dilluns, 28 de setembre de 2015

REGRESO AL PRESENTE DE LA BELLEZA DEL PASADO. I LOS IDOLOS CICLÁDICOS

Mira detenidamente la siguiente imágen:





¿que es lo que ves?. Sin duda, una escultura que representa una cabeza humana. 
¿Te resulta familiar?, me refiero a si ¿te parece merecedora de compartir alguna de las salas en los museos de arte contemporáneo con destacados artistas de los S.XIX o XX?. 
¿Podría ser atribuída a un artista de la talla de Modigliani?






¿o de Brancusi?





¿de Henry Moore?




¿o del mismísimo Pablo Picasso?





Probablemente habrás captado las similitudes, también evidentemente, las diferencias, pero aunque te resulte increíble, la imagen que encabeza éstas líneas,  tiene aproximadamente 5.000 años de antiguedad. 
Sí,  lo has leído bien, se trata de la cabeza de una estatuilla cicládica, una civilización que se dió en el mediterraneo oriental hace miles de años, a la que vamos a dedicar ésta entrada. 

Para Picasso los ídolos cicládicos eran el único vestigio que nos quedaba de un tiempo ya desaparecido. “A veces pienso –decía el malagueño- que una vez existió un pequeño hombre de las Cícladas... pero ya no queda nada de su vida, ni de sus dioses. No queda nada de nada excepto este testimonio mágico.”

El siglo XIX presenció el primer auge del turismo en el sentido moderno, es decir de masas. Al tiempo que surgían las primeras agencias de viajes y los primeros viajes combinados, la aristocracia europea escudriñaba los mapas a la caza de nuevos destinos que añadir al tradicional Grand Tour por Italia. Uno de esos destinos fue el Egeo, y en particular las más de treinta pequeñas islas que los geógrafos antiguos bautizaron como las Cícladas (palabra derivada de círculo, que hace referencia al escudo que forman en torno a la pequeña Delos, donde la mitología situaba la cuna de Apolo y Artemisa).
Las Cícladas, entre las cuales se cuentan Paros, 




Miconos 







o Santorini, 






no han perdido su encanto para el turista del siglo XXI, pero aquellos primeros viajeros, además de “playas paradisíacas, aguas cristalinas y pueblos con encanto”, encontraron allí un tesoro artístico que iba a volverse muy popular en las capitales europeas.
Junto al turismo despegaba entonces la arqueología, impulsada por los espectaculares descubrimientos de Pompeya y Herculano (una arqueología entendida aún como “búsqueda del tesoro”, poco respetuosa con concepciones modernas como el patrimonio), y en las Cícladas aparecieron unas misteriosas figurillas que muchos se llevaron de vuelta como curiosos souvenirs.





 Desperdigadas por Europa, pronto despertaron una admiración salvaje entre los artistas de vanguardia y los coleccionistas de arte.
Eran casi todas de mármol (un nombre más apropiado para las Cícladas habría sido Marmarinai o “islas de mármol”, pues este material se encuentra en abundancia en el archipiélago). Otros materiales, 







como la piedra negra en este ejemplo, se utilizaron sólo excepcionalmente. Sabemos de figuritas hechas de piedras verdes y negras, piedra caliza, piedra pómez, toba blanca, esquisto, esteatita verde, concha, hueso, marfil, pedernal, plomo, bronce y arcilla; figuras de madera también pueden haber existido, aunque no hay ejemplos hayan sobrevivido. El uso poco frecuente de esos materiales puede haber sido dictado por la falta de mármol buena calidad en ciertas áreas o debido al hecho de que los artesanos locales eran más familiarizados con su trabajo.
Utilizaban un lenguaje naturalista, a veces tan altamente estilizado y reducido a lo esencial que el ojo moderno se ve tentado a llamarlo minimalista. 





La mayoría, no todas, eran de sexo femenino, y algunas mostraban el abdomen hinchado ligeramente para sugerir un estado de embarazo. Las cabezas eran alargadas y estaban ligeramente inclinadas hacia atrás; los rasgos del rostro no existían o se limitaban a un largo triángulo para marcar la nariz. Eran figuras monolíticas y austeras, y sin embargo, delicadas y alegres. Rígidas y uniformes, evidenciaban no obstante, infinitas variaciones y un sugestivo movimiento contenido. Sorprenden por su extraordinaria belleza y simplicidad. Su sencillez reduce sus formas y detalles a la mínima expresión, pero es este esquematismo, esta capacidad de abstracción, lo que las hace tan bellas y expresivas.
Las de la última época representaban a músicos, flautistas y arpistas que recordaban al estilo alegre y jovial del arte cretense.

