dimecres, 28 de gener de 2009

5 TEXTOS LITERARIOS Y III





INTRODUCCION SINFONICA



Gustavo Adolfo Bécquer

Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, duermen por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, esperando en el silencio que el Arte los vista de la palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mundo.

Fecunda, como el leche de amor de la Miseria, y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi Musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándolo de creaciones sin número, a las cuales ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma.

Y aquí, dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse y vivir con una vida obscura y extraña, semejante a la de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación, dentro de las entrañas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse, al beso del sol, en flores y frutos.

Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueño de la medianoche, que a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones, y ante esta idea terrible, se subleva en ellos el instinto de la vida, y agitándose en terrible, aunque silencioso tumulto, buscan en tropel por dónde salir a la luz de las tinieblas en que viven. Pero ¡ay!, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo, que sólo puede salvar la palabra, y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar sus esfuerzos. Mudos, sombríos e impotentes, después de la inútil lucha vuelven a caer en los surcos de las sendas, si cae el viento, las hojas amarillas que levantó el remolino.

Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginación explican algunas de mis fiebres; ellas son la causa, desconocida para la ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y así, aunque mal, vengo viviendo hasta aquí, paseando por entre la indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. Así vengo viviendo; pero todas las cosas tienen un término, y a éstas hay que ponerles punto.

El Insomnio y la Fantasía siguen procreando en monstruoso maridaje. Sus creaciones, apretadas ya como las raquíticas plantas de vivero, pugnan por dilatar su fantástica existencia, disputándose los átomos de la memoria como el escaso jugo de una tierra estéril. Necesario es abrir paso a las aguas más profundas, que acabarán por romper el dique, diariamente aumentadas por un manantial vivo.




¡Andad, pues; andad y vivid con la única vida que puedo daros! Mi inteligencia os nutrirá lo suficiente para que seáis palpables. Os vestirá aunque sea de harapos, lo bastante para que no avergüence vuestra desnudez. Yo quisiera forjar para cada uno de vosotros una maravillosa estrofa tejida de frases exquisitas, en la que os pudierais envolver con orgullo, como en un manto de púrpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros, como se cincela el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. ¡Mas es imposible!

No obstante, necesito descansar; necesito, del mismo modo que se sangra el cuerpo por cuyas hinchadas venas se precipita la sangre con pletórico empuje, desahogar el cuerpo, insuficiente a contener tantos absurdos.

Quedad, pues consignados aquí, como la estela nebulosa que señala el paso de un desconocido cometa; como los átomos dispersos de un mundo en embrión que aventa por el aire la muerte antes que su Creador haya podido pronunciar el Fiat Lux que separa la claridad de las sombras.



No quiero que en mis noches sin sueño volváis a pasar por delante de mis ojos, en extravagante procesión, pidiéndome con gestos y contorsiones que os saque a la vida de la realidad, del limbo en que vivís semejantes a fantasmas sin consistencia. No quiero que al romperse esta arpa vieja y cascada ya se pierdan, a la vez que el instrumento, las ignoradas notas que contenía. Deseo ocuparme un poco del mundo que me rodea, pudiendo, una vez vacío, apartar los ojos de este mundo que llevo dentro de la cabeza. El sentido común, que es la barrera de los sueños, comienza a flaquear, y las gentes de diversos campos se mezclan y se confunden. Me cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y cuáles me han sucedido; mis afectos se reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales; mi memoria clasifica revueltos nombres y fechas de mujeres y días que no han existido sino en mi mente. Preciso es acabar arrojándoos de la cabeza de una vez para siempre.

Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la Muerte, sin que vengáis a ser mi pesadilla, maldiciéndome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id, pues, al mundo, a cuyo contacto fuisteis y quedad en él como el eco que encontraron en un alma que pasó por la tierra sus alegrías y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas.

