algo que, en teoría, como mujer joven y soltera no le corresponde pero también serán muchos los que le ayudarán en su empeño. Para ello, tanto Irene como el resto de personajes que la rodean (Tristán, Caterina, Eimerich...) tendrán que superar toda una serie de adversidades y sus vidas cambiarán radicalmente. Todos estos personajes evolucionarán, madurarán y se transformarán en seres extraordinarios.
Por supuesto, también los "malos" tendrán su evolución y sus actos serán cada vez más grandes y malvados para conseguir lo que tanto ansían y evitar que otros consigan sus propósitos. La mayoría de estos personajes son masculinos y todos están marcados por el deseo de mantener a la mujer "en su lugar" pero también nos encontramos con un personaje femenino, Gostança de Monreale. Quizá yo esté hilando demasiado fino pero justo todos estos personajes masculinos que quieren pisotear a la protagonista (que como mujer no tiene derecho a reclamar lo que, por herencia, le pertenece) están todos dirigidos/dominados por una mujer (¿ironía?). 
Como veis me ha gustado mucho esta novela pues podría estar hablando de ella horas y horas y creo que la pregunta que plateé al principio queda más que respondida: ¿Puede el autor haber superado, al menos mantenido, la misma calidad que con su primera novela? Totalmente. En esta novela el autor ha vuelto a atraparme con su prosa y su narración. Es ésta una novela completa donde el buen escribir y la nueva historia se dan la mano para que el lector se sumerja en la vida de los personajes. Es una novela en la que los personajes sufren, que les pasa de todo, pierden a sus seres queridos, los recuperan para volver a perderlos, luchan por sus ideales... Y tú, como lector, sufres, sientes y padeces con ellos.(Tomado de :http://conversandoentrelibros.blogspot.com.es/2015/06/resena-la-llama-de-la-sabiduria-juan.html)





Lo que no nos dice el autor/a de la reseña es que lo más importante del contenido de la novela se encuentra en el pequeño breviario que la madre de la protagonista –Elena de Mistra- oculta para que ésta lo descubra. En forma de breves “lectio”, Elena va recorriendo un camino místico-intelectual que llevará a su hija –Irene Bellvent- a su propio autodescubrimiento.
Pero lo sorprendente para mi fue leer lo siguiente, en la “Quarta lectio” Elena de Mistra le dice a su hija Irene:
“Deseo, querida hija, que hayas podido contemplar con tus propios ojos el fresco de la Trinidad que conservan las Magdalenas –convento que ya no existe- antes de que el tiempo y el abandono borren para siempre su secreto.
Debes saber que lo mandó pintar a principios del siglo pasado una gran dama, Diana Visconti, esposa del noble don Ramón de Vilaragut. Esta noble venía de Milán, donde poco tiempo antes había concluido el proceso contra Guillerma de Bohemia, una mujer sabia que vivió cerca de la abadía de Chiaravalle y que ardió en la pira inquisitorial ante la basílica de Sant’Eustorgio, acusada de creerse la encarnación del Espíritu Santo. 





En el cementerio de ese cenobio se conserva una capilla en su honor, y aunque fue una hereje es venerada en secreto por las gentes del lugar y por los propios monjes, pues la virtud y la sabiduría mostradas por ella no tuvieron parangón en su época.
¿De dónde procedían sus tesis heréticas? Lo que has visto en las Magdalenas es una reliquia que esconde una antigua creencia aceptada. La pintura es una copia de un fresco de la iglesia de San Jacobo de Urschalling (¡!!, justo me encontraba a dos días de la visita a esa iglesia), en la lejana región de Baviera.




Existen cientos de ellas por todo el orbe, pero lentamente desaparecen para dar paso a la paloma como imagen del Espíritu Santo. La presencia femenina en el centro de la espiritualidad, la posición que ocupa en la Trinidad pintada, evoca a Sophia y la Sekiná.
Nuestro Dios tiene también un aspecto femenino; su aire exclusivamente patriarcal se impuso con el paso del tiempo.
Al repasar viejas tradiciones hallamos menciones expresas sobre este singular aspecto del Espíritu en el poema XXXVI de las Odas de Salomón: «Descansé en el Espíritu del Señor y Ella me elevó a lo alto»; o en la Didascalia Apostolorum, donde se exhorta a las diaconisas nombradas por los apóstoles como imagen del Espíritu Santo; o en la Expositio del maestre cristiano Afraates, donde escribió: «Ama y honra a Dios, su Padre, y al Espíritu Santo, su Madre».
Podría seguir con las exégesis de Metodio y las Homilías de Macario, pero todas estas obras reposan en los anaqueles de los conventos.
No te dejes llevar por el pánico, pues sólo por una cuestión de ignorancia se puede considerar herético este aspecto. Durante los primeros siglos tras la Resurrección de Cristo el concepto de Espíritu era el de los judíos, la Ruah YHVH, es decir, el aleteo de Dios sobre las aguas, de género femenino. A partir del siglo V se comenzó a emplear el género masculino en latín Spiritus o el neutro griego pneuma.
Pero apenas has recorrido una arista del intrincado laberinto. Más allá de la religión surgen nuevas cuestiones: ¿la asimilación entre principio femenino, sabiduría y Espíritu estaba presente en tiempos pretéritos? ¿Ya influyó en la filosofía de los griegos, padres del pensamiento?