Muy probablemente llevarían algún tipo de decoración pictórica, como en los siguientes ejemplos:





según el Museo Arqueológico Nacional de Atenas


Aunque en la mayoría de los casos apenas nos han llegado intactos




Pero adentrémonos en ésta desconocida civilización para tratar de descifrar su significado.


El marco geográfico (tomado de Mª Isabel Rodríguez López – Arte cicládico)


Las islas Cícladas o Kyklades constituyen el archipiélago que se encuentra situado entre Grecia continental y el extremo suroccidental de Asia Anterior. Su nombre deriva del griego kyklos, "círculo", ya que se disponen de forma aproximadamente circular en torno a la sagrada Delos (“la brillante”) -Dilos en el mapa-, isla en la que Leto dio a luz, tras un largo periplo, a los gemelos Apolo y Ártemis. 







Este archipiélago está compuesto por 34 islas de variados tamaños e innumerables islotes rocosos esparcidos sobre las azules aguas del mar Egeo. Además de la citada Delos, las más conocidas son: Serifos, Sifnos, Milos (entre las occidentales), Mikonos, Andros, Syros (en el norte del archipiélago), Paros, Antiparos, Naxos, (en el centro del archipiélago), Amorgós, Keros (en el este) y Thera -actual Santorini- (en la zona meridional).
Los geólogos atribuyen la peculiar formación y naturaleza de estas islas, ricas en recursos minerales, a una sucesión de cambios geológicos: terremotos, erupciones volcánicas y movimientos de la corteza terrestre. Son islas de roca metamórfica, a excepción de Thera y Milo, ambas formadas por suelo de tipo volcánico. Estas dos islas son especialmente significativas en el ámbito histórico y artístico: Thera, como es sabido, es la cresta de un volcán, que explotó en el 1450 a.C., y cuyas fatales consecuencias se dejaron sentir notablemente en el mundo minoico. Milo, por su parte, es una isla rica en obsidiana, por lo que desde la Antigüedad habría de convertirse en un pingüe centro comercial y de explotación de dicho mineral.
Los isleños no dependieron completamente de la navegación, 




reconstrucción de una embarcación cicládica



ya que muchas de estas islas tienen suelos muy fértiles, y sus depósitos metálicos de cobre, plata, plomo y oro, habrían de convertirse en un elemento básico para la nueva era griega del metal. Los suelos volcánicos, por su parte, resultaban especialmente aptos para el cultivo de la vid, al tiempo que el clima cálido y el siempre presente sol contribuyeron decisivamente a la calidad de los vinos, cuya fabricación se remonta a esta época. Por otro lado, en algunos valles de altura se dio la cría de ganado, y la producción de trigo.
Este privilegiado marco geográfico estuvo habitado desde el Neolítico y en él se desarrolló, desde el año 3.000 a.C., una civilización marítima y comercial, una civilización consciente de ser la encargada de poner en contacto a los habitantes de las riberas del Egeo, como demuestran, por ejemplo, la utilización de la obsidiana de Milo o el mármol de Paros en puntos bien alejados del ámbito egeo.

Cronología.


La cultura que se desarrolló en las islas Cícladas durante la Edad del Bronce se designa tradicionalmente, siguiendo la terminología sugerida por el arqueólogo griego Tsountas, como Cicládico, y se divide en tres fases sucesivas, de acuerdo con la siguiente cronología:

Cicládico Antiguo (CA): ca. 3100 a.C-2000/1850 a.C.

Cicládico Medio (CM): ca. 2000/1850 a.C.-1600 a.C.

Cicládico Reciente (CR): ca. 1600-1050 a.C.


El momento más brillante del Bronce Cicládico corresponde al Cicládico Antiguo. Tras este período, las islas cayeron sucesivamente bajo la influencia de Creta (en el Cicládico Medio) y de Micenas (en el Cicládico Reciente), a excepción de Akrotiri, en la isla de Thera (Santorini), que siguió manteniendo durante largo tiempo una notable influencia minoica.

Algunos aspectos de la civilización cicládica.