Tal vez muy pronto tendré que hacer la maleta para el gran viaje; de una hora a otra puede desligarse el espíritu de la materia para remontarse a regiones más puras. No quiero, cuando esto suceda, llevar conmigo, como el abigarrado equipaje de un saltimbanqui, el tesoro de oropeles y guiñapos que ha ido acumulando la fantasía en los desvanes del cerebro.





UN UNIVERSO SIN ORGANIZACIÓN
Michael Moorcock (traducción y adaptación libre, por Terraxaman)

De nuevo me encuentro en la frontera entre los mundos.
Sueño y vigilia, realidad e imaginación se extienden inmensos ante mí, infinitos e iguales. Ambos me atraen poderosamente con sus coloreados hechizos, con sus múltiples y rutilantes anuncios de neón, con las iridiscentes posibilidades de sus laberínticos diseños, por los fértiles, alegres, temibles, solitarios caminos que se abren incesantemente a mi albedrío.
Aquella era una noche como cualquier otra. Mi habitual ceremonia de despedida del día, me había conducido al lugar desde el que ya no es posible volver atrás. Aquel terrible promontorio desde el que se divisan las tinieblas, la locura y extraños deberes que los otros no pueden comprender.
Sentí como si el espacio de la habitación se alejase de improviso de mí en todas las direcciones, el universo entero se expandía a mí alrededor, como un desordenado tumulto de fuerzas y energías, sin dirección, sin sentido.
Mi mente, educada en el racionalismo cartesiano, no podía admitir el inconcebible espectáculo que se desarrollaba frente a mí. ¡No!, no podía admitirlo y sin embargo, sin poder evitarlo, fui obligado a adentrarme más y más, en aquella masa trepidante, mientras en mi interior, las opuestas fuerzas de atracción y pavor iniciaban una violenta y desgarradora guerra. Intentaba con todas mis fuerzas, de huir de un conocimiento que no me atrevía a asumir.





Instantes después, no podía esconderme de lo que estaba viviendo, experimentando y percibiendo. Sin transición, tan solo observando atentamente aquella convulsa masa, aquel danzante caos, me permitió intuir entre los erráticos arabescos tridimensionales, una especie de imposible diseño oculto, como una inconcebible geometría orgánica y no euclidiana que imprimía un peculiar y cambiante desorden. Fue como un fogonazo repentino que iluminase desde dentro al universo entero y en ese instante infinitesimal y al mismo tiempo eterno, pude comprenderlo todo.
Repasaba después los diversos aspectos de aquella extraña danza palpitante y recordé que en ella el tiempo no tenía ningún orden. No era como pensaba, un flujo continuo. No avanzaba en ninguna dirección, no iba de atrás hacia delante, tampoco hacia atrás, no giraba en círculos, pero no se mantenía quieto.
La imagen que quedó en mi memoria de aquel universo no tenía lógica, tampoco tenía un propósito, ni principio ni fin…existía tan sólo como una anárquica masa de gases, sólidos, líquidos, formando aquí y allá, algunos contornos accidentales y fragmentarios, inconclusos.
En determinados lugares del conjunto, parecía como si esos perfiles estuvieran a punto de conformar un perfil reconocible, identificable, una imagen caleidoscópica, con sus leyes, sus direcciones, en fin, su sentido.
Pero cuando parecía que iba a poder captar la lógica del detalle, un nuevo movimiento descubría la verdad intrínseca de la realidad de aquel universo, en el que no había sino un caos, un estado de flujo permanente. Era ese fluir en permanente cambio, la única cosa constante que en él pude descubrir.