Has llegado a la frontera de tus creencias y tu fe. En adelante, avanzarás por un terreno sombrío y pantanoso de saberes anteriores, de mitos y antiguos relatos, pues este misterio, hija, no es una cuestión teológica, sino profundamente humana y nos ha acompañado desde los albores de los tiempos”.
Hasta aquí la "quarta lectio" dirigida a su hija Irene de Bellvent.
Pero el libro aún me tenía guardada una sorpresa mayor, al final del epílogo añade:
"Aún perviven en España dos representaciones del Espíritu Santo en forma de mujer (en la Cartuja de Miraflores y en la ermita de San Nicolás de Espinosa de los Monteros), si bien la mayoría desapareció en el siglo XVI."
Cómo podéis imaginar rápidamente me lancé en su búsqueda.Empecemos por el Retablo Mayor de la Cartuja de Miraflores:




El retablo mayor de la Cartuja fue tallado en madera por el artista Gil de Siloé y policromado y dorado por Diego de la Cruz (cuyo oro provenía de los primeros envíos del continente americano tras su descubrimiento). Realizado entre 1496 y 1499, se trata sin duda de una de las obras más importantes de la escultura gótica hispana, por su originalidad compositiva e iconográfica y la excelente calidad de la talla, valorada por la policromía.
Uno de los elementos más destacados del retablo es la rueda angélica en la que se enmarca la imagen de Cristo crucificado por su belleza y expresividad acentuadas significativamente por el trabajo de policromía de Diego de la Cruz. En la parte más externa de la rueda, se sitúan las figuras de Dios Padre a la izquierda y del Espíritu Santo a la derecha portando los travesaños de la cruz.

En la parte inferior del madero, las figuras de la Virgen María y San Juan Evangelista completan la escena. El pelícano situado en la parte superior de la cruz confiere al conjunto central un valor simbólico extraordinario como alegoría del sacrificio eucarístico, pues el ave alimenta a sus hijos de su propia sangre.
Pero hay que estar batante atento para descubrir entra tan abigarrada composición aquello que nos interesa, veamos a Dios Padre:


Al hijo, en la cruz a la manera tradicional del gótico, con tres clavos




Y finalmente a la Espíritu Santo




Vayamos ahora al retablo de San Nicolas en Espinosa de los Monteros



Se le sitúa a finales del S.XV, formó parte del gran retablo de San Salvador de Oña, constaba de 76 tablas, sólo quedan éstas y otras 6, actualmente en la Cartuja de Miraflores. En cargado por el Abad, Fray Andrés del Cerezo y realizado por el maestro Fray Alonso de Zamora, muy cercano a la corriente italianizante de artistas como Gallego o AlonsoSedano, se aprecia en el grafismo de los detalles en las formas simplificadas de las figuras del banco. La influencia definitiva es flamenca, como lo demuestran los rostros de todas las figuras.
El Dios Padre




El Hijo crucificado, románico (4 clavos) pero claramente derivando hacia el gótico que se encontraba separado del resto de la tabla..



Y finalmente la Espíritu Santo:



Pero no terminarían aquí todas las sorpresa. Llevado por la investigación fuí a dar de nuevo con la pequeña iglesia de Prunet - Bellpuig, en la Catalunya francesa de la que hablamos en la entrada anterior y de la que señalamos la siguiente imágen de un retablo de la Iglesia de Saint Pierre (Sant Pere), en el que es claramente visible el aspecto femenino del Espíritu Santo 


Pues bien en éste mismo pueblecito, en la Chapelle de la Trinité, se encuentra otra sorpresa:



Observemos a Dios Padre:


A Dios Hijo



Y de nuevo a la Espíritu Santo:



Tampoco caben aquí dudas sobre la representación femenina de la tercera persona de la Santísima Trinidad.
Bueno, no quisiera decir que el tema no de para mucho más, como habéis podido observar, la lista de las representaciones heréticas de la Santísima Trinidad, a pesar de la prohibición eclesiástica de hacer representaciones humanas del Espiritu Santo, tomada por el Papa en el Siglo XVII, aunque se ha cumplido escrupulosamente, y la paloma parece reinar con absoluta claridad, aún existen como habéis podido ver algunos testimonios de un pasado en que el aspecto femenino de la divinidad perduraba.
Seguiré informando de cuantas novedades se produzcan.