Se ha señalado tradicionalmente que los más antiguos habitantes de las Cícladas fueron los Carios, pueblo de piratas venidos de Asia Menor, y otras gentes oriundas de Anatolia, que llegarían al archipiélago de las islas Cícladas, en oleadas migratorias sucesivas. Parece probable que con ellos se introdujera en estas islas el culto a la Diosa Madre, garante de la fecundidad, un culto de origen Neolítico. 



Asi como, de numerosas estatuillas más esquemáticas que probablemente fueron el orígen de las que estamos estudiando






Los hallazgos arqueológicos nos informan sólo parcialmente de las prácticas religiosas de los habitantes de las Cícladas, por lo que conocemos muy poco de ellas: no podemos establecer con seguridad si hubo espacios destinados al culto, aunque, como ha señalado Zervos (1957) algunos vestigios arqueológicos, como los exhumados en el puerto de Minoa (Amorgós) permiten vislumbrar la presencia de lugares sagrados al aire libre, como por ejemplo, en una gruta sita en el interior de una gran peña. En este lugar han aparecido depósitos con presencia de abundante cerámica, exvotos y huesos de animales; estos hallazgos sugieren la celebración de ceremonias de ofrenda e inmolación de animales, cuyas cenizas descansarían en la roca, símbolo de la Gran Madre.
Parece que Keros fue uno de los santuarios más importantes de la cultura cicládica, a la altura de lo que fuera Delos, en las posteriores épocas arcaica o clásica. La Isla de Keros fue el destino ceremonial para un ritual que implicaba la ruptura de preciadas posesiones y conllevaba hacer una peregrinación, hasta allí, con los  fragmentos para su entierro.
"Me quedé sorprendido de encontrar una gran cantidad de fragmentos de cuencos de mármol y de cientos de figuras de mármol", dijo el arqueólogo Lord Collin Renfrew. 




Las esculturas halladas en Keros se encontraron casi todos rotas. Los arqueólogos encontraron también,  miles de fragmentos de vasijas de mármol y cientos de partes del cuerpo de figurillas, tales como partes de los muslos, brazos doblados o un pie alargado.
Eso le llevó al descubrimiento de que las roturas no fueron el resultado de saqueos descuidados. "Quedó claro que este era un sitio muy extraño."
La teoría de Renfrew es que los pobladores de las Cícladas habrían utilizado los fragmentos de las figuras y tazones de manera ritual, quizás llevándolas en procesión desde sus lugares de orígen.
"Después de haber sido utilizados durante algún tiempo, quizá décadas, habría llegado el momento de que quedaran fuera de uso". Así que las rompían en sus lugares de vida habituales y los fragmentos eran trasladados a "un notable centro ritual".






El resultado de las investigaciones realizadas hasta ahora ha sido bastante inequívoco: parece de hecho ser un sitio ritual, donde se depositan los objetos en fosas en el suelo. El contenido de los pozos fueron cuidadosamente tamizados para comprobar si había en ellos restos de huesos humanos y no se encontraron. Es evidente que esto no era un cementerio. Igualmente los objetos no se habían roto en el sitio, ya que las piezas no encajan. Se les había roto en otra parte, traídos a Keros como fragmentos y luego enterrados. El análisis de los fragmentos de cerámica mostró que procedían de diferentes islas. Más de un centenar de fragmentos de figurillas fueron descubiertos, muchos de los famosos del tipo de brazos doblados de las Cícladas. Una escultura grande pero fragmentaria de la zona pélvica de una estatuilla de brazo doblado era 17 cm de ancho, lo que sugiere que la  original antes de la rotura habría medido más de 1 metro de altura. Esta es la primera vez que una figura tan grande ha sido documentada a partir de un contexto arqueológico seguro.





En la excavación se puso de manifiesto una serie de pozos interconectados entre si. Algunos de ellos descendieron a la irregular cama de roca subyacente de más de un metro de profundidad, pero no fue posible decir cuántos de ellos estaban abiertos a la vez. ¿Había quizás una fosa cavada por año en el que todo el mundo puso ofrendas de ese año? ¿O es que cada grupo, cada isla tal vez, tenía su propia fosa especial en la que se hacían ofrendas año tras año? ¿Se hacen ofrendas más o menos continuamente, o hubo una ceremonia anual magnífica, a mediados de verano tal vez, o tal vez cada cuatro años como en los posteriores Juegos Olímpicos?. No lo sabemos.
La evidencia sugiere que los fragmentos fueron depositados ritualmente en Keros por cerca de 400 a 500 años, hasta alrededor de 2000 AC.
Asimismo, las célebres esculturas conocidas como “ídolos cicládicos” son probablemente manifestaciones artísticas de naturaleza religiosa, en relación con el culto a la citada divinidad femenina –la Gran Madre Tierra-.
La cultura cicládica fue una cultura eminentemente urbana, como también lo fuera la surgida en torno a la ciudad de Troya, 