El tiempo y el espacio no se formaban de acuerdo a unas determinadas leyes físicas, matemáticas o musicales. El universo que se abría ante mi asombrada percepción, el mundo en que vivía, o cualquier otro mundo que imaginar pudiera, en realidad podía desintegrarse con todos sus elementos en cualquier momento, o podía haber aparecido en el instante inmediatamente anterior, incluyendo los recuerdos de todos.
Caos, flujo, muerte eterna. No había allí solución a ningún problema, respuesta alguna para nadie, ninguna verdad, ninguna luz. Ni siquiera la más absoluta obscuridad.
En esos momentos, recuerdo me invadió un terror inexpresable. Desde lo más profundo de mi ser surgió un silencioso grito que se expandió en todas las direcciones. El horror más gélido se asentó en mi corazón… Y mientras más crecía mi terror, mayores eran mi desconcierto, mi desesperación y mi angustia, pronto me hallé en el ojo de un aullante huracán de demencia. No obstante, una fuerza misteriosa me empujaba más allá, más allá, más adentro, más adentro…
El universo sin forma, empezó a desvanecerse a mí alrededor… La materia se desintegraba, desaparecía. Incluso aquello a lo que podía identificar como mi propio cuerpo se disolvió.
En el siguiente instante era como una consciencia pura flotando en el vacío…
Poco a poco, comenzaron a desdibujarse mis sentimientos y pensamientos, mi propia identidad, incluso la sensación de movimiento constante y perpetuo desapareció. De pronto me asaltó el convencimiento de que había muerto…Nada podía sentir, oír, ver o saber…Flotando en el vacío, tan sólo una consciencia pura… No pensaba, no había ningún órgano con el que pensar; no tenía nombre, ni recuerdos, ni cualidades, ni atributos, me limitaba a estar allí, a permanecer allí, consciencia pura…
Igual que la nada…
No había tiempo de ningún tipo, una milésima de segundo duraba exactamente lo mismo que un billón de eras…
No había espacio, arriba, abajo, cerca, lejos no expresaban absolutamente nada.
Después, cuando recordaba aquella experiencia, fui incapaz de saber el tiempo que permanecí en aquel paréntesis de vacío, de vacío absoluto sin matizaciones. Tan sólo pude percibir algo cuando empezó a surgir… Inicialmente era un sentimiento impreciso, algo nebuloso. Más adelante se fueron añadiendo otras cualidades y reapareció el movimiento.
La caótica materia se fue haciendo perceptible…partículas desorganizadas, energías en flujo y líneas ondulantes, vibraciones. De tanto en tanto percibía breves manifestaciones de fugaces aglomeraciones de caos. Sin saber bien porque, enfoque algo a lo que llamaré mi inteligencia en una de aquellas aglomeraciones de partículas y descubrí asombrado que bajo el impacto de mi voluntad ¡se movió!.
En mi mente se formó una imagen, casualmente fue la de una mujer y la ordené en medio de aquel caos sin forma… Instantáneamente, de entre el oscuro y caótico fluido, encendida por desordenados fogonazos de luz, surgió una mujer de entre la caótica materia. Se movió, me miró y me dirigió una dulce sonrisa.




No había dudas. No era sólo una imagen mental, sino que estaba viva, tangible, sensible, perfecta. No se porqué, pero perdí la concentración y dejé escapar aquella imagen que lentamente se desvaneció y fue sustituida por el caos de partículas y energías de antes. Aún por unos instantes, una especie de nube se mantuvo unida, pero después se disolvió con suavidad.
Había descubierto el poder inherente a la condición humana y con ello un gozo inexpresable. ¡Podía hacer cualquier cosa!. Me pasé eras enteras experimentando, creando todo lo que se me ocurrió. En una ocasión creé un universo entero, con sus mundos y civilizaciones que vivían en armonía, colaborando en la construcción de un Paraíso…
Sabía que todas las intenciones, todos los pensamientos por imprecisos o grandiosos que fueran se traducían en la realidad hasta en sus menores detalles.
Después surgió mi nombre en mi propia consciencia, acompañado del pensamiento de: eso soy yo.
La materia se congregó lentamente a mí alrededor. Pronto tuve de nuevo un cuerpo y un conjunto de recuerdos…
¡Volvía a haber tiempo! ¡Volvía a haber espacio!
Pero ahora ya podía aceptar un universo sin organización.