El Nivel II de la ciudad de Troya sobre el 3.000 a.C.


cuya irradiación cultural debió ser determinante en el Egeo a principios del II milenio a.C. Se dio entonces un compromiso entre las tradiciones neolíticas y las aportaciones llegadas de Anatolia, hecho que habría de señalar el comienzo de la Edad del Bronce en estos territorios. Gracias al comercio de cabotaje algunos de los productos de elaboración cicládica se extendieron hasta Creta, el Mediterráneo oriental, el continente griego, el Adriático, la costa provenzal o, incluso, hasta las islas Baleares, (Demargne, 1964: 39).


Escultura


Sin duda alguna, la más conocida y singular expresión del arte cicládico la constituyen, como ya se ha señalado, las numerosas estatuillas de mármol procedentes de las necrópolis cicládicas, y difundidas hasta regiones tan alejadas como Cerdeña (Arias, 1967:14), que habitualmente son designadas como ídolos cicládicos. Estos ídolos representan, en su mayor parte, figuras femeninas, pero a finales del Cicládico Antiguo hicieron su aparición, como veremos, otras tipologías, entre las que destacan los célebres músicos.







Son esculturas de mármol de Paros, y aunque todas poseen como denominador común su original esquematización, sus perfiles redondeados y la ausencia de detalles, pueden distinguirse en ellas, varios arquetipos: las que tienen forma de violín, 







las que presentan los brazos cruzados bajo el pecho, 






las representaciones de mujeres preñadas, 







sentadas





en otras disposiciones






las mujeres que exhiben a sus hijos en brazos o sobre la cabeza, 







Existen también, aunque son muy excepcionales, representaciones masculinas








los ya citados músicos





o el bebedor





el cazador






incluso algún grupo escultórico








También es muy variable su tamaño, que oscila de los 5 centímetros de las más pequeñas hasta las grandes figuras que pueden llegar a medir 1,5 metros de altura. 





Como éste precioso ejemplar del Museo de las Islas Cicladas en Atenas.



Aunque parezcan obras sencillas, en realidad no lo son en absoluto. La creación de una figura de las Cícladas se basa en reglas estrictas y un detallado sistema de proporciones, que requiere medidas precisas y considerable habilidad en la aplicación. 





Por lo tanto, era muy probable que fuera el trabajo de artesanos especializados, que probablemente pasaron sus conocimientos a los artesanos más jóvenes sólo después de que este último pasara un largo período de tiempo de trabajo como aprendices. Algunos estudiosos han intentado identificar los "artistas" individuales o talleres distinguiendo grupos de estatuillas con características similares. Los "artistas" (o talleres) se han llamado convencionalmente después de que el museo o la ciudad que alberga obras características de ellos, después de la excavación que los trajo a la luz, o después de que el coleccionista que los posee (por ejemplo, el de Berlín Maestro, el Schuster Maestro, el Doumas Maestro , el Goulandris Maestro, etc.). Otros estudiosos, sin embargo, rechazan estas atribuciones como anacrónica y creen que las similitudes reflejan la proximidad cronológica o geográfica.







El Mármol se trabajó principalmente con herramientas de piedra. Aunque no hay evidencia del kit de herramientas del artesano de las Cícladas, la investigación moderna en combinación con la arqueología experimental ha demostrado que la mayoría de las herramientas fueron probablemente hechos de esmeril. Una pieza de esta piedra pesada y densa - que abunda en Naxos - puede ser fácilmente convertido en un mazo (para la configuración de la figura), simplemente haciendo su borde puntiagudo o afilado. El esmeril también fue probablemente utilizada como un taladro (para tallar y perfilar detalles anatómicos, como el ojo, el oído, el ombligo, y los agujeros de reparación), como una herramienta de grabado (para más detalles incisos) o como un pulidor de superficie. Polvo de esmeril fue muy eficaz como abrasivo para el trabajo inicial del mármol.
La Obsidiana - ampliamente disponibles en Melos - y  el pedernal también pueden haber sido empleados en el tallado de mármol. Cuando en forma de cuchillas, estos materiales pueden ser utilizados como herramientas de grabado o incluso para el borrado de las huellas de alisado en la superficie del mármol; en forma de pequeñas escamas puntiagudas que se conviertan en taladros particularmente eficaces. Finalmente, la piedra pómez empapada en agua es un material excelente para el pulido final de la superficie, y lo mismo es cierto para arena mezclada con agua. Cinceles y martillos de bronce





se podrían haber utilizado para una mayor precisión y rapidez en la toma de los recortes en figurines más complejos, tales como los arpistas, aunque su escasa durabilidad (debido a la alta cantidad de cobre contenido), así como el alto valor de los metales en ese período, probablemente ocasionaria que la mayoria de herramientas fueran de piedra. Como se puede deducir de las pocas estatuillas sin terminar que se han descubierto hasta el momento, el primer paso en el proceso fue a dar forma a más o menos la pieza en bruto de mármol en una figura por el impacto de un mazo. A continuación, el polvo de esmeril se utilizó para desgastar la superficie hasta que se obtiene la forma y tamaño deseados. Una vez que se logró la forma deseada, la superficie se alisó cuidadosamente antes de que comenzara el buen trabajo de tallar los detalles. Al final, la estatuilla fue pulida a un alto grado que todavía nos resulta  increíble y, como ya hemos visto, decorada con pinturas.



Las huellas de suavizado horizontal, vertical o diagonal son muy a menudo visible en la superficie de las estatuillas de mármol. A veces, podemos ver las marcas dejadas por la herramienta utilizada para nivelar los contornos de la hendidura de la pierna en figuritas "canónicas". Las huellas de las reparaciones también son discernibles en algunos casos.
La mayoría de estas figuras se han encontrado en los cementerios, lo que ha dado lugar a interpretaciones en relación con el mundo funerario, especialmente como amuletos para los difuntos (probablemente las más pequeñas), o como indicadoras del lugar del enterramiento, a modo de estela, si bien es cierto que también han aparecido otras figuras en distintas aldeas.
Sus orígenes no están claros. Resulta evidente la influencia de culturas cercanas como las de Anatolia






o incluso de otras zonas del sur de Europa como de la desembocadura del Danubio con una antiguedad de unos 8.000 años






incluso de la zona de Magnesia al norte de Grecia





Parece que surgieron en la última etapa del Cicládico Antiguo I en una forma esquemática, mientras que las figuras más naturalistas no aparecerían hasta el tercer estadio de este período. Siguiendo las directrices de Renfrew (1972), puede admitirse que existen varias corrientes en la evolución de estas figurillas. El citado autor considera que las más antiguas surgieron en la cultura de Grotta-Pelos (Cicládico Antiguo I 3), y son muy esquemáticas, lo que impide identificar el sexo de las estatuillas. Entre ellas pueden diferenciarse tres tipologías:

El llamado tipo de Plastiras,








 en el que los rasgos faciales se encuentran muy marcados. Este tipo parece un desarrollo de las figuras sentadas neolíticas.
El segundo modelo es el llamado tipo de Louros, 







cuya principal característica es la de mantener los brazos estirados horizontalmente. Según Getz-Preziosi (1985), este modelo es un desarrollo del de forma de violín, pero para Renfrew (1972) es más bien un derivado del tipo neolítico de Dímini corriente en el Neolítico Reciente de Tesalia. Estos dos tipos citados son los únicos en los que se representan los rasgos faciales, a excepción de la nariz que, salvo el tipo de forma de violín, se señala en todas las figuras. El género de las figurillas de Louros no suele señalarse, mientras que las de Plastiras son manifiestamente figuras femeninas.
El modelo más conocido de este estadio cultural es el llamado de "forma de violín", o de “caja de violín”, representación de figuras muy esquemáticas con un cuerpo, un largo cuello sin cabeza, y los brazos apenas esbozados. En esta estructura general, de naturaleza abstracta, se incluyen, sin embargo, algunos detalles tales como la incisión de órganos genitales y collares. Su origen se ha interpretado frecuentemente como una abstracción del tipo sentado del Neolítico, antecedente también de las figuras de Plastiras. Para algunos autores, esta serie responde a un criterio abstracto de representación que se reduce el cuerpo femenino a un estructura geometrizada de cuello largo, un prototipo que ya había estado presente en el Neolítico griego; no son otra cosa que el desarrollo armonizado de aquellas piedras de forma oval y eliptica que habían estado bien presentes en las necrópolis del Eneolítico, de probable significado betílico y con carácter marcadamente anicónico (Arias, 1967: 15). Generalmente los ídolos “de violín” son de pequeñas dimensiones, a diferencia de otras tipologías.





Durante la etapa final del Cicládico Antiguo II y el Cicládico Antiguo III, el modelo más representativo es el que, a partir de Renfrew, se conoce como folded-armed figurines (FAF), “figuras de brazos cruzados”, así llamadas, precisamente, por mantener todas ellas los brazos cruzados en ángulo recto sobre el vientre, dispuestos uno encima del otro, en posición de abrazo. El esquematismo de las figuras se mantiene, aunque el escultor muestra un especial interés por señalar los caracteres sexuales, los senos y el triángulo púbico, a partir del cual se traza una línea gruesa hacia abajo que marca la separación de las piernas, aunque hay muchas variantes.
Las cabezas suelen ser ovales y alargadas, y en muchos casos aparecen inclinadas hacia atrás, y sólo se señala en ellas el caballete de la nariz, larga y arqueada. 





La longitud del cuello no es exagerada; los hombros suelen ser muy anchos, las caderas estrechas y las piernas, en ocasiones, muestran una ligera flexión de las rodillas. En las variedades de Kapsala y Khaliandri, los pies están inclinados, lo que sugiere una posición tumbada. Los dedos de pies y manos están indicados por medio de incisiones. Como se ha señalado, los brazos están cruzados, en bajorrelieve sobre el vientre, y en algunos ejemplares están sugeridos mediante leves trazos o esbozos de muñones incisos. La única parte del cuerpo femenino que normalmente fue objeto de modelado son los senos, no muy grandes, pero bien destacados en el conjunto corporal.
Las incisiones sirven también para señalar los repliegues carnosos del cuello, la ingle, la rodilla, o el tobillo. Los órganos sexuales pueden representarse mediante la habitual imagen del triángulo dividido, aunque ocasionalmente se omiten. El dorso de las figuras, al igual que en los modelos anteriores, es muy simple. Es posible que tuvieran algún tipo de decoración, ya que se han encontrado en ellas restos de pigmentos rojos y azules. Esta decoración dejaría vislumbrar diademas, collares, pintura facial y otros aditamentos que servirían, sin duda, como complemento icónico. Aunque, como decimos, la orientación general es muy esquemática, la atención que el escultor presta a los rasgos distintivos de la figura femenina, destacando no sólo los senos y el pubis, sino también el esbelto talle femenino por medio de hombros anchos y caderas estrechas, hace que estos ídolos sean llamados también de “tipo realista”, en comparación con los primeros modelos.
Veamos la descripción en detalle una de las consideradas obras maestras del arte cicládico, por parte de un experto:





Magníficamente esculpida en mármol blanco fino con inclusiones grises, esta estatuilla ha sobrevivido en perfectas condiciones. Afortunadamente, la superficie nunca ha sido limpia-da en exceso, sigue mostrando una fina capa de incrustación calcárea, típica del mármol de las Cícladas. La cabeza se ha tallado en forma de lira en ángulo hacia atrás, nariz aguileña y alargada junto a una prominente barbilla puntiaguda. La corona de la cabeza la tiene arqueada con una cresta en forma de media luna en la parte posterior, el cuello se estrecha y se une al cuerpo mediante una incisión curvada en la parte delantera, las líneas diagonales en la parte posterior se fusionan con la columna vertebral. Hombros anchos ligeramente arqueados, pequeños pechos puntiagudos, los brazos estrechos y doblados, reposan suavemente sobre el abdomen hinchado, los codos angulares sobresalen del cuerpo, el izquierdo está tallado en el mismo nivel que el derecho para conseguir así un efecto simétrico. El abdomen se representa hinchado indicando embarazo, el gran triángulo púbico, realizado mediante una marcada incisión, denota la función de “dar la vida” del ídolo. Piernas largas juntas pero arqueadas dejando un espacio entre los muslos, las rodillas sangradas y perfiladas por incisión, los tobillos están marcados de manera similar y los pies en ángulo hacia abajo, con las suelas cóncavas y los dedos de los pies delineados.
Esta descripción tan exacta hace referencia a un ídolo cicládico. Solamente a uno, considerado uno de los tipos escultóricos más emblemáticos que nos ha llegado de la antigüedad: una figura femenina, de la Edad del Bronce, del maestro de Schuster. Es la única creación del enigmático escultor que se conserva completa. Una indiscutible obra maestra.

Esta descripción tan exacta hace referencia a un ídolo cicládico. Solamente a uno, considerado uno de los tipos escultóricos más emblemáticos que nos ha llegado de la antigüedad: una figura femenina, de la Edad del Bronce, del maestro de Schuster. Es la única creación del enigmático escultor que se conserva completa. Una indiscutible obra maestra. Hasta el momento sólo doce esculturas han sido reconocidas como obra de un solo artista, conocido con el sobrenombre del Maestro de Schuster, activo hacia el 2400 a.C. La mayoría de sus figuras representan a una mujer embarazada. Su estilo combina rasgos de dos escuelas principales de la escultura de las Cícladas, hoy conocidas como la variedad tardía Spedos y la variedad Dokathismata. El citado Maestro de Schuster, apelativo que toma por el apellido de uno de los primeros dueños, Madame Marion Schuster de Lausanne.
Todo museo y coleccionista particular anhela poseer una de estas esculturas formativas, genuinas obras de arte con un singular refinamiento artístico y técnico. Esta admiración, unido a su escasez y a la dificultad de encontrar ídolos completos (suelen aparecer muchas veces, cabezas, torsos, piernas y pies sueltos), explica que su valor sea de los más elevados en el mercado de la arqueología.
El récord mundial lo tiene Christie’s, cuando en diciembre del 2010, vendió por casi 13 millones de euros (el triple de su estimación) la pieza anteriormente descrita. Se trataba de una obra emblemática, pues era el ídolo que daba nombre al maestro. 
Otro remate interesante, 950.000 euros, lo logró Sotheby’s Nueva York, en junio de 2008 con una figura masculina cicládica de 29,2 centímetros de altura. Seis meses después, vendieron un ídolo femenino de 47 cm por más de 700.000 euros. En las subastas la mayoría de ídolos cicládicos se rematan entre 30.000 y 300.000 euros. Se pueden adquirir fragmentos, cabezas u otras partes del cuerpo a otros precios, pero las cabezas siempre son las más valoradas. Una de ellas, perfecta, elegante, intacta, del tipo Spedos, de 14,5 centímetros de altura, se adjudicó en Christie’s hace una década por 150.000 euros, casi triplicando su precio de salida. Y un torso femenino de diez centímetros de altura encontró comprador en Sotheby’s Londres por 12.000 euros.

Por su belleza atemporal, además, no es raro que cautiven a los amantes del arte contemporáneo.


Desde el punto de vista estilístico, las estatuas de las Cícladas contribuyeron   poderosamente   a   liberar   la representación de la figura humana de los esquemas de la abstracción prehistórica, sin vía aparente de salida. Así, por ejemplo, en la estructura geométrica de los citados músicos comienza a aparecer de lleno una capacidad arquitectónica y estructural,   una   conquista   del   espacio   que   resulta absolutamente novedosa e inusitada.
Algunos autores han señalado que el auténtico valor religioso de estos ídolos se nos escapa (Vermeule, 1971: 75), y sin embargo, la interpretación tradicional ha convertido a estas figuras en representaciones de la divinidad femenina mediterránea. Otras opiniones sostienen que pudiera tratarse de representaciones de ninfas y héroes, y también se ha querido ver en ellas a la divinidad dadora de la vida, ya que la posición de los brazos sobre el vientre, o el abultamiento manifiesto de éste, sugiere dicha idea. Para algunos estudiosos, la acentuación de los detalles sexuales podría aludir simbólicamente a la muerte, es decir, al retorno al seno de la Tierra Madre, en analogía con ciertas divinidades femeninas anatólicas, halladas en Çatal Huyuk (Arias, p.15). 





Sea como fuere, la esquemática belleza de estos ídolos hizo que ya en su época fueran muy apreciados, por lo que se han encontrado numerosos de ellos en territorios exteriores a las Cícladas, especialmente en las tumbas de Creta, donde se sabe de la existencia de una industria que imita estos ídolos, que quizá pudieron haber servido como amuletos de protección en el tránsito al más allá.

El misterioso arte de las islas Cicladas.



Durante los últimos años del XIX el interés por estas figurillas fue en aumento y en paralelo creció el saqueo de los yacimientos, causando un daño irreparable no sólo a las comunidades locales sino al propio entendimiento del arte cicládico.
En Europa, la fascinación por estas figurillas alcanzó su cénit en la época de las vanguardias artísticas, que proporcionaron algunos de sus más fervientes admiradores: Picasso, Brancusi, Modigliani, Henry Moore o Giacometti se entusiasmaron por la fuerza calmada de sus formas y por el misterio que las rodeaba. Las admiraban profundamente, pero poco sabían de la cultura que las había creado.





Hoy sabemos un poco más. Que se produjeron a finales de la Edad de Bronce, entre el año 3.000 y el 2.200 a.C., y que durante ese tiempo experimentaron, como el arte griego posterior, una evolución lenta, pero constante. Que formaban parte del ajuar funerario de los difuntos, aunque no pueda afirmarse si habían sido valiosas propiedades de los enterrados o si se producían ad hoc para acompañarlos en su descanso eterno.
Que la mayoría de las figuras representen a mujeres y que muchas de ellas aparezcan embarazadas parece sugerir que tenían una función similar a las esculturas neolíticas –las diosas madre– que rendían culto a la fertilidad. Que muchas de estas obras se hayan encontrado en ajuares funerarios podría sugerir algún tipo de creencia relacionada con el más allá. Reafirmar la vitalidad de la vida podría ser también el objetivo simbólico de los tipos masculinos propios de la última etapa del arte cicládico: el flautista, el arpista, el servidor de vino, el cazador o guerrero.
Los europeos del cambio de siglo admiraron estas figurillas, en fin, igual que admiraron otras, neolíticas o africanas, porque eran testigos de un tiempo remoto y más puro, libre de las estrictas normas de la civilización moderna.
Pero los últimos estudios dibujan un escenario muy distinto. La producción cicládica de esculturas no sólo respondía a una fórmula estandarizada, que los escultores conocían de memoria, sino a un extraordinario refinamiento en el diseño que alcanzaba la armonía a través del cálculo y la proporción, exactamente igual que el arte griego clásico.








Los ídolos cicládicos –ídolos en el sentido griego del término, eidolon, es decir, imagen– eran sofisticados y hacían gala de un primitivo antropometrismo como el que un par de milenios después sustentará el arte de Atenas o Corinto. El arte cicládico puede ser un ejemplo tardío de cultos remotos que se hunden en la Prehistoria, pero es también una piedra en el camino que llevó al Doríforo y al Partenón.
El referido “misterio” de las figuras nace de su carencia de detalles, de su increíble sencillez, pero este “minimalismo” (dicho sea con toda la precaución) pudo tener motivos más pragmáticos que filosóficos. Los escultores de las Cícladas produjeron, en todas las épocas de su desarrollo, dos líneas de productos: una era más naturalista e intentaba reflejar con precisión los rasgos del cuerpo; la otra era más sencilla y los reducía a la mínima expresión (con un talento exquisito), hasta el punto de reducir los brazos a un par de incisiones sobre el pecho o dejar el rostro reducido a su forma (que luego, no obstante, se pintaba). 





Hoy son estas últimas las que más nos llaman la atención y las que más convencidamente llamamos “modernas”, pero bien pudieron ser el intento de los escultores cicládicos de reducir costes de producción, simplificar el proceso de fabricación y llegar a mercados más amplios, dejando los tipos más naturalistas como versión avanzada para clientes más adinerados. No hay que olvidar que en las Cícladas, como en la mayor parte de las islas griegas, la agricultura estaba geográficamente negada, y fueron la industria y el comercio los motores de la economía.
El avance del conocimiento no tiene que desmitificar estas fantásticas creaciones. Su valor reside en su belleza y en el talento que fue necesario para diseñarlas, más allá de que su sencillez respondiera a creencias y rituales perdidos o a la búsqueda del beneficio empresarial. Lo verdaderamente importante es que estos productos milenarios, nacidos de talleres desconocidos y por motivos que sólo empezamos a imaginar, siguen disponibles en nuestros museos, y siguen maravillándonos cuatro mil años después.
Como siempre espero que os haya sido útil e interesante.